La ambición y la crueldad, sin clases sociales
Silvina Bosco protagoniza Babilonia, de Armando Discépolo
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En los últimos años el Teatro Nacional Cervantes amplió su campo de acción y comenzó a coproducir con la Mesa Intersindical de Cultura de la CGT. En esta temporada desarrollaron un proyecto a partir de la obra de Armando Discépolo, Babilonia, una hora entre criados, bajo la dirección de Susana Toscano.
La obra, interpretada por Silvina Bosco, Cutuli, Esteban Prol, Gonzalo Urtizberea, Chusa Blázquez, Natalia Dal Molin, Iván Díaz, Susana Giannone, Jorge Godoy, Ugo Guidi, Nahuel Huapi, Laura Melillo, Paola Muratorio, Martín Paglione y Pablo Rodríguez, tiene la particularidad de que buena parte de su elenco está integrado por intérpretes afiliados a diversos sindicatos como la Bancaria, Suterh, UPCN, APL, UOCRA, Apsee y Sadop. Ya hicieron funciones en algunos de sus espacios y ahora la pieza se ofrecerá, sólo en cuatro funciones, en la sala María Guerrero.
Estrenada en 1925 Babilonia retoma un tema recurrente en la producción de Discépolo, muestra la realidad de un grupo de inmigrantes que llegó al país con la seguridad de encontrar buenas posibilidades de desarrollo personal y terminaron hacinados en conventillos y cumpliendo labores por poca o nada de paga. La acción expone la realidad de una clase superior que vive rodeada de lujo, mientras que los sirvientes, en el sótano, padecen el desprecio y el maltrato.
"Para mí Babilonia es una pintura de todas las épocas -explica Silvina Bosco-. Retrata la naturaleza humana cuando accede al poder y no acciona frente a él con responsabilidad. Mi personaje es Carlotta, la cocinera francesa que está bajo la dirección de Piccone, el cocinero italiano que manda pero no hace nada, se lleva los halagos de los señores de arriba, pero la que cocina es Carlotta, una mujer que se esconde en el alcohol. El autor la expone en varias situaciones de humor bastante patéticas.
-Babilonia es vigente. Pienso en cierta inmigración que aún hoy se mantiene trabajando en el piso de abajo, en el sótano y lucha por lograr un ascenso. ¿Qué reflexión te merece esto?
-Armando Discépolo escribió sin tiempo. Hoy hay cierta inmigración que se mantiene en el piso de abajo, es cierto, pero también la obra retrata que los de abajo, cuando tienen dentro de su propio núcleo un poco de poder, pueden llegar a ser tan crueles como los de arriba. La ambición, la vanidad y la falta de amor al prójimo está en esa alma, no tiene clase social.
-El grotesco resulta un género que se mantiene vivo en la Argentina. Griselda Gambaro dijo alguna vez que es así porque vivimos en un país grotesco ¿Cuál es tu mirada sobre ese género?
-Creo que somos maestros del grotesco. Es un género con el que nos podemos identificar fácilmente. Venimos de diferentes culturas y nos unimos a los que estaban en estas tierras; lloramos, reímos, gritamos, amamos y todo eso de manera muy fuerte. Como pueblo pasamos de la comedia a la tragedia muy rápidamente y, de pronto, nos vemos envueltos en un grotesco donde la realidad supera a la ficción.
-Este proyecto combina actores destacados con intérpretes seleccionados entre afiliados a un sindicato ¿Cómo ha sido ese cruce?
-La experiencia fue muy gratificante. Estamos bajo la dirección de Susana Toscano que ha sabido amalgamar los diferentes estilos de actores con la difícil tarea de construir los diversos personajes, prototipos de una época lo que conlleva un trabajo de construcción muy particular. Logró una armonía impecable. Creo que ha sido un proyecto muy angelado. Todas las funciones han sido hasta ahora una verdadera fiesta.
Babilonia, una hora entre criados
de Amando Discépolo
Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815
Hoy y mañana, a las 21
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