Antes de su nueva visita al país, habla del futuro –o no– de las canciones de protesta
1 minuto de lectura'
Hace cuarenta años, en 1974, Joan Báez editaba un álbum en español titulado Gracias a la vida, con composiciones de Víctor Jara, Violeta Parra y otros cantantes de protesta latinos. El siguiente paso era visitar esta parte del continente, que ya vislumbraba las sangrientas dictaduras que signarían la década. Y así pasó por Buenos Aires y llenó dos veces el Luna Park, con su venerada Mercedes Sosa como invitada.
Para esa altura, Báez ya era sinónimo de coherencia, compromiso y militancia por la no violencia y los derechos humanos. Ya había tocado en Woodstock. Ya había cantado el himno folk "We Shall Overcome" en innumerables rallies contra la Guerra de Vietnam. Dos años antes había visitado Hanoi en Navidad para llevar cartas y regalos a los soldados estadounidenses, experimentando en carne propia uno de los peores bombardeos de todo el conflicto. También le había legado al mundo a Bob Dylan, ignoto trovador al que presentó en sociedad en 1963 y dejó tras dos años de romance, ya convertido en un mito viviente del rock. De ahí que su estadía en Argentina no pasara inadvertida para los ideólogos del golpe de Estado en ciernes.
Siete años más tarde, Joan volvió. Y la bienvenida no fue nada grata: en su hotel se descubrió, afortunadamente a tiempo, una bomba a punto de explotar. Así de amenazante era para el establishment esta cantautora que el 6 y 7 de marzo regresa para presentarse en el Gran Rex, por primera vez en paz.
-¿Qué recordás de aquella primera visita a Argentina?
-Recuerdo un momento en el que Mercedes salió al escenario a defenderme cuando los estudiantes estaban furiosos porque les dije que no debían usar la violencia, y no querían escucharlo. Salió del backstage y les dijo que no tenían derecho a ser maleducados, y los forzó a cantar "No nos moverán". Y les gritaba [en español]: "¡Más fuerte!".
-Siempre admiraste mucho a Mercedes...
-Lo tenía todo. Tomó riesgos, tenía una voz brillante, tenía la potencia de una turbina... Era una fuerza enorme. Una vez estábamos cantando en Alemania, y noté que cuando hacíamos el dúo, cada una de las personas de la audiencia estaba mirándola a ella. Su carisma y poder eran abrumadores. Y además, como estaba comprometida con la bondad en el mundo, puso su vida en peligro.
-Sabiendo que el capitalismo tiende a transformar cualquier lema político en un eslogan, ¿tienen sentido hoy las canciones de protesta?
-Cantar "We Shall Overcome" en un entorno en el que no tiene más sentido que el de la nostalgia...eso es lo que evito. Pero no capto esa sensación hasta que llego al lugar. El problema hoy es que falta el sentimiento de que estamos todos juntos, como sí nos sentíamos entonces. Incluso el intento de escribir un himno es imposible. Todos los que teníamos siguen vigentes hoy, nadie ha escrito nada que reemplace a los de los 60. Y no es que tengamos que esperar a que suceda, porque si sucede, sale de la nada.
-Varias veces tuviste problemas con la autoridad. ¿En qué momento te asustaste más? -
Los que vivimos en un país como el mío somos demasiado estúpidos para asustarnos de verdad. Cuando estuve en Argentina, fui a caminar con las Madres de Plaza de Mayo, y vino Pérez Esquivel corriendo a nuestras oficinas y dijo: "Por favor, no lo hagas". Yo pregunté qué pasaba, y respondió: "Di vuelta a la esquina y había un tipo que se abrió el saco y tenía un arma, y me dijo que me asegurara de que Joan no camine con las Madres". Yo no sabía qué era estar asustada en ese punto, pero él sí.
-Conociste a Bob Dylan cuando no era famoso y estuviste con él hasta que se volvió una estrella. ¿Cómo viviste ese cambio suyo?
-Yo siempre me estaba quejando de eso. Se lo presenté al mundo y me alegra haberlo hecho, pero alguien más lo habría hecho si no hubiera sido yo. El tiene lo que llamamos "libertad del artista": Vive donde quiere. [Lo imita.] "Yo no pienso demasiado en nadie", dice. Y yo respeto eso. Cualquiera que tenga la creatividad que él tiene puede vivir como quiera.
-¿Seguís en contacto con él?
-No, ya no. Igualmente eso es bueno, eh.
-¿Qué sentiste cuando escuchaste la versión de Judas Priest de "Diamonds and Rust"?
-Me descostillé de risa. Me encantó. A mí no me gustan los hits; mis canciones no son conocidas como pueden ser las de John Lennon, Paul Simon, Kris Kristofferson o Bob Dylan, que pueden cantar sus temas por dos horas y la gente conoce la mayoría. Yo no tengo esa habilidad, nunca escribí ese tipo de canciones, excepto "Diamonds and Rust".
-¿Cómo te llevás con la tecnología?
-Bien. Mi asistente y mi hijo, y ahora mi nieta, me pueden ayudar si tengo algún problema, pero mando mis mails y saco muchas fotos con el iPhone. Lo que sí creo que estamos perdiendo es la habilidad para comunicarnos. Con unos chicos que viven cerca fuimos al arroyo y, ni bien llegamos, me dijeron: "Dame mi teléfono, quiero sacar una foto". Y yo les contesté: "Andá, disfrutá del arroyo, olvidate del teléfono ahora". Y parecía que les hubiera pegado en la cabeza con algo.
Por Diego Mancusi
1Matteo Bocelli: cómo prepara su debut en la Argentina, por qué canta en español y el consejo de su padre famoso
2El thriller alemán de seis episodios que está en Netflix y se convirtió en un fenómeno global
3Cuándo es la final de MasterChef Celebrity
- 4
Adiós al maestro de música: a los 85 años, murió José van Dam






