Jóvenes de los años sesenta
No son muchas las oportunidades que el cinéfilo joven tiene de apreciar en directo títulos representativos de ese heterogéneo fenómeno conocido como "la generación del 60". El ciclo que desarrolla los miércoles el Museo del Cine, aun en video y comprensiblemente breve, remedia en parte ese vacío: rescató algunas obras importantes de ese estimulante período del cine local -"Los de la mesa diez", "Tres veces Ana", "El centroforward murió al amanecer"- y anuncia para las próximas semanas otras tres tan decisivas y diversas como para ilustrar la multiplicidad de voces que traía esa generación de recambio: "Breve cielo", "Los inundados" y "Crónica de un niño solo".
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En "Aquellos dorados 60", como prudentemente fue titulada la muestra, se asistió al surgimiento de un grupo de nuevos directores, productores, actores, guionistas, críticos y técnicos. Algunos venían del cortometraje; algunos, de las letras; pocos, de los estudios. Casi todos seguían con atención las novedades llegadas de Europa: ahí estaban los activos cine clubs -Gente de Cine y Núcleo- y la hoy legendaria sala del Lorraine, donde se aplaudía y se discutía a la nouvelle vague francesa, se descubría el cine polaco o checoslovaco y se apreciaban las múltiples derivaciones del neorrealismo italiano. La marca del cine europeo -Antonioni, Resnais, Godard- es visible en las obras, pero si hay algo que caracteriza ese interesante momento del cine nacional es, en todo caso, su pluralidad expresiva, tal como la denominó Simón Feldman, uno de sus principales animadores y autor de "El negoción", el título que para muchos marca su punto de partida.
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Aunque nunca constituyó una corriente y tuvo más apoyo crítico que repercusión popular, no puede negarse el aporte renovador de la mentada generación. Muchos títulos insoslayables en cualquier historia del cine nacional -de "Alias Gardelito" a "Tres veces Ana"- pertenecen a aquel período, cuyas conquistas y particularidades todavía merecen un análisis más hondo.
En el fondo, los jóvenes creadores representativos de la efervescencia creativa de los sesenta planteaban la disyuntiva entre un cine concebido como forma de expresión y otro cine sólo destinado al entretenimiento. Y optaban por el primero, claro, porque intentaban hallar un genuino modo de expresarse, argentino y reconocible, alejado del costumbrismo, de los melodramas burgueses y de otras gastadas fórmulas del cine comercial. ¿Suena conocido?







