
Con Stephen Chow, Wah Yuen, Qiu Yuen, Siu Lung Leung.
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Rebeldes y KunFundidos
La nueva sensación del cine asiatico ya no se llama Jackie Chan. Ni Jet Li. Ni John Woo. Su nombre es Stephen Chow y gracias al éxito obtenido con su película anterior (la muy divertida e inexplicablemente desconocida en la Argentina Shaolin Soccer, 2001) su nombre comenzó a pronunciarse en Occidente y su cara se multiplicó en cientos de tapas de revistas. Probablemente ese éxito sea el que posibilitó el estreno argentino de Kung Fusión, la película más taquillera en la historia de Hong Kong.
Chow escribió, dirigió, produjo y protagonizó este film, ambientado en la China de los años 40: en una época de gángsters y de grandes diferencias económicas entre las clases sociales, Sing (Chow) es un perdedor que sueña con pertenecer a la banda más temida de la ciudad. En uno de sus intentos por atemorizar, desata la ira de la "Pandilla del hacha" sobre un vecindario muy pobre, lo que obliga a sus habitantes a unirse y a desenterrar aspectos olvidados de sus personalidades para defenderse.
Stephen Chow no tiene el carisma de Jackie Chan ni la contextura física de Chow Yun-Fat, pero su gracia reside en una inteligente combinación de ambas características: una sonrisa de eterno desafortunado que se sobrepone a las dificultades y un cuerpo elástico que resiste golpes y humillaciones. Un Charles Chaplin oriental con un mayor sentido de la violencia. La mayor parte de sus películas, a diferencia de las de otros directores de Hong Kong como Wong Kar Wai o Johnny To, podrían catalogarse simplemente como comedias bobas. En Kung Fusión existe, sí, la base del humor tonto que caracteriza a los orientales, pero éste es clave para hacer tolerable la violencia de las imágenes, del mismo modo que funciona en los dibujos animados o en Los tres chiflados.
El cine de Hong Kong (colonia inglesa hasta 1997, año en que volvió a ser parte de China) se caracteriza por tener una mayor influencia de la cultura occidental que otras cinematografías asiáticas. No es de extrañar entonces que muchos de los mayores "homenajes" de esta película sean hacia filmes como Pandillas de Nueva York (Gangs of New York, Martin Scorsese, 2002), Erase una vez en el Oese (Once Upon Time in America, Sergio Leone, 1968) o los clásicos Looney Tunes de la Warner Bros. Pero más allá de estos influjos, Chow no deja de remitirse al cine oriental que vio de joven. Por eso, convocó a los grandes protagonistas de los 70 de su tradición cinematográfica: Qiu Yuen (la casera), Wah Yuen (su marido) o Siu Lung Leung (La Bestia) eran estrellas de las películas de los hermanos Shaw, fundadores de la productora más importante de películas de Hong Kong.
Sin temor al exceso ni al ridículo, Chow parece confirmar con Kung Fusión que no hay nada como un poco de humor idiota mezclado con algo de crítica social para lograr un film exitoso, entretenido y "con mensaje".





