
1920-2001
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Se ha ido una de las grandes figuras de la música popular del último siglo. John Lee Hooker había nacido en Vance, cerca de Clarksdale, Mississippi, hace casi 81 años, el 22 de agosto de 1920. A lo largo de más de 60 años de tocar ininterrumpidamente, se transformó en una auténtica leyenda y una influencia fundamental sobre el blues que se toca hoy en todo el mundo.
Hooker pertenecía a una familia agraria típica del sur de los Estados Unidos. Desde chico, mamó la tradición del blues del Delta y también del gospel, ya que su padre era predicador y su madre también desempeñaba una labor muy activa en la iglesia. Pero el blues fue su pasión. Su padrastro, Will Moore, fue su primer maestro en la guitarra, pero también visitaban la casa de Hooker maestros del blues del Delta, como Blind Lemon Jefferson, Blind Blake y Charlie Patton.
Dado que sus padres biológicos se oponían a que se dedicara al blues, Hooker agarró su guitarra y, a los 14, dejó el hogar y se lanzó al camino. Su primera parada fue una pensión de Memphis, ciudad donde conoció a b. b. King y a Bobbie Bland, con quienes tocó en fiestas caseras, en los llamados juke joints de la parte oeste de Memphis. Al mismo tiempo, para redondear su pitanza, John Lee Hooker trabajaba como acomodador en un cine.
En la época de la ii Guerra Mundial, se fue a trabajar a Detroit en busca de mejores posibilidades para su música. "Mi padrastro solía llamar a esta música country boogie" –recordó alguna vez– "pero cuando empecé a tocar, yo la llamé simplemente boogie." En 1948, Hooker se alió con el empresario Bernie Besman, quien lo ayudó a grabar sus primeras canciones en el sello Modern. Eran "Sally Mae" y un lado b llamado a ser histórico: "Boogie Chillen", que le dio a John su primer hit. Al año siguiente, Hooker tendría otros tres sucesos en Modern, incluyendo "Hobo Blues", "Hoogie Boogie" y "Crawling King Snake" (el mismo título que poco después los Doors en la Woman).
A partir de allí, John Lee Hooker trabajó para una gran cantidad de sellos discográficos, incluyendo a King, Regent, Savoy, Specialty, King, Chess, Vee-Jay y abc-Bluesway (a veces con su propio nombre y otras bajo una gran variedad de pintorescos seudónimos, como Texas Slim, Delta John, The Boogie Man y Little Pork Chops) y su repertorio se fue poblando de clásicos, como "Time Is Marching", "Dimples", "Boom Boom", "Serves Me Right" y "One Scotch, One Bourbon, One Beer", entre otros.
Para John Lee Hooker, el blues era una extensión de los spirituals. Siempre les atribuyó a sus temas y actuaciones un elemento espiritual. "Es como un espíritu que viene del Cielo o de alguna parte, me agarra y se mete en mi interior y luego yo se lo devuelvo a la gente. La letra de las canciones está en mi mente. No necesito escribirlas en un papel. Salen de mi corazón y de mi cabeza."
Hooker no tardó en hacerse fama por su voz profunda y reflexiva, por el ritmo peculiar de su boogie-blusero y también por el inusual sino analítico de sus letras. "Trato de escribir temas acerca de gente y de cosas familiares, que hacen que mi público se sienta identificado con ellas cuando las escucha. Les hace acordar de cosas que han hecho o que les han pasado." Sus temas pueden dividirse en dos grandes grupos: los boogies furiosos y primitivos, de ritmo sostenido; y los blues lentos, esos en que la atmósfera amenazante es tan densa que puede cortarse con el proverbial cuchillo.
Con el redescubrimiento del blues en los años 60, John Lee Hooker se transformó en un héroe del creciente movimiento de blues blanco inglés. Los Yardbirds con Eric Clapton, los Animals de Eric Burdon y el Spencer Davis Group –donde hizo sus primeras armas un muy joven Stevie Winwood– grabaron varios standards del repertorio de Hooker, como "Boom Boom", "Louise," y "Dimples". En los Estados Unidos hicieron lo propio bandas como Canned Heat, con la que Hooker, en 1970, registró un álbum en colaboración: Hooker’n’Heat. Paradójicamente, el público argentino de aquellos días conoció masivamente el nombre de John Lee Hooker a través del cantante Johnny Rivers, quien escribió una extensa canción de homenaje que tenía al nombre del bluesman como título y que formó parte de dos álbumes muy exitosos por estas latitudes: Live at the Whisky A-Go-Go y Live Boogie in Paris.
A excepción de otros bluesmen, cuyas carreras conocieron altibajos notorios, la actividad de John Lee Hooker en las últimas décadas se mantuvo constante. Con la ayuda experta del productor y gran guitarrista slide Roy Rogers, Hooker grabó The Healer, álbum donde participaron músicos invitados como Carlos Santana, Bonnie Raitt, George Thorogood y Robert Cray; un larga duración que atrajo en 1989 toda una nueva audiencia a la música de Hooker, además de llevarlo a conquistar un premio Grammy. Dos años más tarde, ya en el sello Pointblank, Hooker realizó Mr. Lucky, esta vez con el aporte de Albert Collins, John Hammond, Van Morrison y el mismísimo Keith Richards. En todo estos años, la figura de este nativo del Mississippi, entre bluseros y rockeros por igual, fue en constante aumento, hasta erigirse en símbolo por excelencia del género de blues.
Con la desaparición de John Lee Hooker, el blues pierde a uno de sus máximos referentes. Uno que integra la primera línea, junto a Muddy Waters, Elmore James, Robert Johnson y Howlin’ Wolf. Un grande de verdad.





