Juan del Encina, el precursor
De vez en cuando, al azar, encuentro en Canal (á) un excelente programa, Glorias de la literatura española , ejemplo de lo que la televisión puede -y debe (o debería)- hacer como instrumento de difusión cultural. Se trata, en este caso, de Juan del Encina (o Enzina, como se escribía en su tiempo; también llamado Juan de Fermoselle), nacido en 1468 en la población de ese nombre, en la provincia de Salamanca, y fallecido en León, de cuya catedral fue arcediano, en 1529. Fue uno de los primeros cultores de literatura dramática en España, por lo que se lo considera, junto con Lucas Fernández y Gil Vicente, "patriarca del teatro español". Graduado en leyes en Salamanca, donde fue discípulo de Nebrija -el codificador de la lengua española y autor de la primera gramática-, entró al servicio del segundo duque de Alba, don Fradrique Alvarez de Toledo, en cuyo castillo de Alba de Tormes se representaron, en la Nochebuena de 1492, dos de sus églogas.
¿En qué consistían estas primitivas obras de teatro? Como lo indica su denominación, estaban inspiradas -o eran versiones directas- en las E glogas de Virgilio, diálogos, bucólicos en su origen, entre habitantes de un imaginario territorio idílico donde eran pastores, o campesinos, que comentaban sus amores contrariados, o las penurias y las alegrías de su oficio. Del Encina amplía considerablemente este esquema y pone en escena a personajes de la realidad cotidiana en tiempos de los Reyes Católicos. Se considera que su obra maestra es la E gloga de Plácido y Vitoriano, en verso. Pues también era poeta y, sobre todo, músico. Viajó a Roma en 1500, instalándose allí durante varios años como maestro de capilla de tres papas que lo protegieron: Alejandro VI, Julio II y León X. Este último le aseguró, cuando Del Encina volvió a España, el cargo en la sede de León, donde murió y fue sepultado. Sus restos se trasladaron años después a la catedral de Salamanca, ciudad donde funciona hoy una importante institución dedicada a estudiar su obra y su época.
Si bien Juan del Encina, como discípulo de Nebrija, escribía en castellano corriente, se expresaba mayormente en astur-leonés, o dialecto sayagués, razón por la cual algunos eruditos han cuestionado su condición de precursor del teatro español. Otros, en cambio, hasta sostienen que su obra influyó poderosamente en La celestina , de Fernando de Rojas (cuya primera edición conocida data de 1499), al mostrar personajes y circunstancias de la vida diaria. Sus obras maestras son El arte de trovar , la señalada E gloga de Plácido y Vitoriano y un famoso poema, conocido por todos los estudiosos de la lengua, escrito a la prematura muerte del infante Don Juan, el único hijo varón de los Reyes Católicos, y que comienza: "Triste España sin ventura?".





