
Julián Carrillo y el Sonido 13
El miércoles 9 de septiembre la música moderna recordará el nombre de un excepcional creador mexicano, Julián Carrillo: nacido en 1875, murió hace 50 años, causando, hasta la década de 1960, una verdadera revolución. Su nombre habría pasado inadvertido mundialmente por los cargos que ocupó dentro y fuera de su país, por ejemplo como director del Conservatorio Nacional de Música y de la Sinfónica Nacional de México y fundador de la American Symphonie Orchestra de Nueva York. O incluso habría pasado inadvertido también por sus éxitos como violinista y director de orquesta en Leipzig y su famosa Orquesta de Gewandhaus, o en Gante. De todos modos, una trayectoria enorme para alguien que nació en una pequeña localidad de su país, con padres de ascendencia indígena que no tenían el menor contacto con la música, que comenzó como timbalero y que en las mañanas ejecutaba música en los funerales y por las noches, en fiestas particulares. Sin embargo, ya desde los 20 años realizó sus primeras composiciones, con inclusión de una misa.
Lo que hace de Julián Carrillo un nombre grande en la historia de la música es su carácter de enorme investigador dentro de las posibilidades de su arte. Tras formar una pequeña orquesta con otros compañeros del conservatorio, el 13 de julio de 1895 inició sus trabajos sobre la música microtonal. Al realizar aventuradas experiencias sobre las cuerdas del violín, arribó a lo que llamó el Sonido 13, un intervalo de dieciseisavo de tono, pero al que dio el número 13, pues su descubrimiento fue un 13 de julio y porque su Concertino en cuartos, octavos y deciseisavos de tono fue estrenado un día 13. También se alude a la investigación acerca de la importancia que tiene el número 13 para las culturas occidentales e indígenas, tomando en cuenta su ascendencia.
En 1914, al caer el gobierno de Victoriano Huerta, Carrillo salió de su país y se estableció en Nueva York. Allí publicó el periódico musical El Sonido 13 por primera vez, y el 15 de febrero de 1925 se presentó en una función con la totalidad de sus obras microtonales en cuartos, octavos y dieciseisavos de tono. Éste sería el comienzo de la difusión de su Sonido 13 en una gira que lo llevaría por Cuba y Nueva York, donde conocería a Leopoldo Stokowski, que se convirtió en su amigo y apoyo de toda su carrera.
Carrillo escribió luego las Leyes de metamorfosis musicales, una guía para transformar a cualquier fracción de tono cualquier obra; creó la Sinfónica del Sonido 13, una orquesta en que todos los instrumentos estaban afinados microtonalmente, y construyó asimismo nuevos instrumentos especiales.
Aplicando sus conocimientos de física y matemática, en 1940 patentó 15 pianos metamorfoseados para cada intervalo de tono, desde tonos enteros hasta dieciseisavos de tono, pero sólo sería construido en 1949, en Alemania, el primer piano de tercios de tono.
Con todo, a Carrillo le sobró tiempo para escribir música. Es autor de cuatro óperas (Oina o Príncipe Ossian, en un acto; Alma; Matilde o México en 1810, y Xiúlitl), además de seis sinfonías, conciertos y concertinos para diversos instrumentos, así como música de cámara y obras teóricas para enseñar su sistema Sonido 13.
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