
José Luis Guerín y un conmovedor viaje por el tiempo
"Tren de sombras" (España-Francia/ 1997). Producción de Héctor Faver para Grup Cinema Art y Films 59 presentada por Artkino Pictures exclusivamente en la sala 1 del Cine Cosmos. Guión y dirección: José Luis Guerín. Con Juliette Gaultier, Ivon Orvain y Anne Celine Auché. Fotografía: Tomás Pladevall. Edición: Manuel Almiñana. Sonido: Dani Fontrodona. Dirección artística y vestuario: Rosa Ros e Isabel Caellas. Duración: 85 minutos. Apta para todo público. Nuestra opinión: Excelente
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Antes que una película, "Tren de sombras" es una aventura sensorial, un experimento audiovisual, un fascinante viaje por el tiempo, una forma de recuperar la memoria, un coqueteo con todo aquello que puede haber de mágico, poético y fantasmal en las imágenes cinematográficas.
Habrá que advertir, más allá de la elogiosa calificación de esta crítica, que "Tren de sombras" no es una obra masiva, pasatista, entretenida, complaciente ni demagógica. Es uno de esos films hermosos y a la vez ríspidos y también desconcertantes que, como ocurrió con "Madre e hijo", la obra maestra del realizador ruso Aleksandr Sokhurov, exigen una atención y una participación absolutas por parte de ese sector del público que se sienta en una butaca sin apuros ni ansiedades.
Tras las huellas perdidas
En la línea de "Innisfree", su anterior y también magistral trabajo en el que rastreaba las huellas en el pueblo irlandés donde John Ford rodó su clásico "El hombre quieto", ahora el talentoso director catalán José Luis Guerín se apodera de los desvencijados fotogramas de una película casera que el abogado y cineasta parisiense Gérard Fleury filmó en 1930, pocos meses antes de su muerte, para tender un emotivo puente entre pasado y presente.
Los primeros veinte minutos del film son una compilación de los deteriorados restos de ese inocente y simpático retrato familiar (bailes, comidas, paseos, partidos de tenis, trucos de magia, travesuras infantiles) que resulta a la vez un interesante exponente para el análisis sociológico sobre las costumbres de aquella época.
El eterno regreso
Tras esa introducción histórica, Guerín traslada el relato 70 años más tarde y regresa a la impresionante casona de la familia Fleury, en Normandía.
Allí, jugando simplemente con los sonidos del viento y las gotas de lluvia, con el reflejo de la luna o de las luces de los autos sobre viejos elementos inanimados (fotos, relojes, cortinas), consigue que el ambiente recobre su vida, que el movimiento regrese a los amplios salones, que el jardín recupere su belleza. Es como si los espíritus, los fantasmas del pasado, se apoderaran nuevamente de los lugares donde alguna vez alcanzaron aquellos momentos de íntima felicidad.
Unión de imagen y sonido
"Tren de sombras", título que Guerín tomó prestado de un relato de Máximo Gorki, es un prodigio tanto desde lo visual como desde lo sonoro.
La seductora e intimista fotografía de Tomas Pladevall se conjuga a la perfección con las envolventes melodías de Arnold Schönberg, Jacques Offenbach, Claude Debussy, Maurice Ravel y Bela Bartok en un espectáculo que tanto los cinéfilos como los melómanos más pacientes y deseosos de experiencias distintas (y éste es, claramente, un film contra la corriente) sabrán disfrutar.
Así, con "Tren de sombras", que se estrena hoy en una sola sala porteña, con más de tres años de demora y luego de haber pasado sin demasiada suerte por el Festival de Mar del Plata y por algún ciclo retrospectivo, Guerín ratifica que se trata, junto con el maestro Víctor Erice, de uno de los directores vivos más personales del cine español.




