
La comedia, según Rejtman
El director argentino habla de su nueva película, estrenada el jueves
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Para alguien como Martín Rejtman, que se tomó más de una década en volver a dirigir un proyecto propio (su último largometraje, Los guantes mágicos, es de 2003 y en el medio filmó un par de encargos), los últimos meses fueron de un vértigo, de una intensidad inusitada. Es que desde que en agosto último estrenó Dos disparos en el prestigioso Festival de Locarno este precursor y patriarca del Nuevo Cine Argentino no paró de viajar: "Locarno, Toronto, San Sebastián, Vancouver, Belo Horizonte, San Pablo, Río de Janeiro y Nueva York en menos de dos meses", enumera el realizador -cual si fuera un agente de turismo- a horas de su lanzamiento en las salas comerciales argentinas.
Más allá de que las reacciones fueron muy positivas entre programadores, críticos y público en general, Rejtman rescata, sobre todo, la reciente presentación en el Festival de Nueva York: "Encontré una audiencia en la misma frecuencia que la película y tuve dos buenos comentarios en The New York Times. En el Lincoln Center de Manhattan, también coincidió que vinieron muchos amigos a la primera de las funciones, entre ellos varios de los que participaron en Silvia Prieto: la directora de fotografía, una de las actrices, la jefa de arte, la asistente de dirección en la primera etapa... Y eso le dio a la proyección algo diferente. También allí es donde estudié cine e iba mucho a ese festival como público. Cuando presenté la película, comenté que me había formado en Nueva York y que era hora de comprobar si había aprendido algo... o no", indica en diálogo con LA NACION.
Tras dos trabajos concebidos en principio para la TV, pero que tuvieron un amplio y elogiado recorrido por festivales, como el documental Copacabana (2006) y el mediometraje experimental Entrenamiento elemental para actores (2009), codirigido con Federico León, Rejtman regresó con la película más ambiciosa (en dinero invertido, en duración, en cantidad de personajes y en locaciones) de su carrera.
El film, que navega en medio de ese indescifrable y contradictorio universo rejtmaniano siempre tan agridulce y tragicómico, arranca con una situación límite (el intento de suicidio de un adolescente de 16 años sin motivo aparente), pero luego deriva hacia situaciones bastante más ligeras. "Salvo en el caso de Los guantes mágicos, en la que trabajé algunos elementos graciosos de manera más consciente, siempre voy contra la comedia. Por eso, busqué como punto de partida la situación más trágica posible. Sin embargo, terminé cayendo en mi propia trampa, ya que de a poco la película se va impregnando de humor y eso va ganando terreno. De alguna manera, la comedia siempre me encuentra. Al mismo tiempo, uno no se olvida de ese principio, hay algo de ese malestar inicial que se mantiene durante el resto del film", admitirá en la charla.
Bastante antes de que el Nuevo Cine Argentino de Pablo Trapero, Israel Adrián Caetano o Lucrecia Martel surgiera entre mediados y fines de los años 90, Rejtman ya había estrenado en 1992 Rapado, una de las películas por entonces menos vistas, pero luego más influyentes para decenas de colegas del por entonces incipiente movimiento. Mientras ésos y otros directores más jóvenes construyeron una carrera con fuerte apoyo industrial en la búsqueda de un público masivo, Rejtman siguió cultivando el perfil bajo y mantuvo un lugar bastante lateral en la escena local, con una carrera no demasiado prolífica y alternando siempre con una también muy interesante producción literaria.
De hecho, Dos disparos surgió casi en simultáneo (y con no pocas ligazones) con Tres cuentos, el último libro de relatos publicado de Rejtman. "En literatura o en cine, siempre estoy en busca de nuevas narraciones con la idea de escaparles a las resoluciones convencionales. Quiero que mis historias fluyan con libertad, no me interesa cerrar las historias, darles sentido, prefiero arriesgar y no buscar la empatía fácil. En cuanto al guión, también es muy literario, respeto siempre los diálogos y soy muy obsesivo con los encuadres", explica.
Como buena parte de los artistas contemporáneos, Rejtman parece bastante desconcertado ante las nuevas formas de consumo: "Lo que más me llama la atención es que no hay soporte. Murieron el DVD, el Blu-ray... Uno se encuentra borrando la filmografía de Hitchcock porque se quedó sin espacio en el disco rígido y lo necesita para un episodio de... Homeland. Eso no puede ser... [risas]. Con respecto al público, ya no espero demasiado. Es cada vez más limitado en salas y en festivales, aunque tengo la sensación de que se va ampliando con el tiempo, cuando las películas se empiezan a consumir en otros formatos. Hoy me encuentro con que tengo muchos fans en Chile o en Nueva York, y esa relación se construyó con los años".





