John Lydon, un ser mitológico que dejó una estela musical difícil de olvidar pasó por la Argentina
Con su banda PIL, el creador del punk y del postpunk hizo un show de casi dos horas en el que recorrió sus canciones más conocidas
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La caravana de Public Image Ltd (PIL) con John Lydon en las riendas pasó por el Art Media y dejó las cabezas de los 3000 asistentes reducidas a polvo. Un polvo inspiracional difícil de disipar. El legendario cantante creador del punk primero, con los Sex Pistols, y del postpunk inmediatamente después, con PIL, predicó su palabra durante casi dos horas de show sin condescendencias ni especulaciones para la industria pop. Compartió su peculiar religión con el público que entendió el lapsus que se estaba viviendo ahí adentro, en el venue de Chacarita.
Las interpretaciones largas, con piscas de derivas improvisadas, subidas, bajadas, risas y mucha declamación podría sintetizarse en un mensaje: “Anger is an energy” (el enojo es la energía), frase acuñada por Lydon que define la ira no como violencia, sino como una fuerza creativa y motora imparable para el cambio positivo, la autoexpresión y la superación personal.
La noche comenzó con “Home” en una versión irreconocible, potente, que cerró su triste letra con esa frase: “De la lujuria al polvo, todo es justo en la guerra, hogar dulce hogar”. Siguieron “Know Now”, “Corporate” y “World Destruction” con un público que inicialmente parecía algo reservado.
La bailable “This Is Not a Love Song” comenzó a soltar las riendas tanto arriba del escenario como abajo. La secuencia con “Poptones” y la emocionante “Death Disco”, dedicada a amigos y familiares fallecidos, demostró la profundidad y versatilidad del repertorio de la banda, mientras que “Flowers of Romance” adquirió una textura única con el guitarrista (Lu Edmonds) usando un arco de violín en el baglamá, el instrumento que alterna con la guitarra eléctrica.
Lo primero que dijo Lydon cuando tomó el micrófono fue señalar que “amaba” a la banda que les abrió el show. Se trata de FEA, el grupo que lidera la actriz Sofía Gala Castiglione que en poco tiempo de existencia muestra una propuesta performática y musical para tomarse seriamente.
Lydon podría caracterizarse como un ser mitológico. A sus 70 años parece un gnomo resucitado en vida después de sufrir grandes pérdidas, solo en los últimos años. Primero la de su pareja y compañera de toda la vida, Nora Foster, a quién cuidó muchos años durante una larga enfermedad y, sucesivamente, la partida de su amigo/hermano, Rambo. En ese magma emocional, la frase de Lydon cobró una dimensión contagiosa, porque él sí tiene con qué estar enojado y, sin embargo, decidió salir de gira con una energía imparable y a cualquier lugar del planeta (en la Argentina se presentó en Rosario, Buenos Aires y Mar del Plata). Y ahí estaba Johnny, como le dicen sus fans, con los brazos abiertos arropando a sus “flores” en la lejana Buenos Aires.
Nacido en el corazón más áspero de la cultura británica, en una hogar de clase trabajadora (como insiste en reiterar para que nadie lo olvide) logró transformarse en un ícono global al dejar su revulsiva banda fundadora del punk, Sex Pistols, y armar PIL: más que un grupo, una célula creativa que llevó al rock a recónditos espacios atonales, sincopados y alternativos sin dejar de hablarle a los jóvenes y la gente común.
Entre los 20 y los 30, Lydon creó dos subgéneros del rock que cambiaron la estética, la ética y el mensaje de una música popular que parecía fatigada a mediados de los 70. No es poco. Casi dos revoluciones en una sola vida.
“Soy un guerrero, nunca me voy a rendir”, declamó Lydon para anticipar los acordes de “Warriors”, uno de sus himnos. El singular de la frase se convirtió automáticamente en una voz plural que el público tomó y devolvió al escenario con una renovada esperanza. “Shoom”, “Public Image” y Lydon pide “tres minutos para ir a fumar un cigarrillo”.
Después del intermezzo, la lista no dio respiro: “Open Up”, el magnífico “Rise” y “Anna Attack Chant”. PIL terminó pero no se quería ir. Sin hacer los típicos bises, la banda permaneció en el escenario en una charla improvisada con el público. El clima fue entre festivo y obnubilado. La masa encandilada, contagiada por esos “guerreros” reales de carne y hueso pudo cantar y escuchar lo que necesitaban.
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