
La extraña leyenda de Nitsuga Mangoré
Los datos biográficos indican que Agustín Pío Barrios nació en San Juan Bautista, en el departamento de Misiones, el 5 de mayo de 1885. Sin embargo, para la historia, este gran guitarrista y compositor paraguayo es Agustín Barrios Mangoré. Del nombre original desapareció el Pío en tanto que un segundo apellido se instaló para darle forma definitiva a la denominación con la cual hoy se lo recuerda. A pura lógica, podríamos suponer que Mangoré era el apellido de su madre. Pero no, ella era Martina Ferreira, una dedicada maestra en una escuela de niñas. La génesis de ese doble apellido no deja de ser reveladora de las sorprendentes estrategias de marketing de un músico ciertamente prodigioso. A los veinte ya era conocido en todo Paraguay y, desde 1910 en adelante, fue extendiendo su nombradía hacia el resto del continente americano. En 1932, de gira en Brasil, decidió presentarse como "Nitsuga Mangoré, el Paganini de la guitarra de las selvas del Paraguay" y la táctica funcionó. El teatro de Bahía se llenó para ver a un guitarrista de rostro cerril, mirada torva y actitud amenazadora. Pero no fue suficiente y, de a poco, fue agregando otros condimentos. Explicaba que Mangoré, su antepasado, había sido un legendario jefe guaraní que murió de amor y que él mismo estaba imbuido en el alma de "Tupá, el espíritu supremo y protector de mi raza" (sic). Y hubo más aún. En cierta oportunidad, viendo que el contexto lo permitía, afirmó que había sido educado en las reducciones jesuíticas que, en realidad, habían desparecido antes de 1800. Pero para el nombre Nitsuga no hubo leyenda alguna. Barrios, en una humorada virtuosa, inventó una palabra misteriosa e insondable de sonido guaraní pero que no era sino su verdadero nombre al revés.





