
La cultura de la nostalgia
No hay caso. La nostalgia es una característica netamente argentina. Tanto como el dulce de leche o la birome. Y como el tango, claro. Siempre estamos de regreso en esos lugares que nos dieron abrigo. Pero esas vueltas no son, según lo vivimos, "con la frente marchita". Hay, en cambio, cierta disposición festiva, cierto sentimiento de recuperación de eso que se perdió en el tiempo, como si las cosas no se fuesen para siempre.
Vuelve Sui Generis, ya lo sabemos, con álbum nuevo y todo. Y regresa también Serú Girán, si bien no es un regreso con material nuevo que justifique (como en 1992) una reunión con conciertos en estadios que, de paso, les dé buenos réditos económicos a los músicos. Este retorno de Serú se da a través de la recuperación del registro en vivo de unas presentaciones que el grupo de Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro realizó en la Navidad de 1981 en el Coliseo. Tiempos de "Bicicleta", de la bicicleta económica y de la última dictadura militar controlándolo todo.
Serú es (obviemos el regreso en River en los 90) aquella banda que representa todo un momento para los "jóvenes de ayer", los hombres "maduros" de hoy.
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¿Por qué Serú Girán? ¿Qué significa esta especie de regreso? Pedro Aznar tiró una bomba. No es para menos. No por casualidad Serú se ganó el mote de "los beatles argentinos". Fue el supergrupo autóctono que no sólo representaba, resumía y graficaba la realidad joven de su tiempo, sino que sonaba cada vez más cerca de la perfección. Charly, en un momento creativo exuberante; David, con la voz intacta y una guitarra que no renunciaba al espíritu del rock and roll que absorbió en los años 70; Pedro, que nota a nota demostraba ser el músico argentino de origen rockero mejor preparado técnicamente para mostrarse al mundo, y Moro, convertido en una máquina infernal que sostenía los delirios armónicos del bajista.
Vamos a poder escuchar a Serú en su mejor momento. Ojalá el álbum llegue sin que las cintas sean demasiado retocadas (como pasó con la grabación despedida en Obras, "No llores por mí, Argentina") y todo suene más natural. En fin, que sea como fueron ellos: un lugar de vuelo y energía que impactaba fuertemente cada vez que subían a un escenario. Ojalá "Yo no quiero volverme tan loco" suene como lo guarda la nostalgia. Ojalá sepa defender el buen recuerdo por sobre el buen nombre.
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