La comedia viaja en Ford
La Nación entrevistó en Hawaii a Harrison Ford, protagonista de "Seis días, siete noches", una comedia romántica que se estrenará el jueves en la Argentina, en la que el actor comparte responsabilidades con Anne Heche, pareja en la vida real de la actriz Ellen DeGeneres.
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MAUI, Hawaii.- "Temo ser incapaz para una tarea que decida emprender. Temo que en algún momento falle mi imaginación. Temo desilusionar a los demás. Temo no estar a la altura de determinadas circunstancias. Lo que más temor me dan son aquellas cosas para las que pueda no estar preparado." Quien desempaca ese catálogo de miedos personales, en un salón del hotel Four Seasons de la isla de Maui, en Hawaii, no es otro que Harrison Ford. El mismo que ha derrochado coraje en "Indiana Jones", "La guerra de las galaxias", "Enemigo íntimo", "Testigo en peligro" y en "Seis días, siete noches", que se estrenará el próximo jueves en Buenos Aires.
La piel enrojecida sobre el perenne bronceado que lo caracteriza, da muestras de que Ford ha aprovechado el viaje de promoción de "Seis días, siete noches" para disfrutar de la playa. Se lo ve más relajado que en el encuentro que mantuvo con la prensa internacional, en julio del año último, para el lanzamiento de "Avión presidencial" en la ciudad de Los Angeles.
Seguramente esta isla apartada del ruido de Beverly Hills se le antoja más confortable. O quizá le resulta más cómodo referirse al papel de piloto de avión que interpreta en esta comedia romántica dirigida por Ivan Reitman y coprotagonizada por Anne Heche, que hablar del presidente norteamericano que encarnó en aquel film de Wolfgang Petersen.
"Hazte fama y échate a dormir". En el mundillo de Hollywood esa máxima parece ser un axioma y es evidente que el atractivo Harrison se ha hecho fama de ser esquivo con la prensa. Un periodista se lo hace saber y él retruca con un golpe de pragmatismo: "No, considero que eso es parte de mi trabajo. Siempre lo entendía así. Sólo doy notas cuando tengo algo sobre lo cual quiero atrer la atención del público. Nunca hablo con los medios sobre temas personales".
A decir verdad, el método le da resultado. Su vida privada consigue conservar cierto bajo perfil. Apenas se sabe que vive en la localidad de Jackson Hole, en el Estado norteamericano de Wyoming, junto con su esposa, la guionista Melissa Mathison y sus cuatro hijos, a los que trata de mantener alejados de la bulimia mediática. Pero ahora está en unos de esos bretes en los que quiere llamar la atención de los espectadores.
Esta vez, su tarea promocional se centra en Quinn Harris, un piloto de carga que, tras una desilusión amorosa, lleva una existencia sin sobresaltos en Hawaii. El personaje se gana la vida volando de una isla a otra hasta que el guión de "Seis días, siete noches" lo cruza con Robin Monroe (Anne Heche), editora de una revista de Nueva York. La muchacha había llegado al paraíso tropical de la mano de su novio Frank Martin (David Schwimmer) en plan de vacaciones. Pero, gajes del oficio periodístico, un golpe de teléfono de la directora de la revista la obliga a trasladarse a Tahití. Como no podía ser de otro modo, Robin convenceaQuinn para que la lleve hasta allí. Por causa de una tormenta, aterrizan en una isla desierta donde enfrentarán mil y una dificultades, incluida la de vivir un romance inesperado.
¿Dónde está el piloto?
Dice el material de prensa del film que los actores y el equipo tuvieron que hacer un enorme esfuerzo físico durante el rodaje, que llevó tres meses de trabajo en Kauai -la isla más antigua del archipiélago-, y otro tanto en Los Angeles.
En lo que a él respecta, Harrison Ford minimiza el sacrificio. "Esta película parece ser física, pero eso no fue lo más trabajoso -opina-. Correr, saltar e incluso caer al suelo es algo que haría gratis. Para mí eso no es un problema. Este es un film que tiene algo de acción, pero no es definitivamente una película de acción como era, por ejemplo, "Avión presidencial". Esta es ante todo una comedia romántica." Apasionado de la aviación en la vida real, Harrison Ford piloteó personalmente el aparato utilizado para la filmación. "Normalmente mi trabajo consiste en hacer como si supiera algo sobre determinado tema. Pero en el caso del piloto que interpreto en "Seis días, siete noches" no tuve nada que simular." Cuando le preguntan si la compañía aseguradora tuvo inconvenientes en que él corriera el riesgo de pilotear el viejo De Havilland Beaver, el actor desenfunda una certeza adquirida en su trayectoria de megaestrella de Hollywood. "No, no tuvieron problemas -responde-. Las compañías de seguros funcionan de un modo muy simple: si uno les da dinero, ellas le dan una oportunidad. Y si llegan a decir: No quiero darle una oportunidad , lo que en verdad quieren significar es: Quiero más dinero . Es así de simple. En este caso no tardaron mucho en convencerse de que yo tenía la habilidad necesaria como para pilotear el avión."
Placer en el aire
La fascinación de Ford por pilotear aviones despierta la curiosidad ajena. ¿Qué extraño placer buscará el bueno de Harrison en las alturas que no pueda conseguir con los pies sobre la tierra?"Me gusta adquirir nuevas habilidades y me entusiasma practicarlas-contesta-. Me gusta sentirme responsable de mí mismo y de mi seguridad. Me gusta la libertad del vuelo. Me gusta contemplar al mundo desde una perspectiva visual reinventada. Me gusta ir a los lugares donde sólo se puede llegar con aviones pequeños. Me gusta la gente que encuentro en el mundo de la aviación. Me gustan los otros pilotos. Me gustan los aviones en sí mismos." Puesto a hablar de gusto, no falta quien se interese por sus preferencias en cuanto a marcas de ropa. "Esta es la camisa que uso en la escena final de "Seis días, siete noches", dice como al descuido. No sabe de qué marca es, pero le pide a un periodista que está sentado junto a él que se fije en la etiqueta ubicada en el interior del cuello de la camisa azul. La prenda resulta ser de Banana Republic. A Ford el tema no parece quitarle el sueño. "Me gusta la calidad; no las marcas. Me gusta el buen diseño, pero no estoy muy interesado en la moda", declara.
Se dice que Harrison Ford no trabaja por menos de veinte millones por película y, en muchos casos, participa de las ganancias de los productores. ¿En qué le entusiasmará gastar dinero a este hombre imperturbable frente a las tentaciones de la ropa fashion? "Me gusta gastar dinero en la arquitectura, invertir en el lugar que habito -explica-. Eso me da mucho placer porque esa casa es algo que mi mujer y yo construimos de la nada. Yo la diseñé, yo supervisé los trabajos y juntos elegimos cada una de las cosas que hay en ella. También me gusta gastar en comprar motos."
A pedido del público
En Hollywood, el éxito se mide con dos varas:la taquilla y los premios Oscar de la Academia. Peso pesado de la boletería -baste recordar fenómenos como "Star Wars" y la serie de "Indiana Jones"-, Harrison Ford fue nominado para el Oscar por su interpretación del detective urbano lanzado al mundo de los Amish en "Testigo en peligro". Cualquiera diría que sueña con el día en que la estatuilla vaya efectivamente a parar a sus manos. Pero, él lo niega. "No estoy interesado en los premios -dice-. Si sucediera, sería lindo. Pero no voy en busca de ese tipo de reconocimientos. Para mí, lo mejor y lo más estimulante es que la gente aprecie mi trabajo." Una vez más desmiente aquello de que "Indiana Jones" atacará de nuevo. "No hay ningún guión para la próxima parte de "Indiana Jones". Eso es sólo un rumor", insiste. Su próximo trabajo será para Sydney Pollack en un film que llevará por título "Random Hearts". Y dice Ford que a la hora de evaluar propuestas, pone en juego una determinada escala de valores."Lo que busco es una película en la que pueda hacer algo diferente de lo que ya hice, que sea interesante y que yo crea que puede gustarle al público", cuenta.
Un contador de historias
Claro que no siempre lo que puede interesarle a un actor coincide con el gusto del público masivo. Cabe preguntarse si ante esa disyuntiva, Ford sería capaz de renunciar a un proyecto que a él le resulte atractivo, pero que imagine alejado del gusto popular. "Sí, renunciaría al proyecto -contesta-. Si una película me interesa a mí, pero me doy cuenta de que no despertará interés en los demás, no la hago. Es muy caro. Este es mi negocio. Estoy muy feliz de poder admitir que para mí es un negocio. Por eso trato de estar a la altura de este servicio.
"Soy un contador de historias -agrega-. Mi tarea no tendría ningún valor si me empeñara en contar historias que la gente no quiere escuchar. Eso no quiere decir que con cada cosa que hago tenga que sentir que estoy golpeando en la vena principal de la cultura popular. Es simple: sólo quiero enganchar emocionalmente al público del modo más profundo posible. Pero no quiero ser responsable de la gran inversión de dinero que implica producir una película si se trata de algo que sólo despertará mi interés personal. Quiero hacer películas para el gran público."
No parece tarea fácil la de dar en el blanco de los deseos del gran público. ¿Se guía, acaso, Ford por los estudios de marketing a los que tanto suele atender la industria cinematográfica norteamericana? "No, no creo en nada. Me guío por mi instinto", asegura el actor.
Confesiones de casado
Antes de concluir el encuentro en Hawaii, Harrison Ford tiene que poner su ingenio al servicio de una de esas preguntas de stock. ¿Con quién se iría gustoso a una isla desierta?, le dispara un cronista. "Sería un tonto completo si no contestara que llevaría a mi esposa", contraataca el actor.
"Esa sería mi primera elección. Pero es raro imaginarse a uno mismo en semejante circunstancia -agrega-. Cuando uno ha estado casado durante veinte años, a veces no encuentra muchos temas nuevos sobre los cuales conversar."
Sin aspiración de ser director
MAUI, Hawaii.- Respecto de su labor en "Seis días, siete noches", Harrison Ford asegura que fue "tan feliz como con las otras películas" que hizo, y exhibe cierto escepticismo con el que convive pacíficamente. "Nunca espero quedar completamente satisfecho con los films en los que trabajo, porque soy consciente de que no todo está bajo mi control -comenta-. Trato de influir lo más que puedo en la dirección en la que creo que algo debe ir. Después, si no funciona, ya no puedo hacer nada." Al hombre al que le gusta pilotear aviones para sentir que tiene todo bajo control y al actor que trata de marcar el rumbo que deben tomar las películas no debe resultarle muy placentero el momento de obedecer las órdenes de los directores en el set. Más aún, cualquiera podría imaginar que tarde o temprano Harrison Ford terminará dirigiendo cine.
Con respeto
El, sin embargo, lo niega. Dice que no está hecho de la madera necesaria para ser realizador. Pero, nobleza obliga, admite que en la medida de lo posible trata de hacer oír su voz más alto de lo que le permitiría su oficio de actor. "Siempre tengo la expectativa de poder ejercer una gran influencia sobre el director- acepta-. Siempre espero que mis opiniones sean respetadas. Para eso, trato de no involucrarme con gente que siento que no será respetuosa de mi trabajo."
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