
Kazan dividió a la industria del cine
Repercusiones: algunos aplaudieron de pie y hasta vitorearon al veterano cineasta; pero la mayoría se mantuvo en silencio.
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Un empate técnico. Así podría definirse el resultado de la aparición pública de Elia Kazan, anteayer, en la ceremonia de los premios Oscar, donde recibió una estatuilla honorífica por su dilatada carrera.
La distinción estuvo enmarcada por fuertes protestas de artistas y activistas que lo consideran "una rata" por haber delatado en 1952 -en pleno auge de la caza de brujas macartista- a ocho compañeros de teatro que, como él, pertenecieron al Partido Comunista.
En lo que constituyó el momento más tenso de la noche (más incluso que la entrega del Oscar a la Mejor Película), el cineasta de 89 años salió a escena con el aval de Martin Scorsese y Robert De Niro, dos de los escasos artistas de peso que decidieron dar prioridad a los aportes artísticos del director de "Nido de ratas" y "Un tranvía llamado deseo" por sobre su comportamiento humano y político.
Los medios norteamericanos reflejaron ayer ampliamente la reacción de los asistentes al show del domingo. El progresista Warren Beatty, Karl Malden (impulsor del reconocimiento) y el presidente de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, Robert Rehne, fueron algunos de los que aplaudieron de pie a Kazan, quien se abrazó con un emocionado Scorsese y con De Niro.
Otros, como Steven Spielberg, optaron por aplaudir al cineasta, pero se mantuvieron sentados en sus butacas. El tercer grupo (y más numeroso) guardó silencio, como forma de manifestar su rechazo al galardón. Entre los opositores se destacaron Nick Nolte, Ed Harris y sir Ian McKellen.
Este último dijo en una entrevista concedida a la cadena ABC: "Sólo me quedé sentado, mirando. Unos pocos se pararon, pero no eran demasiados en la zona donde yo estaba. Para mí, toda esta controversia fue como una pieza de teatro real".
El veterano y prestigioso columnista de Daily Variety Army Archered escribió en su columna, que será publicada hoy, que"aunque aquellos que aprobaron (el premio) fueron muy audibles, el silencio de todos los demás tuvo mucho más peso".
"Los aplausos -continuó Archered- pueden haber sonado fuerte en los hogares, pero sólo un 20 por ciento de la audiencia se paró; y ninguno en la zona donde yo estaba sentado.
"La alegría y exuberancia de la ceremonia se vieron empañadas por la obvia desaprobación al Oscar honorario para Kazan", concluyó.






