Salman Rushdie traza paralelos con la sombría actualidad de Estados Unidos
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‘La decadencia de Nerón Golden’
Salman Rushdie - Seix Barral

Cuando el magnate Nerón Golden y sus tres hijos llegan a su nueva casa del Greenwich Village, el presidente Barack Obama acaba de asumir la presidencia de Estados Unidos. Los Golden están escapando, aunque nadie sabe de qué país, ni por qué. Nerón es un aristócrata a la vieja usanza, un excéntrico que sabe hablar griego y latín y, al llegar a su nuevo destino, les pide a sus hijos, igual de excéntricos que él, que elijan un nombre clásico para su nueva vida. Así, se rebautizan Petronio, Lucio Apuleyo y Dionisio.
Todo esto lo sabemos gracias al narrador de la novela, René Unterlinden, un aspirante a guionista de 30 años, hijo de académicos belgas que son vecinos de los Golden. René, que no tiene mucho para hacer, empieza a obsesionarse con los Golden. Y esta obsesión lo llevará a hacerse amigo de uno de los hijos, confesor de los otros dos y, finalmente, con la excusa de escribir una película sobre la familia, terminará embadurnado con sus miserias, que culminarán al mismo tiempo que la llegada de un “Guasón” a la Casa Blanca (léase: Donald Trump, que nunca es mencionado explícitamente en el libro).
En la contratapa de La decadencia de Nerón Golden los editores lo resaltan como “una sátira política y cultural” y “un relato épico” comparable a El gran Gatsby o La hoguera de las vanidades. Esa descripción parece más el deseo del propio Rushdie y sus editores. Es cierto que René busca sonar como un narrador à la Nick Carraway y muchas de las actitudes de Golden suenan como las del nuevo rico Jay Gatsby, pero ahí termina el parecido. Que el apogeo y la caída neoyorquina de los Golden coincidan con la esperanzadora asunción de Obama y su despedida amarga no hacen de la historia una fábula crítica y certera sobre la sociedad estadounidense, sino que dan cuenta de lo forzadas que resultan las metáforas de la novela.
Con todo, la urgencia por trazar paralelos con la sombría actualidad de Estados Unidos no opaca muchos de sus buenos momentos, especialmente aquellos donde se narra la vida de los tres hermanos, hijos de Nerón. Es a través de ellos que Rushdie deja ver sus dotes de narrador y aparece la crítica más lúcida y mordaz, justamente por no estar tan subrayada. En su urgencia por mostrarse como un autor informado, juicioso y crítico de la realidad, Rushdie escribió un libro que es una advertencia de cómo un narrador puede desatender una buena historia.
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