
Setenta millones de personas visitaron, en poco más de cuatro meses, el sitio en Internet de The Blair WitchProject, el film dDaniel Myrick.
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Los milagros en el cine norteamericano son, podría decirse, como las brujas: casi nadie cree en ellos, pero que los hay, los hay.
El último milagro en este terreno se llama The Blair Witch Project y es un largometraje de suspenso cuya historia está construida, precisamente, en torno del mito de una misteriosa hechicera. Rodar y montar la película costó menos de 40 mil dólares; a nueve semanas de su estreno ya había cosechado casi 140 millones y las proyecciones indican (si se suman el rédito de un hábil merchandising y la venta de derechos para tevé, video y dvd) que las ganancias finales rondarán los 4 mil millones de dólares.
No es ésta la primera vez que un film de factura casi artesanal rompe los moldes y se convierte en un rotundo fenómeno de taquilla. Hay numerosos ejemplos, tanto en el pasado como en producciones más recientes como El mariachi, de Robert Rodríguez; Clerks, de Kevin Smith, y otras actuales realizaciones independientes. Pero Blair Witch es mucho más que la película más rentable de la historia del cine; su fenómeno excede el campo de la economía y merece estudiarse también como un caso extraordinario en materia de lanzamiento y promoción.
La historia que narra Blair Witch es simple. Tres estudiantes (Heather, Joshua y Michael) deben viajar a una diminuta aldea para investigar el mito ancestral de una bruja. Los estudiantes deciden presentar el trabajo en forma de video documental; se reparten las tareas (Heather será la directora; Joshua, el camarógrafo; Michael, el sonidista), se dirigen en auto al pueblo, entrevistan a varios lugareños y se internan en un bosque aledaño donde –según cuenta la leyenda– queda la siniestra casa de la bruja. La primera noche, refugiados en una carpa, escuchan ruidos y murmullos que parecen los de una sesión de exorcismo. Al día siguiente descubren que están perdidos. Se confunden, discuten entre sí... Los ruidos atemorizantes y los indicios de brujería aumentan, mientras que los jóvenes siguen atrapados.
A primera vista, nada parece demasiado novedoso. Existen decenas de películas con adolescentes que se pierden en un bosque o en cualquier otro paraje inhóspito, apartado de la civilización, para caer bajo los efectos de algún fenómeno inexplicable. Sin embargo, Blair Witch es un film particular, de un terror sutil y contenido que en nada obedece a los estereotipos del género "horror adolescente": no hay sexo ni insinuaciones explícitas de sexo; no hay casi nada de música; no hay ríos de sangre ni efectos especiales; no hay un monstruo que se exhibe ni la presencia de criaturas horribles. No son esos los únicos rasgos que lo distinguen de productos como Scream, Pesadilla o Halloween. La otra gran diferencia es la técnica cinematográfica y el pacto que establece Blair Witch con el público. El film se presenta como documental. Se indica que los tres estudiantes nunca regresaron del bosque, que desaparecieron, pero que tras una larga pesquisa se hallaron sus cámaras y unas veinte horas de material en bruto. Al mejor estilo de La guerra de los mundos, de Orson Welles, Blair Witch se presenta como "un hecho real", es decir, como la compaginación de este material encontrado.
En un principio los realizadores de Blair Witch, Eduardo Sanchez (30 años) y Daniel Myrick (35), pensaron en que fuera un narrador en off quien condujera el documental apócrifo, y en complementar esas imágenes con otras rodadas a posteriori (a la manera de Zelig, de Woody Allen): entrevistas a los familiares y amigos de los estudiantes "desaparecidos", incluso a periodistas o a efectivos de la policía local. Esto fue dejado de lado por motivos estéticos pero también financieros. Mientras rodaban el film, sus responsables no imaginaban que éste fuera a reportarles más beneficios que cualquier opera prima que, en el mejor de los casos, acaba siendo adquirida por una cadena de cable.
eduardo sanchez y daniel myrick se conocieron a comienzos de los años 90, en la Universidad de Florida Central, Orlando, donde ambos cursaban cine. La idea de rodar una suerte de falso cinéma vérité, que fuera al mismo tiempo un thriller y un film de terror, surgió allí mismo, entre clase y clase. Ambos llegaron a comentarle el proyecto a una docente, a quien le pareció "muy pobre". Semejante veredicto no los arredró. Ajustaron el guión general, consiguieron una antigua cámara 16 mm y publicaron un aviso en Back Stage, solicitando tres actores jóvenes e ignotos. Después de largas pruebas escogieron a Heather Donahue (24), una actriz principiante de Filadelfia que venía de trabajar en un puñado de cortos independientes; a Michael Williams (26) y a Joshua Leonard (24), cuyo trabajo oficial hasta entonces consistía en sacar fotos de grupos de rock para una revista under de poca circulación.
Los tres actores elegidos nunca recibieron un guión convencional; apenas una suerte de resumen general y un curso acelerado de... manejo de cámara. He aquí otra interesante peculiaridad de Blair Witch: excepción hecha de las tomas filmadas por un profesional (Neal Fredricks), el resto del largometraje fue realmente rodado por los propios actores, sobre todo por Heather y Joshua. Y para ello se emplearon dos cámaras: una cp 16 mm y una High 8 amateur que Sanchez y Myrick compraron por 500 dólares, usaron para su película y enseguida devolvieron a la tienda, que les reintegró el dinero.
El rodaje –que demandó apenas ocho días de octubre de 1997– tuvo bastante de azaroso, aunque siempre en el marco de una estructura preestablecida. Algunas escenas, como la final, estaban meticulosamente "guionadas". En otras, los actores recibie- ron vagos lineamientos y la instrucción de improvisar en torno de una situación o un conflicto. Antes de rodar algunas secuencias, los directores le entregaban un mensaje personal a cada actor y le pedían que no revelara el contenido a los demás. El día anterior a que empezaran a filmar, el productor Gregg Hale llevó a los tres actores a un supermercado y les indicó que hicieran compras para dos días. Los intérpretes, sabiendo que el rodaje iba a durar una semana, esbozaron una protesta. "Nos ocupamos de su seguridad, no de su confort", respondió Hale para pasar a explicar que, a partir del tercer día, les racionarían los víveres. El quinto día de rodaje ocurrió la desaparición de Michael, prevista en el guión pero totalmente imprevista por los otros dos actores. En síntesis, Donahue, Williams y Leonard admiten que no disfrutaron mucho la filmación y que incluso llegó a haber asperezas entre ellos. "Tuvimos que estar en situación las veinticuatro horas de cada día, durante una semana", recuerda Leonard.
Sanchez y Myrick, por su parte, han reiterado en varios reportajes que el "verdadero" guión de Blair Witch se estableció en la sala de montaje. El producto fue compaginado en 1998 y la primera versión duraba dos horas y media, en vez de los ochenta y cinco minutos de la versión definitiva.
La primera proyección pública de The Blair Witch Project se realizó durante el Festival de Sundance de cine independiente, el 23 de enero de 1999. A modo de promoción, toda Park City fue cubierta de afiches impresos con la leyenda Missing (Desaparecidos) y los rostros de los tres protagonistas. La estrategia: presentar el film como un documento verdadero o, por lo menos, sembrar la duda. Para conseguir este efecto se hizo que los actores se esfumaran, se llamó a los personajes del film con el nombre de sus intérpretes y se concibió una secuencia de títulos de apertura absolutamente alejada de los cánones del cine de entretenimiento; es decir, más acorde a un documental televisivo que a una película de terror. Fondo negro, letras blancas, silencio y un cartel que hace las veces de advertencia previa: "En octubre de 1994, tres estudiantes cineastas desaparecieron en un bosque cerca de Burkittsville, Maryland, mientras rodaban un documental. Un año más tarde, el material fue encontrado".
En Hollywood se afirma que Blair Witch ha revolucionado menos el cine que sus mecanismos de promoción. En tal sentido, los afiches que empapelaron Park City son apenas una muestra de la "estrategia de guerrilla" que eligieron Sanchez y Myrick junto con el equipo creativo de la productora Haxan Films. La pieza central de su campaña (que costó unos 15 mil dólares, otra cifra risible para el cine norteamericano) fue Internet. Y lo curioso del caso es que la página oficial de la película (www.blairwitch.com) se inauguró en junio de 1998, trece meses antes del estreno masivo del film en los Estados Unidos. Se estima que, desde entonces, han visitado el sitio más de 70 millones de personas.
en los anos 60, cuando la nueva tecnología se llamaba televisión, Alfred Hitchcock y otros realizadores resolvieron imponer nuevas reglas que alterasen el modo de concurrir al cine (y que, por lo tanto, variaran los mecanismos de percepción). Era usual por entonces que los espectadores norteamericanos ingresaran en cualquier momento en la sala y que, por ejemplo, vieran en primera instancia los treinta minutos finales de un largometraje y sólo después la hora inicial. Con el estreno de obras maestras como Psicosis o Los pájaros, Hitchcock dispuso que nadie entrase en la sala ya iniciada la proyección: los espectadores debían ver la obra desde el comienzo.
Es algo temprano para aventurar todos los desafíos que impondrá Internet al cine (y a la televisión y a la industria del disco), al punto de obligarlo a transformar otros de sus hábitos perennes. En este contexto, el caso Blair Witch parece una primera advertencia. Nunca, hasta ahora, la Net jugó un papel tan primordial en el éxito de un film. Nunca, hasta ahora, una página Web determinó tanto el modo de ver un film. ¿Qué complementa qué? ¿Es el site un mero anexo de la película? ¿O no será, cosa extraña, al revés? Algunos expertos en marketing sostienen que estamos ante el primer film que representa un "valor agregado" a un site o una "extensión" de él. En otras palabras, nos hallamos ante un caso en el que, sí, el orden de los factores altera el producto.
Quien haya navegado por las páginas Web de Blair Witch comprenderá mejor todo esto. El sitio propone diversos ítems: mitología, legado (legacy), situación posterior (aftermath) y cineastas. Cada rubro enriquece lo ya visto en el cine o nutre al futuro espectador de pistas que no le arruinarán casi nada el suspense. Todo depende del orden de los factores. En cualquier caso, el material es sorprendente y siempre opera en un mismo sentido: el de dar visos de realidad a la fábula.
El ítem legacy incluye el diario íntimo de Heather. Aftermath presenta evidencias (fotos del auto de Josh tal como lo encontró la policía, fragmentos de noticieros de tevé) y hasta una entrevista a la supuesta madre de Heather (Angie Donahue) y al detective privado Buck Buchanan. Lo que vemos es, al fin de cuentas, el material complementario que Sanchez y Myrinck estuvieron a punto de incluir en la película.
Aunque menos espectacular, el ítem mitología explica con lujo de detalles el "mito de la bruja de Blair" que está en la base del film. Todo empezó, según parece, en febrero de 1785, cuando varios niños del pueblo de Blair (rebautizado Burkittsville en 1824) acusaron a una tal Helly Kedward de haberlos llevado engañados a su casa para sacarles sangre. Tras un juicio, Kedward fue acusada de brujería, expulsada del pueblo "en medio de un invierno especialmente duro" y dada por muerta. Año y medio después, todos quienes la habían acusado murieron o sufrieron terribles penurias. Abrumados por la superstición, los pueblerinos juraron nunca más pronunciar su nombre. La leyenda estuvo a punto de ser olvidada, pero en noviembre de 1809 se publicó un raro libro: The Blair Witch Cult (El culto a la bruja de Blair) con el relato de lo ocurrido. Existe, obviamente, una sola copia de este libro, que alguna vez se halló en un museo de Baltimore y ahora es la pieza incunable de alguna misteriosa colección privada.
La fábula continúa con otros episodios igualmente fantásticos, todos fruto de la imaginación fértil de Sanchez y Myrick: lo único verdadero de esta historia es el pueblo de Burkittsville, aseguran ambos. Queda a dos horas de viaje de Washington dc y tiene (de acuerdo con el censo oficial) una población de 214 habitantes que en los últimos meses asistieron atónitos a las peregrinaciones de jóvenes fanáticos del film. A cambio de esta inesperada fama, el pueblito ha perdido su cartel de entrada, bienvenidos a burkittsville, que hoy atesora algún blairwitchiano fetichista.
el llamado "cine barato" esta en boga. En Europa, en su versión de cine de autor, crece amparado en el célebre Dogma redactado por el director Lars von Triers. ¿Qué propugnan los adalides del cine barato? Rodar en video para luego transferir la imagen a cine; rodar con luz natural, audio directo, cámara al hombro y parlamentos improvisados. Todo esto gracias a la nueva tecnología en cámaras digitales dv, cuya ganancia lumínica es inusitada; a tal punto, que capta imágenes de calidad incluso en interiores penumbrosos.
Oficialmente existen tres películas realizadas de acuerdo con lo que establece el Dogma: Los idiotas, de Von Triers; La celebración (o Festen), de Thomas Vinterberg, y Mifune, de Soren Kragh-Jacobsen (la única aún no estrenada en Buenos Aires). A estos largometrajes deben sumarse la primera película dogma de origen francés (Lovers, de Jean Marc Barr) y la primera producida en España (Erase otra vez, de Juan Pinzás).
Algunos críticos europeos han querido definir a Blair Witch como un film de entretenimiento hecho a partir de la receta del Dogma. No pasa de ser una definición ingeniosa, porque el presente auge del cine barato lejos está de limitarse a los postulados de Von Triers, tal como lo probaron el argentino Daniel Gimelberg y el catalán Cesc Gay con su Hotel Room, que costó alrededor de 20 mil dólares y despertó muy buenos comentarios, sobre todo en España.
Blair Witch es un film de género y, como tal, se debe a las normas que su género establece. Se puede hablar de números, de estrategias publicitarias y hasta de lenguaje cinematográfico, pero, antes que nada, un producto como Blair Witch tiene que meter miedo. Si una de terror no aterroriza, no hay remedio. Y allí las reacciones no son unánimes. Aunque las gacetillas de prensa hablen de "vómitos" o de una platea paralizada, en el film hay demasiados pasajes en los que, en vez sentir miedo, el espectador se limita a presenciar cómo sienten miedo quienes pueblan la pantalla.
Luego hay otro problema: el recurso de mostrar toda la historia pura y exclusivamente desde la perspectiva subjetiva de las dos cámaras de los estudiantes parece, por momentos, condicionar demasiado el relato. En algunas secuencias se advierte la necesidad de un narrador externo. En otras resulta por lo menos curioso que Heather, en medio de tal crisis de terror, tome el recaudo de encender su cámara. Acaso conscientes, Sanchez y Myrick explican esto último confiriéndole a Heather una monomanía, una obsesión con el acto de filmar; más aún, hasta sugieren que la cámara le sirve como una barrera contra el miedo.
Cuando Blair Witch fue exhibido en el Festival de Sundance (cinco meses antes de obtener el Premio de la Juventud en Cannes), ninguna de las grandes compañías distribuidoras manifestó interés. Finalmente fue Artisan Entertainment la que adquirió los derechos en poco más de un millón de dólares.
Lo primero que impulsó Amir Malin, copresidente de Artisan, fue la página Web. Pero enseguida decidió ahondar en el "mito de la bruja" y producir, en paralelo a la película, un documental televisivo, cofinanciado por la cadena Sci-Fi Channel. El falso-documental-acerca-de-un-hecho-falso-que-inspiró-una-película-en-forma-de-falso-documental (!) fue realizado por los mismos Sanchez y Myrick, en su mayoría con material sobrante, y emitido el 12 de julio, cuatro días antes del estreno del film. El documental se convirtió en uno de los programas de mayor rating en la historia del Sci-Fi Channel y debió ser reprogramado otras seis veces.
The Blair Witch Project se estrenó el 16 de julio pasado, en veintiséis salas de veinticinco ciudades de los Estados Unidos. Para el 6 de agosto se proyectaba en 2.142 salas. Una semana después, el fenómeno ocupó –en simultáneo– las tapas de las revistas Time y Newsweek. Y todo casi al mismo tiempo que la poderosa maquinaria de Hollywood hacía lo imposible por catapultar el nuevo episodio de Star Wars.
El éxito del film de Sanchez y Myrick disparó toda una serie de productos derivados, entre ellos un libro, un álbum de historietas y un cd, cosa llamativa para una película que casi no tiene música. La solución no puede menos que arrancar una sonrisa: el compact-disc de Blair Witch incluye lo mismo que el casete encontrado en el auto de Josh. Tal como en el caso de la página Web, el cd es otra extensión que suma información a la película.
Mientras disfrutan del furor que han provocado, Sanchez y Myrick ya se han puesto a trabajar en un nuevo proyecto: una comedia romántica con toques de humor absurdo en la que rendirán tributo a Jerry Zucker (Y… ¿dónde está el piloto?) y a los Monty Python. Su título provisorio es Heart of Love. También los actores están embarcados en otras producciones. Heather Donahue acaba de actuar en una comedia negra llamada Under the Hammock. En cuanto a Joshua, viene de filmar un cortometraje.
Hace más o menos un año, cuando se habló por vez primera de The Blair Witch Project y el Independent Film Channel puso en pantalla una suerte de anticipo, tanto Joshua como Heather recibieron numerosos llamados de conocidos y parientes; no para felicitarlos, sino para saber si estaban vivos. "Acabo de oír que te moriste", le dijo a Joshua un amigo. Es tan grande el poder de las imágenes que acaso recién en unos meses, gracias a sus nuevas apariciones en el cine, la gente se convenza de que los tres actores de Blair Witch están vivos.
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