
Rolling Stone, único medio argentino acreditado en la Copa Cannabica del Plata, un campeonato tan sibarita como artesanal entre cultivadores de marihuana que se celebró por primera vez en América.
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Veinte selectos competidores. Un punto de encuentro secreto. Un viaje silencioso en un micro colorinche hasta una casa casi abandonada de Buenos Aires. Jurados calificadísimos. Aficionados de 20 a 50 años congregados por un culto sofisticado pero ilícito. Una larga jornada de degustaciones obsesivas y puntajes por olor, sabor y textura. Y hasta un verdadero trofeo grabado para premiar al mejor varietal. Todo eso experimentó el enviado especial de
Rolling Stone, único medio argentino acreditado en la Copa Cannabica del Plata, un campeonato tan sibarita como artesanal entre cultivadores de marihuana que se celebró por primera vez en América. Más cerca de la horticultura que de los típicos discursos pro legalización y la ortodoxia rastafari.
Ummm... ¡qué olor! ¿Quién está fumando porro?", dice uno arrugando la nariz. No es joda, es un cultivador joven pero informado. Y el tipo está enojado: "No prendan porro paraguayo que acá vinimos a catar, ¡loco! Yo vine a tomármelo en serio", rezonga. Y relata cómo él y sus tres amigos llegaron desde Rosario, paranoicos: "Mandamos la marihuana en colectivo y nos vinimos en auto", confiesa. "Pero no pudimos aguantarnos. Así que en el camino nos compramos unas flores."
dos meses de mensajes de texto encriptados y llamadas telefónicas imposibles de rastrear fueron la mejor estrategia para convocar a veinte selectos cultivadores de marihuana casera sin alertar a la "cebra" (la policía, según el vocabulario perseguido hasta las muelas que usan los cultivadores). Un día antes del encuentro, un último e-mail enviado a Rolling Stone especifica lugar y hora de la cita.
Diez de la mañana en Almagro, Perón y Bulnes, tarde para el after-hour. Un Mercedes Benz 11-14 remodelado y pintado con esas coloridas guardas que puso de moda la generación hippona de la baja California lleva, como sentado en un arco iris, a un contingente de herbófilos puntuales rumbo a una casa desconocida en dirección al Oeste de la ciudad, el lugar donde transcurrirá la tercera y más ambiciosa Copa Cannabica del Plata de las realizadas en Argentina.
Nadie habla, nadie -mucho menos- prende absolutamente nada. La escena parece un chiste dedicado a la prensa amarilla. El viaje dura media hora o treinta largos minutos de tensión, desconfianza y comprensible paranoia. Se entiende: son veinte cultivadores con, al menos, diez gramos de cada una de las especies que presentan en el campeonato en sus bolsos o bolsillos. Y aunque se permiten sólo dos varietales por cultivador, algunos llevan más (por si hay que desempatar). Hecha la ley, digamos, llevan encima unas bombas de tiempo y todos (periodista incluido) tienen miedo de inmolarse por nada. Casi nada.
Bajamos del colectivo como con los ojos vendados. La casa está vacía, fría. Es un casco antiguo con más de diez habitaciones que en otras épocas parecen haber cobijado bien a sus dueños y ahora sólo integran una locación alquilable para productoras de cine indie. Todos inspeccionan el sitio como para tomarle confianza y se detienen en el patio.
"El que se quiera ir que lo haga ahora", agita Argentino (27 años) con el estilo directo que lo caracteriza. Y no puede parar de agitar por que todo esto es su responsabilidad: él es organizador y jurado principal de este galardón especial, ante veinte personas que escuchan atentas, en ronda. Sin pronunciar palabra, se miran por primera vez a los ojos que todavía no están rojos. "Hasta las ocho de la noche, de acá, no-se-va-nadie", dice al mediodía. "Estamos todos juntos, seguros. Relájense, intercambien conocimientos, que esto es para eso. Para nosotros."
El agua estancada de la pileta refleja un lindo crisol de caras que le prestan atención a la comisión organizadora (integrada por Argentino y su socio, más los dos ganadores de las copas anteriores) mientras reciben en mano cuatro muestras en bolsitas trasparentes tipo ziplock y las respectivas tarjetas de puntuación donde ellos y el honorable jurado, aportarán su rigor-de-cultivador. "Pero no le pongan: «Pega una bocha», no sean boludos. Califiquen con números del uno al diez", precisa Argentino.
La degustación es compleja: consiste en calificar el olor, el sabor, la textura (presentación, secado, manicurado) y el "mambo" de cada fruto de hemp que fue plantado la primavera pasada y sus persistentes dueños cosecharon entre febrero y marzo de esta temporada 2004. Así que esta tarde, hasta que caiga el sol y llegue la entrega de premios (a las 20 horas, según el cronograma pautado), todos se van a dedicar (casi) exclusivamente a eso.
Pánico y locura en Floresta Destacar el celo de estos "catadores" es más que importante. Al menos para todos los que están en esta reunión con estirpe de convención. El organizador advierte: "Estos son todos muy apasionados, les tocás la plantita y te matan. Cuando empecé, pensaba que yo era el único. Después me di cuenta de que estaban todos enfermos. El 80 por ciento de la gente que está acá es gente que fuma marihuana artesanal. Y eso es algo que, aunque no muchos lo saben, no tiene nada que ver con el porro comprado".
El rosarino abre su tupper. "Acá está mi hija", dice metiendo la mano y me la presenta: "Se llama Blue Berry. Es una cruza entre una Sensi Skunk, del banco de semillas holandés Sensi Seed, y una Blue." No, no habla de uvas pero si de variedades: Sensi Seed es justamente una bodega pionera de las semillas de skunk, una variedad índica que está en casi todos los híbridos. "Y mi Blue es de Good House y nació en 1970. Estuve leyendo un poco el historial por si gana. Acá no podes decir: «Y... ésta es una semilla que saqué de un pedazo. Le puse Marianita»", se ríe. "Te cagan a trompadas."
Esta es una elite. Una cofradía que se corresponde con la apertura mental de las personas que la integran. Gente de entre 20 y 60 años que cultiva sin fines de lucro. "El cultivador casero lo hace por una satisfacción personal; esto es comparable con catar vinos y esa historia. No es un grupo de cabezas haciéndose mierda las neuronas en la esquina", dice otro. Para ellos, fumarse un porro en la vereda es como para un sommelier tomar un tetrabrick tirado en la esquina. Por eso toman distancia de los usuarios a los que poco les importa lo que están fumando (mientras "pegue", claro) y hasta de las organizaciones que intentan conseguir una banca en el Congreso para seguir desde ahí el combate en favor de la despenalización de la tenencia de estupefacientes para uso personal.
Argentino dice por qué. "¿No te diste cuenta de que todos los que estamos acá no tenemos nada que ver con la marcha [por la Million Marijuana March]? Entonces algo mal está haciendo arda [Asociación de Reducción de Daños de Argentina, los organizadores de la marcha]", cavila. "La gente que va a la marcha no entiende nada. Está bien que lo disfruten, pero no saben ni qué están fumando, no les importa la marihuana. Y la organización está re equivocada. Porque poner a Intoxicados para que cierre un festival pro-legalización es como darle un choripán a un cabeza para que te vaya a votar."
Así volvemos al encuentro de estos apasionados de un hobby prohibido que, en definitiva y antes de los efectos, se parece más a una reunión de filatelistas que a una asociación ilícita. Son personas sobreadapatadas. Están los veinte cultivadores en competencia, los jurados, los organizadores, los invitados, el periodista y el fotógrafo. Estudiantes rebeldes e ilustrados, profesionales tan intachables como obsesionados con "la planta", padres libertarios pero responsables...
Manual del sibaritaUna fragancia a zorrino asalta el aire como el perfume de dama más raro y exquisito. El aroma es de un porro especial, no de un porro cualquiera. El varietal se llama Black Domina y es una sativa pura, afgana, potente. Una extraña especie para estas latitudes. El dueño afirma: "Yo empecé a plantar porque no me quedó otra. Por más que una ley absurda diga que no puedo lo voy a hacer igual. ¿Encima voy a fumar un porro paraguayo con gusto a culo? Porque tienen gusto a culo... es la verdad. Fumar uno de estos es una delicatessen".
A Pochoclo, como buen jardinero, su devoción lo llevó a bautizar su mejor planta: "Yo a esta le puse Néctar. Y la traje para que todos puedan disfrutarla". Su Néctar, aclara, es una White Russian. La auténtica reina de las cepas canábicas, hija de un brasilero sativo (White Widow) que se casó con una afgana índica de estirpe tradicional (ak-47).
Argentino también tiene su propia variedad en carrera. Por una cuestión cuasi geográfica le dice La Salguero. Es una planta verde muscínea con una cantidad de tricomina que protege la flor. Cuando él la saca con cuidado de la bolsita... encandila. La "caspa mágica" brilla increíblemente. Argentino rememora los comienzos: "Eramos cinco personas que se conocían, se juntaban a catar los cogollos y empezaban con las peleas típicas de que «el mío es mejor que el tuyo» y todo eso. Entonces dijimos: «Vamos a ponernos serios, a poner una tarjeta de evaluación y a calificar seriamente sin saber cuál es de cuál»". Al año siguiente ya eran once cultivadores y un total de veinte personas. Y este año tienen el auspicio de Cáñamo y Yerba, las dos revistas del género con mayor distribución en los países de habla hispana, y Cannabiogen: "Es uno de los mejores bancos de semillas de España. Nos mandó euros para cubrir el presupuesto y semillas para los tres primeros puestos."
"Mambología", de Los Umbanda de la Turka, sale por los parlantes y resume la teoría que sobrevuela como humo esta reunión: "Me obsequia unas flores de su jardín/ que hace meses cuida del viento y las hormigas/ Cultiva tu hierba porque no necesitas/ de los narcos oscuros que se quedan con tu guita".
En el patio florece el intercambio de información. Gente Que No, otro cultivador con amplias posibilidades de llegar al podio, cuenta dónde puso este año sus semillas: "Yo las planté en el patio de la casa de mi mamá. Y crecieron como dos metros... Ahora es mucho bardo. Así que encontré un solución: voy a plantar en la casa de mi abuela".
Los dos grandes problemas del cultivador son tan simples como complicados: el lugar para plantar y las benditas semillas (que además tienen que ser de plantas hembras, porque el macho "no pega"). Argentino atestigua: "Acá la gente está buscando genética. Está harta de que le digan «ésta es buena» y después no sirva para nada..."
Pochoclo se desvela: "Este año puse sólo una macetita. Pero igual había veces en que no me podía dormir por tener una plantita en mi casa. Sabés cuáles son las posibilidades, ¿no? Si caés en cana, lo mínimo que perdés es tu libertad. Hay veces que la paranoia te ataca, porque es muy heavy si te llegan a agarrar. Yo me decidí a participar anoche; ahora estoy acá y pienso: «Boludo, estamos todos regalados, re-entregados». Pero me gusta tanto hacerlo, que todo el amor que le doy a la planta me hace avanzar. Existe una conexión entre mis plantas y yo. Hay veces que me paso una hora mirándola. Y sé que no va a crecer en una hora, pero me atrapa, es como mi cable a tierra".
Cultivador prodigio del Norte bonaerense, Pochoclo devela la fórmula que hace que los cogollos de sus plantas parezcan... pochoclos, justamente. "Me gusta que queden crocantes por fuera y húmedos por dentro. Así que cuando levanto la cosecha sólo dejo las flores porque, si no, la hoja los achica. Saco toda la ropa de mi placard y las cuelgo en un lugar oscuro y fresco.
-¿Cómo comenzó tu carrera como agricultor? -le pregunto con buen ojo al que, ocho horas después, se llevará la Copa a casa.
-Cuando tenía 17 años viajé a los Estados Unidos, a Virginia. Quería fumar y me consiguieron una lechuga verde que, cuando la vi, dije: "Esto no sirve para nada". Jamás había visto las flores de una planta de marihuana en mi vida. Estaba acostumbrado al paraguayo prensado en piedra que venden acá. Encima no me dieron nada. Por 50 dólares me llevé una bolsita de 3 gramos, una cagada... Pero cuando lo fumé tenía un olor a bosque increíble. Esas flores me resultaron muy expectorantes. Y yo, que siempre tuve espasmos bronquiales, desde que fumo los cogollos, me agarran una vez por año como mucho. También tuve problemas por ir a comprar porro a la villa o hacer esas movidas que nunca me gustaron.
-A mi las semillas no me cuestan ni un centavo- interrumpe Gente Que No y continúa con su declaración de principios. "Bah... a nadie le cuestan nada, obviamente las tira la planta. Lo que hacemos, además de comprarlas, es intercambiarlas. Yo me chamuyé a varios bancos de semillas europeos. ¿Por qué? Porque en Europa la índica que a nosotros nos gusta tanto, que nos anestesia, ellos la detestan. Y adoran la sativa, que se cultiva en el Norte de Argentina. Así se da el truque entre cultivadores.
-¿Qué tal las muestras de esta Copa?- le pregunto a Pochoclo, el inminente campeón que guarda en su mochila la Black Domina que perfuma el encuentro y una White Russian, peligrosa para el resto.
-Una estaba buena, la otra más o menos y las otras dos estaban malísimas; todas llenas de hojas. No muchos se tomaron el tiempo de manicurarlo bien, como corresponde. Yo, al momento de venir, agarré mis mejores cogollos y los manicuré bien.
Para eso estamos acá, ¿no? "La única diferencia entre un chabón que se detiene a mirar estampillas, uno que disfruta el vino y uno que se junta con gente a degustar un porro, es que para la Ley 23.737, una cosa es legal y la otra no", dice un cultivador cuarentón y eximio en el que vale la pena detenerse. En verdad, es el que menos da con el target chalón y habla con precisión: "A veces veo en la tele a tipos hablando de habanos y saben un montón. Pero yo me prendo un habano y me doy cuenta que es diez veces más feo que un porro. Con la marihuana vos estás fumando algo con un gusto a fruta, a naturaleza... Sabores muy especiales que no los podés encontrar en otras cosas. Los gustos pueden ser cítricos, frutales o como le llamamos nosotros, zorrinozos".
-¿Son sommeliers neuronales?
-Yo siento que es algo que va en serio. Este es un hobby y a todos los que estamos acá nos encanta fumarla. La mayoría se preocupa por saber bien el gusto, armarlo bien, olerlo bien y apreciar la textura. Sabemos que, gane quien gane, como en las degustaciones de vino, el mejor varietal es el que más nos gusta, sencillamente. Y la idea no es quedar re locos, sino disfrutar de nuestra cosecha.
Capitanes de la industria "Ahora Europa está mirando para acá", dice Argentino. "Yo a la Copa la veo más que como la lucha de los drogones contra el narcotráfico, como un lugar donde se puede gestar una mini industria que no está explotada. De todo tipo de artículos para la boutique del fumador, como en Europa. Me parece que se puede explotar ese costado. Ese es un sector industrial chiquito, pero va desde los bancos de semillas hasta Pikachus para moler el porro."
La financiación de la Copa del Plata corre por cuenta de esos pioneros industriales del rubro con varias pymes que tienen su stand. Como Pulpot, la empresa joven y nacional que, con fibras de hemp, fabrica ojotas, zapatillas y pulóveres de cannabis. También está Smoking, que no sólo tiene un puestito, sino que -siendo sólo una marca de papel para fumar- es tan importante que tiene un voto como jurado. Lugar preciado.
La inscripción costaba 20 pesos y el cultivador venía con un acompañante. O sea que con esa plata se pagaba la comida. "Lo demás es un regalo del cielo, es increíble", dice otro de los organizadores.
Herbívoros y carnívoros Nada de ortodoxia rastafari. Llega la hora del almuerzo y la cola hasta la parrilla personifica la gula. El dopádromo fue abandonado por veinte kilos de asado que se doran al fuego mientras sesenta personas se relamen. Nadie habla del Rey Salomón en cuya tumba los profetas de la religión Boboashanti aseguran que creció por primera vez la hierba santa. Mucho menos de Haile Selassie I. Bah... en realidad no se habla de nada. Los que buscan condimento herbal en los platos fríos se decepcionan. Lo único que tiene porro en este almuerzo es el poco ortodoxo chimichurri. Comer, fuerte, carne, sirve: para el apetito... Con la panza llena y el cerebro contento, este Cannabis Social Club está listo para seguir con el evento. Al borde de la pileta, donde pega el solcito mientras los jugos gástricos hacen la digestión y sonríen, algunos empiezan a catar un par de muestras más.
La organización propone un par de juegos ("Campeonato de armado de faso") pero fracasa. La charla sobre genética que estaba programada no se realiza porque el eximio cultivador que iba a brindarla nunca llega. Se propone una charla abierta pero, después de probar más de diez especies, todos la dejan pasar.
De a poquito se pone frío. Cae el sol y la gente se va adentro. Los cordobeses tocan percusión sobre el tecno social de Stimulation. Así se quedan durante horas amenizando la espera de los resultados. Argentino pone un avance del documental que está preparando sobre la despenalización de la tenencia para los cultivadores de marihuana. Además de organizador, es batero punk, productor-guionista y algunas otras cosas. Para hacerla corta, es de todo menos activista de la cannabis sativa. "Porque este país está lleno de activistas que no activan. Van a lo de Grondona, a lo de Lanata; les pagan 500 pesitos y al final no hacen nada. ¿Por qué no hacemos un debate serio? No quiero ver ni a un Orge ni a una Alicia Castilla. Nosotros no somos eso.
-¿Y qué son?
-Somos sibaritas... No luchamos contra el narcotráfico. Nosotros ya lo vencimos. Fumamos de nuestra plantita. Que, dejando la modestia de lado, es siempre la más natural y la más rica.
Llega el chocolate caliente como por arte de magia. La organización se porta muy bien, muy profesional. Algunos se duermen mientras cae la lluvia y se acerca la hora. Sam, activista, colaborador de arda y dueño del bar explícito María Libre habla sobre lo que pasó en la fallida marcha de este año (que el gobierno porteño abortó el 2 de mayo pasado, en el Rosedal de Palermo) y pone un informe que arremete con una voz en off: "En el total de causas de detención por tenencia, el 97,8 por ciento de los implicados no había sido encarcelado con anterioridad. El 97,3 no estaba cometiendo otro delito, el 90,8 no tenía armas en su poder y el 87 por ciento tenía en su poder cantidades inferiores a los 5 gramos de droga."
"Yo estoy convencido de que es legal y, si vienen a buscarnos, se los voy a demostrar", recusa Argentino y plantea el dilema. "No hay plantas, hay semillas: 20 como mucho. Porro... a lo sumo tenemos 5 gramos cada no. Hay menos droga que en cualquier boliche jueves, viernes, sábados o domingos. Esta la voy a pelear a muerte porque para mí, la cata y la degustación son legales", asevera cebado mientras mantiene en línea a su abogado. En la memoria de su celular también guarda los números de dos escribanos y hasta del ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, "por si pasa algo".
¿Por qué tanta persecución? "Porque «ellos» saben que hasta Alaska no hay una puta Copa. Es obvio que lo van a querer parar."
La mejor flor Se abre la puerta de un cuarto verde oscuro. Sale el jurado desorbitado, pero con los resultados. Argentino encabeza la comisión y, mientras se amuchan los participantes, dice: "La decisión costó, estuvo difícil. El final fue muy peleado entre cinco muestras. Pero acá están los resultados". Todos escuchan. Pero no están nerviosos. Están relajados porque, para ellos, a pesar de que hay una copa en juego, cualquiera de los tres primeros puestos tiene el mismo premio: "Unas semilas re copadas", tres sobres con semillas Destroyer, una cruza sativa, pura y con ascendencia Tai. Los señores del jurado, muy correctos, dan comienzo a la entrega de premios.
"El segundo puesto es para la muestra 36: Criadero Mal Obra".
El competidor no puede ni contestar. Argentino sigue: "La variedad es una Jack Flash. ¿Puede develar el tamaño?" El cultivador se pone de puntas de pie y estira los brazos.
Aplausos.
"Y el primer puesto es para la muestra 50: la White Russian de Po-cho-clo."
"Nunca gané nada en mi vida… Sentí cómo me late el corazón. Me parece que tengo taquicardia", son las únicas palabras que le salen al ganador. "Bueno, muchas gracias a todos por animarse a venir, por animarse a competir", complementa Argentino, que de paso acota que estas plantas fueron cultivadas outdoors (a la intemperie). Los participantes y los invitados se van de a uno o de a dos. Por separado. Casi en tandas, para no llamar la atención de los vecinos y de "la lancha" (por el móvil policial) de la cuadra. Pero se despiden, cófrades al fin, con un grito de guerra que espanta fantasmas: "La onda es copar los baldíos".
Competencia de alto vuelo
Cada uno de los veinte cultivadores invitados a participar le entregaba al jurado una selección de su material. Este lo fraccionaba en bolistas preservando el anonimato y la imparcialidad. Después comenzaba la evaluación, según estrictas categorías. Los especialistas dedicados a la cata ponían especial atención en la forma del fruto, en el perfume pero también en la intensidad del "mambo".
Puestos de humo
Como en toda convención de especialistas de alguna disciplina, en la Copa había stands de marcas, pymes asociadas al evento. Ahí estaban los vendendores de bilbiografía, los diseñadores de productos a base de hemp y los distribuidores de papeles para armar.





