
Kamín: neorealismo argentino
El director de "Los chicos de la guerra" y "Chechechela..." vuelve para contar una historia de barrio
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"A contraluz" marca el regreso de Bebe Kamín al cine. Nueve años después de "Vivir mata" -su anterior film-, el guión que escribió con Adriana Mane comenzó a tomar cuerpo de largometraje e ingresa en la segunda semana de filmación. Con esta historia "que sucede aquí y ahora", el director vuelve además al barrio -cuya cotidianeidad había retratado en "Chechechela, una chica de barrio"- y a plantear cómo viven -o mueren- muchos adolescentes en nuestro país, tal como lo había hecho en "Los chicos de la guerra".
Como en aquella película sobre tres jóvenes combatientes en el conflicto de Malvinas, "A contraluz" también reúne "un doble elenco", según la definición del realizador. "El mundo adulto acá está recreado por Leonor Manso, Cristina Banegas, Verónica Llinás, Tato Pavlovsky y Mario Pasik, entre otros actores. El papel principal -de la chica sobre la que se cuenta la historia- lo hace Silvina Segundo. Y en los roles de los adolescentes, son casi todos intérpretes desconocidos pero muy buenos: Vanesa Weinberg, Mariano Torre -que protagonizó "El juguete rabioso"- y muchos otros que surgieron de un casting de más de 240 aspirantes", explica Kamín.
Historias de la vida real que le narró una conocida alimentaron una investigación y luego el argumento de ficción, centrado especialmente en un grupo de jóvenes adictos a las drogas. Cuenta el cineasta que el relato de esa mujer (que por diversas circunstancias se acercó a chicos con problemas de adicciones), le descubrió "situaciones que por un lado eran sorprendentes y extraordinarias, pero que al mismo tiempo tenían una ubicación en la realidad que las hacía indudablemente verdaderas".
El disparador que conmovió a Kamín, impulsándolo a la escritura de un guión, fue "el cruce de mundos" que pueden coexistir bajo un mismo techo. "Por ejemplo -comenta al respecto-, la convivencia entre un grupo generacional mayor, que vive de una forma determinada y se reúne con sus amistades en el comedor de la casa, y un grupo de adictos, que paralelamente y en el patio de ese mismo hogar está haciendo cualquier cosa y toma cerveza sin parar."
De todos modos el director aclara que los personajes de "A contraluz", aunque se parecen a los de carne y hueso que inspiraron la película, no son los mismos de la realidad. Y sintetiza sobre lo que comenzó a rodar: "Es la historia de unos chicos de barrio y de una profesional de 32 años, vecina de esa barrita, que por circunstancias de la vida se relaciona con ellos y descubre un mundo que estaba al lado de ella y desconocía. De algún modo, ese acercamiento los transforma a todos".
Desde lo formal, Bebe Kamín quiere "darle un tono documental" a su dibujo barrial de esta "suerte de micromundo que existe y es una realidad cotidiana, pero está bastante reprimido y oculto".
El resultado de siete semanas de filmación en locaciones porteñas será, según anticipa, "un film mas bien clásico, muy ligado a un realismo como el del free cinema inglés, que muestra la verdad de lo que pasa en la calle o en el interior de una casa, con personajes que son carnales", lo que permite al espectador "conocer esa realidad, sentirla y emocionarse". Identificado con el cine de realizadores como Lindsay Anderson o Kean Loach, Kamín aclara que cuando se refiere al movimiento cinematográfico inglés no lo hace en tren de comparaciones: "Simplemente digo -agrega- que el nivel del drama que voy a contar se ubica en esa línea".
Tampoco tiene intención, dice, de "ser psicologista, intervenir en el interior de los personajes ni encontrarles explicaciones". Porque su objetivo es "hacer una película en la que el espectador pueda ser testigo de lo que sucede y participar desde un lugar en donde siente y piensa". Lo suyo no pasa, según destaca, por buscar la identificación del público con las criaturas de su nuevo film. "En todo caso, lo que le sucede a un personaje -apunta- provoca en el espectador sentimientos que son privativos de cada uno. No me quiero basar en la emoción del público para tenerlo agarrado a la butaca. Más bien quiero contarle algo y que me lo crea."
Un cuento verosímil
En ese sentido encuentra algunos ejemplos en el cine argentino, "como los films de Adolfo Aristarain, que se instalan en un lugar de cuento de lo verosímil y de registro de lo que ocurre, aunque plantean una ficción", que en algún momento "lleva al espectador a decir "esto es de verdad, es lo que está pasando"".
En opinión de Kamín, buena parte de las producciones nacionales evaden lo real. "Quizá directores nuevos como Bruno Stagnaro, Pablo Trapero o Adrián Caetano -comenta- se instalan en esa línea de registro de lo real, pero desde un lugar más cercano al documental. Son muy buenos; los resultados son cinematográficamente notables. Pero no tienen un grado de construcción del drama, del uso de los recursos profesionales clásicos, que los coloque en la misma órbita de un Adolfo Aristarain. Más bien son neorrealistas como en la vieja época, tienden a usar a la gente de la calle, a contar sus dramas verdaderos o utilizar sus expresiones naturales."
Para Kamín, otra vertiente del cine argentino está representada en directores o autores de producciones que "pasan mucho por el mundo ilusorio, donde se quieren decir cosas y hay mucha pretensión poética o de un vuelo creador". Después de comentar que esto último le "resulta muy respetable", admite: "Pero no pertenece a mi sensibilidad, por lo menos en este momento".
Si de rescatar poesía en el cine se trata, el coguionista de "A contraluz" adhiere al estilo de Leonardo Favio. "Películas suyas como las primeras -por ejemplo, "Crónica de un niño solo" o "El dependiente"- tenían una inscripción sobre lo real que no era antipoética. Esa era una poesía maravillosa y sin embargo -para decirlo de alguna manera- nacía de la tierra, era terrenal y de ahí surgía un imaginario extraordinario. No veo eso en las propuestas actuales: veo demasiado mundo interno, bajadas de línea y mucho dar por real la ficción", reflexiona.
Vuelta la mirada sobre su nuevo trabajo para el cine, Bebe Kamín se concentra en lo que intenta contar sobre "parte de una generación joven que en nuestro país está como a la deriva, prácticamente sin posibilidad de proyectos a futuro" ni contención.
"Con la película no tengo ningún fin didáctico ni intención de conclusiones morales. Me opongo a eso. Vivimos una crisis social muy seria, en donde aumentan los bolsones de marginalidad y la gente está cada vez más desprotegida. Un film no cambia nada. Pero soy parte de una sociedad injusta y creo que hay que tener cierta conciencia sobre eso. A mí me intranquiliza, me molesta y no quiero estar pasivo. Entonces hago lo que sé hacer: una película. Se puede disentir o no con lo que plantea. No pretendo dar cátedra", concluye el realizador.
Ausencia con deudas
"Fue una conjunción de factores", señala Bebe Kamín sobre las razones de su alejamiento del cine durante casi una década. Todo comenzó -¿o estalló?- con la historia de vampiros "Vivir mata", en el 91. "No me fue bien y quedé endeudado un par de años", confiesa sobre aquel producto fallido. Pero también admite que, en realidad, "lo esencial" de la impasse obedeció a la necesidad de "recomponer" sus objetivos como cineasta. "Tuve que pasar por un proceso de maduración y reflexión, definirme como realizador y trabajar sabiendo que el cine es un proyecto estratégico para la vida, en el sentido de que lo que no se da hoy, se dará mañana, pero que tengo que estar absolutamente convencido de lo que hago."
El "parate" fílmico tuvo además "aspectos externos", como la gestión de Julio Mahárbiz al frente del Instituto de Cine. Una etapa que el director de "A contraluz" recuerda en estos términos: "Sentía que yo era enemigo declarado de la otra parte -tengo grandes diferencias con mucha gente, pero eso no impide un intercambio-; y que ese período era por demás exigente a nivel de las cosas que uno no está dispuesto a escuchar. Entonces no tenía el estímulo".
Sin embargo, Kamín no pasa por alto un dato: el proyecto que lo devolvió al cine "fue presentado en la época de Mahárbiz, apoyado por el comité de créditos de ese momento y se materializa ahora". La idea es estrenar en el segundo semestre de 2000. Y seguir filmando.
"Tengo ganas -y es una asignatura pendiente- de hacer una película sobre el atentado a la AMIA. Estoy trabajando sobre eso e investigué distintas posibilidades. Es un tema tan doloroso y difícil, que hay que hacer un gran esfuerzo para encontrar el equilibrio: no ser -digamos- lacrimógeno, pero tampoco ingenuo. Básicamente necesito encontrar el camino que conduzca el relato. Quiero hacer un film, no un discurso ni los mandamientos", dice este director que ingresó en el medio cinematográfico como sonidista y en el 74 realizó "El búho", su opera prima. "Es una mirada sobre algo que está y se oculta, como "A contraluz" -agrega-. Además creo que el tema de la AMIA ni siquiera empezó a tratarse, por más que se hable tanto del atentado."
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