
La danza silenciosa
Tres coreógrafos marcan algunas tendencias de fin de siglo
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Una gran parte de nuestra danza puede ser considerada "off " por lo experimental y por los mecanismos de producción. En esta nota se revela el arte que nace de los sótanos y que entrecruza géneros tan disímiles como el video, el teatro, la plástica y la computación.
Cuando se piensa en danza, los primeros nombres que vienen a la mente suelen ser Nureyev, Barishnikov, Plisetskaia, o los astros vernáculos Julio Bocca, Maximiliano Guerra o Eleonora Cassano. Mágicos artistas, sin dudas, ellos son los responsables de haber llevado la danza al conocimiento masivo transformándola en un hecho mediático sin precedentes.
La danza de fin de milenio es como un iceberg que sólo muestra un pequeñísimo segmento de lo que en realidad tiene para dar. A pocos años del 2000, este arte milenario se ha apareado hasta el hartazgo con la plástica, el teatro, la acrobacia, e inclusive con los medios audiovisuales producto del cual, nació su hija más reciente: la video-danza. Todo esto en los sótanos, porque la danza, en nuestro país, salvo conocidas excepciones, creció de espaldas a los circuitos artísticos comerciales. Hoy por hoy, una gran parte de nuestra danza puede ser considerada "off" por lo experimental y por los mecanismos de producción. Es decir, nada de dinero para promoción, poco para vestuario e iluminación, pocos espacios físicos para la puesta en escena, y un público seguidor y entusiasta pero que se reduce a los mismos bailarines, los parientes y un pequeño grupo de entendidos o fanáticos. Este mes, Buenos Aires, contará con la presencia de tres artistas que representan distintos momentos en la búsqueda experimental, y diferentes miradas de un arte que sólo se comprende a partir de la propia sensibilidad.
Las búsquedas de Mey-Ling Bisogno
Esta joven venezolana se formó como bailarina en Nueva York, partiendo desde la danza clásica, luego de haber aprendido todo tipo de técnicas. Desde hace tres años y medio reside en Buenos Aires y desde entonces ganó la Bienal de Arte Joven del ´96 y fue premiada en el Festival Internacional de Video-Danza del mismo año. En el Centro Cultural Ricardo Rojas, estrena "ArtoBA", producto de un largo trabajo con su propia compañía de danza.
"Mi nuevo espectáculo se subtitula "Danza-teatro de exceso" porque allí es donde experimento." El espectáculo está compuesto por tres obras: "Pipping Toms", que se refiere a un voyeur, está trabajado a partir de la danza contemporánea. El segundo es un video-arte de ocho minutos, y el tercero se denomina "La caverna de Sebastián": un espectáculo multimedia que se trabaja con una cámara en vivo, un montaje coreográfico y una puesta en escena".
Un camino para Teresa Duggan
Duggan es bailarina, coreógrafa y docente. Se formó en Buenos Aires, con Ana Itelman y en EE.UU. Desde hace diez años formó su propia compañía, el Duggandanza. Desde el principio estudió técnica conjuntamente con improvisación y composición coreográfica, lo que la convirtió en bailarina y creadora. "Me interesan varios lenguajes en la danza -dice-. A veces el movimiento puro, y otras, una coreografía que tenga cierto argumento".
El 18 de septiembre en el Centro Cultural San Martín, presentará un espectáculo -que también integrará el Festival Internacional de Teatro-, y que se compone de tres obras. La primera se llama "Ático", y propone investigar a partir de la luz. Trabaja con distintos artefactos: desde lámparas colgadas en el techo hasta lucecitas de colores en el piso. La experiencia es como subir a un altillo, y en lugar de encontrarse con sombreros viejos, descubrir haces de luz. Cada uno de ellos evoca un recuerdo que crea diferentes atmósferas. El siguiente, "Número cerrado" es un dúo en el que se investiga a partir de los puntos de apoyo entre los bailarines, en el espacio o en el piso configurando lo que se denomina danza acrobática. El tercero, "Caireles", no tiene un argumento, sino que se basa en la frescura, en el placer del puro movimiento.
La danza computada
Mark Baldwin llegó a nuestro país para poner en escena "Vespri", su obra que será danzada por el Ballet Contemporáneo del TGSM que dirige Oscar Araiz. Nacido en las Islas Fidi, en Nueva Zelanda, de su extensa carrera profesional podría destacarse que durante diez años integró la Compañía Rambert, y que desde hace cinco, formó la suya: The Mark Baldwin Dance Comany. Actualmente reside en Londres, y la cercanía con los principales centros de experimentación en la danza internacional, lo han llevado a probar una gran diversidad de técnicas. "Mi búsqueda va por sitios muy diferentes. Tengo diversas tradiciones de danza y manejo técnicas que mezclo para encontrar nuevas maneras de mirar el movimiento. Yo creo que lo moderno es todo lo que ya ha pasado, más algo más." De su época de bailarín de la Compañía Rambert, recuerda: "En ese tiempo atravesamos diferentes períodos que iban desde lo muy teatral a lo abstracto, y yo encontré una mezcla de todas estas búsquedas. Ahora creo que la música es la clave. Hace nueve años que soy coreógrafo y pasé por una larga etapa experimental. Entonces llegué a la conclusión de que cualquiera puede experimentar. A partir de allí, dejé de buscar algo que sea original. Valoro aquello que sea capaz de decirme algo. Así mido mi propio trabajo. No creo que exista nada que pueda abrir más la imaginación que la música.
-¿Cómo es tu relación con la computación aplicada al baile contemporáneo?
-Yo fui el primero en Gran Bretaña que utilizó el Software para la danza. De hecho, el año pasado hice un CD-ROM junto a Carole Murica, una artista especializada en el tema de la computación. Parte de la coreografía que traje fue hecha en la computadora.
Habitualmente no lo digo porque cuando estrené este espectáculo con mi compañía, los críticos estaban horrorizados. Se generó un incendio con esto. La gente siempre tiene prejuicios y preconceptos.
- ¿En qué consiste el CD-ROM?
- Es un software de Macintosh que simula un escenario. Allí, están previstos infinitos movimientos para la cabeza y todas las articulaciones. Carole me alentó a ver estas figuras como si ueran animación computarizada.
Nuestro CD ROM es una sala de baile. Tiene cuatro ventanas en donde aparecen veinte figuras que son mis bailarines. Un día, por accidente, una de las figuras cayó muerta. Cuando vimos este homicidio por computadora, hicimos una especie de búsqueda del asesino danzada. Si no hubiera sucedido por accidente, nunca se nos hubiera ocurrido. Entonces creamos una danza-teatro que fuimos perfeccionando con el tiempo. El CD está repleto de lo que nosotros llamamos "pensamientos pictóricos". Cada uno de los sitios que la pantalla muestra, es una pintura. Allí están mis bailarines, en medio de una danza. Esto por ahora es un prototipo y no está del todo autorizado, por lo tanto no podemos venderlo, pero sí regalarlo. Lo lindo es que esto es una danza que uno se puede llevarse a su casa y hacer que funcione a gusto.
Bailarines cibernéticos
- ¿No le preocupa estar generando alguna especie de Frankenstein?
- Creo que la tecnología está allí para ayudarnos. Agrega más neuronas al cerebro, aumenta la memoria porque permite almacenar gran cantidad de movimientos, y sirve como una herramienta de visualización antes de la puesta en escena.
- Pero ese método también permite prescindir de los bailarines . . .
- Sí, pero eso es bueno porque en Inglaterra es muy caro hacer danza. Cada uno de ellos cobra u$s 500 por semana para ensayar y además el costo de alquilar el estudio. Mediante el uso de la tecnología, uno puede tener la coreografía preparada antes de alquilar la sala y contratar a los bailarines. De todas manera, nunca va a reemplazar los métodos tradicionales.






