
"La humanidad", film para la polémica
Bruno Dumont, el director, dijo que le interesa "trabajar con el vacío" y que asume el riesgo de que el espectador se vaya
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Menuda ambición la de un cineasta que bautiza su película con el título de "La humanidad". Eso es lo que hizo el francés Bruno Dumont, el mismo que había debutado con otro título grandilocuente, "La vida de Jesús". Si con el primer largometraje dio que hablar, con "La humanidad" desató una verdadera batalla de opiniones. "Jamás un film había despertado tanto cotorreo en la Croisette. Conmueve a unos y molesta visceralmente a otros", sostuvo France Soir, cuando en el palmares de la edición 1999 de la muestra de la Costa Azul, el jurado presidido por David Cronenberg le otorgó tres premios codiciados: el de mejor interpretación masculina para Emmanuel Schotté; el de mejor interpretación femenina para Séverine Canelle y el Gran Premio del Jurado.
En una entrevista telefónica concedida a La Nación , el director se enorgullece de no haberle temido al "vacío", de haber hecho una película "con lagunas" y de no ofrecerle al espectador "la música que él quiere escuchar". Claro que, acepta, el riesgo puede ser que el espectador decida abandonar la sala mucho antes del final.
Filósofo de formación, Dumont se propuso narrar cinematográficamente el sentimiento de la compasión. Se valió para ello del personaje de Pharaon (Emmanuel Schotté), un policía de provincia que debe investigar la violación y asesinato de una niña. Ese hombre vive con su madre, muere de deseo por su vecina Domino (Séverine Caneele), la novia de Joseph (Philippe Tullier), y no puede evitar el horror frente al mal ni la compasión frente al dolor ajeno.
-Aun aquellos que terminan fascinados por "La humanidad" admiten haberse sentido desorientados y molestos durante muchos minutos hasta conseguir entrar en el universo que plantea la película. ¿Se niega usted a proporcionarle un cierto confort al espectador?
-Creo que al espectador hay que hacerle escuchar una música que no sea precisamente la que él tiene ganas de escuchar. Comprendo que en "La humanidad" hay que tomarse un tiempo para adaptarse al personaje, a su modo de hablar, a su silencio. Pero ésa es una música que a la larga termina entrando por el oído. Como espectador, a mí me gusta sentirme perdido; me gusta que me alejen de mi propia ruta y que me lleven a otra parte.
-Usted declaró que en este film no le tuvo miedo al vacío. Y la prueba está a la vista: una película donde el vacío está tanto en los paisajes como en la escasez de palabras.
-En una película como esta, donde se apuesta al vacío, el riesgo es que uno termine perdiendo al espectador en el camino. Pero es parte del juego: el cine se hace de a dos. Si el espectador no quiere, no hay película. "La humanidad" hace propuestas y por lo tanto exige un trabajo por parte del público. Es un film en el que faltan muchas cosas, en el que hay lagunas. Me interesa que las películas sean una conversación con alguien que mira, un juego de plenitud y de vacío. No me interesan, en cambio, las películas en las que me dicen y me explican todo.
-Se diría que el personaje de Pharaon es el de un ser capaz de sufrir por el dolor del prójimo como si fuera propio. Pero al mismo tiempo es un ser solitario, ensimismado, ajeno a cualquier parámetro de normalidad...
-Efectivamente, quise trabajar la idea de alguien que sufre por el prójimo y encontré el modo de expresar ese concepto a través de un personaje marginal porque creo que los seres alejados de la realidad son los que mejor nos reflejan. Es por eso que nos dan miedo. Creo que hay que salir de la normalidad para poder dar cuenta de ella.
-Pero tan alejado está Pharaon de nosotros que él llora frente a las imágenes de las tragedias que transmite la TV. Nosotros las miramos mientras cenamos...
-Sucede que Pharaon es primitivo. Se diría que es el primer hombre que ha pisado la tierra. El conserva lo que nosotros hemos perdido como consecuencia de nuestro confort, de nuestra civilización, de nuestra modernidad. Es un problema de pérdida de la sensibilidad. El sentimiento de compasión existe en la naturaleza humana, pero nosotros hemos creado un modo de relación en el que, como usted dice, vemos el sufrimiento ajeno en la TV y seguimos comiendo.
-¿Por qué se da esa situación?
-Porque la televisión es un medio que crea una verdadera catástrofe en nuestra relación con el mundo. Yo puedo actuar en el ámbito al que pertenezco, pero no puedo hacer nada respecto de una tragedia que sucede a diez mil kilómetros de distancia y que la TV me pone en la pantalla.
-¿Cómo explica que la TV, el medio de comunicación más masivo, termine generando ese gran malentendido?
-Actualmente se nos dice que transitamos la modernidad porque nos comunicamos cada vez más. Pero eso no es cierto.Observe lo que está sucediendo en este momento: hace un buen rato que usted y yo hablamos, pero o nos vemos. Para comunicarse realmente, la gente necesita verse, casi tocarse. Nos dicen que la televisión o que Internet nos vuelven modernos cuando en verdad, nos vuelven salvajes. Hay una evidencia: la gente hoy día no es feliz.
-Sin embargo, la gente pasa cada vez más tiempo frente a la pantalla de la computadora
-Sí, porque la computadora sintoniza con un deseo: el deseo de ir hacia el otro. Pero es inútil, ése deseo no puede satisfacerse vía Internet.
-¿Por qué eligió trabajar con actores no profesionales?
-Por que creo que ellos tienen algo que ningún actor puede alcanzar: la autenticidad. Los personajes de la película se funden en esos seres reales y con ellos mi trabajo estuvo dirigido simplemente a hacerlos regresar a sí mismos.
-Séverine Caneele declaró recientemente que piensa seguir trabajando en cine. ¿Cree que podrá interpretar otros personajes?
-No, pienso que no es posible. Se lo dije una vez pero, evidentemente, ella puede hacer lo que quiera. Tal y como yo veo la situación, ella podrá hacer otros papeles en el cine industrial, pero no en el cine auténtico.
-¿Cree que el debate que desató la película en Cannes, en cuanto a la legitimidad del premio de interpretación concedido a los protagonistas de su film que hacían de sí mismos, tuvo alguna profundidad o que fue simplemente una reacción epidérmica de los actores que no podían soportar que dos desconocidos se llevaran dos premios tan codiciados?
-En el fondo hay una cuestión profunda, la de qué se entiende por interpretación. Pero lo que no fue profundo fue el modo en que se planteó la polémica, reduciéndola a un ajuste de cuentas en un pequeño medio que quiere reservarse todos los premios.
-¿En qué está trabajando actualmente?
-En una película que espero rodar en los Estados Unidos y con actores sumamente profesionales. Es el camino exactamente contrario al de "La humanidad". Pero creo que al partir en el sentido opuesto, terminaré encontrándome en el mismo lugar. Finalmente, rodar con los actores a los que llamamos "estrellas de cine" es como trabajar con seres que no son actores, porque lo que hacen las stars es encarnarse a sí mismas. En ese sentido, no hay diferencia entre Emmanuel Schotté y Marlon Brando: ambos son encarnaciones de sí mismos.
-¿En qué se basa para decidir si una película la hará con actores o con gente común?
-En la historia que me propongo contar. Esta vez preciso trabajar con los colores de los Estados Unidos en función de la historia. La próxima vez haré otra cosa porque necesito renovarme. No quiero convertirme en un pequeño industrial.
-Usted dice que en el cine busca la verdad. Es notable que, dada su condición de filósofo, no haya encarado esa búsqueda en la disciplina que le es propia.
-El cine es más poderoso que la filosofía. La filosofía sólo trabaja con la cabeza; es cerebral. El cine trabaja con el cuerpo y el espíritu. Además, lo que me resulta apasionante del cine es que allí hay que trabajar con el espectador. Una película sólo existe porque hay un espectador. A pesar de esta evidencia, hay muchos films en los que el espectador no sirve para nada. Es como cuando en la televisión ponen risas grabadas. No me interesa ese cine prêt-a-porter, prêvoir; ese cine en el que todo está hecho y sólo hay que mirar.
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