
La obsesión de los rappers por las joyas: el código de la calle devenido en símbolo de poder.
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“Quería combatir todos los avisos comerciales que usan la palabra bling [lunfardo rapper para “oro”], contando la historia real de la relación del hip hop con sus adornos.” El que habla es el neoyorquino Minya Oh, periodista, dj y autor del libro Bling Bling: Hip Hop’s Crown Jewels [las joyas de la corona del hip hop], editado por Wenner Books.
El blimblineo (término que remite al tintineo de joyas) es un tema candente no sólo para los raperos que compiten por ver quién tiene el “hielo” (léase, el diamante) más escandaloso. El primer corte del nuevo disco de Kanye West (“Diamonds from Sierra Leone”) relata el conflicto de los diamantes extraídos de zonas de Africa destrozadas por las guerras. Y en las entrevistas del libro Bling Bling, los raperos cuentan cómo esa manera de llamar al oro emergió de las calles para convertirse en una palabra con entidad nacional en los Estados Unidos.
50 Cent considera que “el 70 por ciento de los raperos usa bling bling trucho”. “Miro esas cadenas y pienso que son demasiado buenas para ser de verdad, y para brillar de esa forma. Ahora, los raperos inteligentes no son tan ostentosos.”
La diva Lil Kim, dama de hielo del hip hop, asegura que ella es blimblinera de la primera ola. “Yo agitaba joyas cuando eso significaba algo de verdad. Como cuando se usaban los aros con forma de llamador de puerta. Usaba como tres o cuatro pares al mismo tiempo.” Su primera joya fue un brazalete X-and-O dorado. “Después me compré un Rolex de 65 mil dólares. Estaba tan lleno de diamantes que ni podías ver qué hora era. Una pena que me lo hayan robado.”
Lil Jon, reputado proxeneta del rap, tiene diamantes incrustados en los dientes. “No son permanentes”, aclara. “¿Que si obstruyen el sexo oral? ¡Lo mejoran!”
Baby, dueño de Cash Money Records (sello que acuñó el término bling), cuenta en el libro: “Para mí, el bling es cualquier cosa que hace brillar a una persona: joyas, autos, pieles; todo eso es bling. Cuando escucho a tipos blancos usando esa expresión, o en un aviso de televisión, digo: «Mierda, realmente llevamos esta mierda a lo más alto»”.
El reverendo Run, de los Run DMC, puede contarse entre los primeros blingsters del hip hop. “Las primeras cadenas que recuerdo tenían pequeñas medallitas con rubíes, que representaban los diferentes santos. Recuerdo a Jam Master Jay, yendo conmigo a la avenida Jamaica por la calle 160, encandilado por una cadena dorada así de gruesa. ¡Y no era hueca! Jay no tenía miedo de gastar su dinero. Después de que hicimos un par de gigs más, se la compró. El solo hecho de usarla era buscar pelea. Pero Jay era un gángster. Jay la iba a usar en la avenida Jamaica con un grabador 700 colgando de su cuello, con un traje de cuero, las Adidas sin cordones, y no le importaba.” Ahora que es reverendo, el rapper dice no tener un dilema moral con respecto a las joyas: “Dios es la persona más materialista de todas. No te obliga a que seas pobre”.
El legendario Chuck D, de Public Enemy, pone un poco de conciencia old school sobre el fenómeno. “Hoy en día están los Puffy y los Jay-Z, con sus jets corporativos y sus autos grandes, sus brazaletes y relojes de diamantes. Pero hubo un momento en que el estilo comenzaba en las calles. La marca no te definía, vos definías a la marca.”
Para el líder de Public Enemy, el bling es, de algún modo, un símbolo de poder negro. “La nación blanca tiene el mayor símbolo de estatus: su color de piel. Y un montón de cosas que hacemos nosotros, los negros, son para compensar algo por lo que se nos niega el respeto: nuestra piel. Pero tenemos que darnos cuenta de que nuestra piel vale más que las joyas. La piel negra es el verdadero bling del milenio.”





