La difícil tarea de entrevistar a Victoria Xipolitakis
Personajes.tv se acercó al teatro para hacerle una nota a la vedette y se encontró con muchas dificultades
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19.30. Avenida Corrientes, horario de encuentro con Victoria Xipolitakis. La puerta del teatro Tabarís está llena de fans con cámaras de fotos que están a la espera de alguna figura de Escandalosas. Además de Vicky, en la obra están Carmen Barbieri y Moria Casán. Pasan los minutos y la falsa melliza griega -falsa porque su hermana "melliza", Stefi, en realidad es un año mayor- no llega.
20. La vedette de pelo platinado se acerca con un vestido ajustado y corto. Las piernas están al aire y los tacos aguja superan los diez centímetros.
-Hola Vicky, ¿vamos a hacer la nota?
-¿Qué nota?
-Hablamos a la tarde, soy de Personajes.tv.
(Cara de desentendida)
-Eh... ¡no sé! ¡Ah! Puede ser… Sí, ya me acuerdo.
En ese instante llega su hermana con un perro chiquito que se suelta de la correa. "Vicky agarrá la correa", le dice. Y la rubia platino contesta: "No puedo, agarrala vos". Mientras baja por la escalera que la dirige al camarín me grita: "No sé cómo podés hacer para venir conmigo, llamá a la gente de producción", y vocifera un número de teléfono.
Pasan los minutos. La obra arranca a las 21 y ella desaparece por los escalones hacia abajo. El teléfono que me dio está apagado. De repente surge un hombre con un celular que parece tener la solución. Me dice: "No se puede bajar a los camarines, Vicky ahora sube". Espero.
20:40. Aparece como por arte de magia Xipolitakis por la escalera. "Acá estoy, hagamos la nota acá parada", me propone. El hall del Tabarís está lleno de gente, con cámaras, que se abalanza sobre ella y le pide sacarse una foto. Vicky, con un gorrito en la cabeza, y una sonrisa de oreja a oreja, posa. "Dale, hagámosla ahora".
Primero, las fotos. "En la puerta del teatro con las caras de Moria y Carmen", le indica al fotógrafo de Personajes.tv . Me adelanto y le explico: "Vicky, la idea es armar un producción más cuidada". "¿Cuál es el problema? Acá está perfecto, mirá", contesta. Se para adelante del póster y hace movimientos sensuales. Los fans enloquecen. Sacan fotos. Le piden que muestre las lolas. Ella, feliz, me dice: "’¿Viste?", y continúa con sus muecas sugerentes.

Entramos al teatro y sigue posando en la escalera. "¿Así?", le pregunta al fotógrafo mientras está de espaldas, sacando cola y dada vuelta haciendo trompita. A pesar de la vorágine, la producción resulta bien -después de todo en diez minutos hace lo que tiene que hacer para verse sensual en una foto-.
"Si querés hacerme la nota, vos sola, sin fotógrafo, podés bajar al camarín", me invita. La sigo por la escalera hacia abajo. Ella camina como si estuviese pisando huevos. Los tacos no son tan fáciles de manejar, ni siquiera para ella, pienso.
Llegamos al lugar donde se prepara para la función, quedan menos de veinte minutos para que Escandalosas arranque. Para mi sorpresa, el camarín es de dos por dos y no tiene puerta. Hay un espejo y dos sillas que dejan poco espacio para moverse. Vicky se sienta, al lado hay una compañera de elenco cosiendo una peluca rubia. Me quedo parada atrás mientras ella se pinta. "¿Flora, querés venir al camarín de Carmen?", le consultan desde producción a la otra mujer."¡Dejala acá! Si total es una nota grabada", sugiere Xipolitakis.
Las preguntas son contestadas con un tono extraño, entre simpático y superado. Todas las respuestas son iguales y tienen la misma construcción. "Si me molesta, me lo saco"; "Si me hace feliz, lo hago". "Si me lo regalan, lo acepto". No termino de entender si estoy hablando con una persona o con un contestador.
De todas maneras sigo intentando y le explico: "Vicky, me gustaría estar más tranquila con vos, para que podamos charlar mejor". "¿Qué otra cosa necesitás? Si te estoy contestando todo. ¿Te querés sentar? [A Flora] "Correte para que se siente". Mientras su compañera elige irse del camarín, saca de una cajita azúcar -nada de brillantina, Vicky usa azúcar- y se la pone en los labios para darles brillo. Es raro, estoy hablando con el reflejo que me regala un espejo. No hay cruce de miradas.
Siguen las contestaciones crípticas
Sobre la polémica que se armó a raíz de su última operación (una liposucción) cuenta: "Me saqué algo que a mí me molestaba y para mí todo lo que te molesta hay que sacarlo. Por eso me hice esa lipo, porque tenía una grasita de más y me la saqué. Por algo me dicen que tengo el mejor lomo. La verdad que yo estoy feliz, lo hice por mí. No me importa lo que digan los demás"; y agrega: "Era un trauma. Por qué tengo que vivir con un trauma si tiene solución. A los traumas hay que buscarles la solución, no hay que vivir con los traumas. Y yo hoy trabajo de mi cuerpo, entonces qué es lo que le hice mal a alguien, que tanto me criticaron. Es mi cuerpo y de mi cuerpo hago lo que quiero".

"¿No te molesta que te juzguen?", le pregunto. "¿De qué? ¿Qué hice mal? Es mi cuerpo. Con el tema de la operación... yo creo que las que juzgan son las que más operadas están. Y como ellas no tuvieron esa prensa, que yo capaz ni la busqué y me hice sola una operación chiquita y me buscaron de todos lados. Yo creo que pasa más por la envidia, el medio es muy tremendo", responde desde su cassette.
"¿Hay algo más de tu cuerpo que querés cambiar?", sigo insistiendo para ver si hay manera de humanizar esa voz robótica y me vuelve a cortar en seco: "No, si no ya me lo hubiese sacado".
La charla continúa así con frases armadas. La palabra feliz y todos sus sinónimos parecen parte de un catálogo de autoayuda que Vicky aprendió de memoria. En la vida de la falsa melliza todo parece ser color de rosa.
Ella sube fotos a Twitter provocadoras porque ama su trabajo. Se lleva bárbaro con su hermana y nunca se celaron. Tiene un admirador que le regaló un auto carísimo pero no me quiere decir quién es, sólo contesta que ama los regalos y que lo tiene estacionado en el teatro. ¿El detalle? No sabe manejar, pero por suerte, "es automático".
Habla del presente porque si piensa en el futuro se olvida del presente. Presume de su cuerpo. "Me cuido, entreno. Pero en realidad es genético, yo soy fibrosa de nacimiento", se jacta.
Se escucha una voz que avisa que faltan diez minutos para que arranque la obra.
Vicky se está terminado de pintar. "¿Ya estamos?", me pregunta con voz burlona. "¿Viste? Se podía hacer bien la entrevista", me dice. No tiene tiempo de precalentar antes de salir a escena.
Me voy del camarín diminuto y camino por un pasillo oscuro hasta la escalera. Cuando llego al Hall, una chica de la boletería me mira y me pregunta: "¿Viste lo que es?" Yo le sonrío y salgo del Tabarís un poco confundida, no termino de entender si me topé con un grabador o si realmente estuve hablando con Victoria Xipolitakis, la chica de lomazo "genético" y vida feliz que ama los regalos.
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