Kathleen Turner disfruta hoy lejos del estrellato
Nueva etapa: a los 43 años, la aplaudida actriz dijo que no está dispuesta "a someterse a operaciones para alcanzar la eterna juventud".
1 minuto de lectura'
MAR DEL PLATA.- Es cierto. Aunque sigue ocupando una consideración elevada en la memoria de los espectadores y ha sido más de una vez protagonista de films que estuvieron por largo tiempo en los primeros planos, Kathleen Turner ya no ocupa más ese lugar privilegiado de las elegidas de Hollywood.
Su imagen de rubia fatal en "Cuerpos ardientes", "El honor de los Prizzi" y "La guerra de los Roses" o su bella presencia decidida a la aventura en "Tras la esmeralda perdida" o "La joya del Nilo" quedaron atrás.
Pero a ella no le importa. Es más, asegura que prefiere este momento de tranquilo anonimato y reconocimiento.
Sin disimulos, lleva en la cara y el cuerpo el paso de sus 43 años. Sin segundas vueltas, o más bien con humildad, asegura que "pasó su hora" y que no está dispuesta a "someterse a operaciones para alcanzar la eterna juventud".
Y más allá de los brillos de la fama, dice que ahora prefiere volver al teatro (en este momento protagoniza la obra "Tallulah", sobre la vida de la recordada actriz Tallulah Bankhead), su primer amor, y vivir en Nueva York, "fuera de la locura de Los Angeles".
Como quien sabe que la fama es, a veces, una conjunción de suerte y azar que puede acabar, la protagonista de "Peggy Sue" parece tomarse este instante de su carrera artística como una etapa más. Una etapa inevitable, pero tanto o más importante que la anterior que la hizo popular.
Lejos del primer plano
En perfecto castellano -idioma que aprendió durante su paso por Venezuela junto a su padre diplomático, la actriz norteamericana, que vino invitada a la apertura del XIII Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, dialogó con La Nación justamente sobre este momento en que la suerte, el azar y su vida la pusieron más allá de las potentes luces de Hollywood.
-Durante una época se la consideró una de las mujeres más sexy del cine. ¿Cómo se siente pasar a un segundo plano?
-De verdad, y aunque parezca mentira, prefiero este momento. Ahora la gente me respeta por la totalidad de mi trabajo. Aun cuando me gustaba muchísimo el trabajo que hacía en ese entonces, muchas veces sentí que yo, personalmente, no valía mucho. Es que si sos sexy o linda, no importa si podés hablar o no. Por eso, para mí es muy importante que ese momento haya terminado, aun cuando me ayudó mucho.
-¿En qué la ayudó?
-Bueno... Nunca viene mal ser atractiva. Pero lo malo es que siempre sentía que tenía que probar que tenía talento, además de poner mi cara y mi cuerpo. Tenía que probar que podía actuar, que tenía cosas para dar y decir. Hay que pelear mucho para ser considerada algo más.
Contra los encasillamientos
-¿Siente que la encasillaron en algún momento con esos papeles de mujer voluptuosa y fatal?
-Después de "Cuerpos ardientes", los directores sólo me llamaban para desnudarme. Por eso, mi segunda película fue una comedia con Steve Martin llamada "El hombre de dos cerebros", y realmente lo hice para burlarme de esa imagen de "sexy woman" que se había creado acerca de mí. Siempre supe que tenía que cuidarme muchos con los papeles que elegía.
-¿Cree que cuidó sus papeles y elecciones a lo largo de su carrera?
-Lo más importante para un actor no es sólo lo que hace, sino lo que no hace. Eso es hay que protegerlo. Y sí, yo siento que lo protegí. Cuando se dice sí a un director, uno se convierte en un empleado. Nuestro derecho más importante, el de los actores, es decir no.
-¿Y a qué le dijo no?
-Nunca, pero nunca, dije que sí a las películas de violencia contra las mujeres o los abusos infantiles.
-¿Hay alguna razón en especial para que deseche esos papeles?
-Ese tipo de violencia es algo que ni siquiera puedo imaginar. Y los actores, si no podemos imaginarnos en el papel, no podemos actuar.
-En este momento se dedica menos al cine, está haciendo teatro y vive sobre todo alejada del movimiento de Hollywood. ¿Fue una elección personal o perdió el lugar?
-A mi edad, 43 años, hay muchos más papeles interesantes en el teatro que en el cine.
-¿Le pesa que el cine norteamericano elija sobre todo a jóvenes o pretenda mostrar esa imagen de eterna juventud en las películas?
-Es que los Estados Unidos es una sociedad que piensa que las mujeres deben mantenerse eternamente jóvenes y esculturales.
-¿A usted no le importa?
-Trabajé durante veinte años en esta industria y ojalá trabaje hasta que me muera, pero cada estado de la vida tiene sus cosas interesantes para explorar, para comprender, para imaginar. Si uno se somete a todas las terapias y operaciones para mantenerse joven, no progresa, se queda en un lugar. Eso no lo entiendo. Yo prefiero vivir cada etapa con lo que esa etapa tiene y con lo que esa etapa da.






