
La inquietante mirada del mal
Los ojos alucinados, desafiante la mirada perversa y estremecedora, el hombre clava otra vez la vista en la cámara y con ella vuelve a promover en el espectador el mismo sentimiento contradictorio, mezcla de horror y atracción, que suelen inspirar los grandes villanos del cine. Pero en este caso no se trata de la desconfianza que genera un desconocido; no hemos olvidado esa mirada equívocamente seductora: es la misma con la que, hace diez años, este asesino entonces enjaulado examinaba las credenciales del FBI que extendía ante su vista la inesperada visitante. "Más cerca, más cerca", le pedía, y sonaba como una provocación terrorífica y tentadora en medio de esa densa calma que anticipa el zarpazo. El pulso de la platea volvía a acelerarse ante la presencia inquietante del mal.
¿Quién podría olvidar esa mirada en la que Anthony Hopkins hizo visibles los demonios interiores de Hannibal Lecter? El actor galés, que a esa altura ya había dado suficientes pruebas de su talento -en el teatro británico primero, en el cine de Hollywood después-, acababa de encontrar el personaje que le aseguraría la popularidad internacional, además de un Oscar de la Academia. "Siempre había soñado con participar de un gran éxito", cuenta en la admirable entrevista que con alguna frecuencia vuelve a exhibir Canal (á). Y lo encontró, precisamente, en la piel de uno de esos monstruos que tanto lo fascinan y a los que se dice capaz de comprender. "El malvado dice lo que no nos atrevemos a decir, hace lo que nunca osaríamos hacer en nuestras pequeñas vidas colmadas de seguridad: de ahí su atractivo. Son seres humanos como nosotros, pero los sabemos terribles porque no dudan, sus certezas son absolutas", sostiene.
Cuando encarnó a Lecter, cuyo regreso es inminente -el nuevo film, dirigido por Ridley Scott y titulado "Hannibal", se estrena mundialmente a principios de febrero-, el dibujo de los villanos no tenía secretos para Hopkins: había encarnado a muchos, desde Hitler hasta el paradigmático Ricardo III. Pero se las arregló para que el antropófago asesino serial que ahora acaba de regresar no lo rotulara como especialista en malvados. La maestría actoral de Hopkins abarca un terreno más ancho, y si es necesario atribuirle alguna especialización, ésta debe tener que ver con la transparencia que es capaz de poner en juego cuando se trata de mostrar la incapacidad de expresar las emociones más hondas y más vehementes. Bastaría para demostrarlo un plano solo de "Lo que queda del día", aquel en que el juicioso y circunspecto mayordomo contiene la turbación que le produce la cercanía de la mujer a la que ama en silencio. A los fans más impacientes de "El silencio de los inocentes" les gustará saber que vía Internet (http://www.mgm.com/hannibal ) pueden anticipar el reencuentro. A los de Hopkins, que 2001 promete ser un año generoso con el actor que de chico se enamoró de Claire Bloom en "Candilejas" y empezó a soñar con trabajar en el cine sólo para conocerla.
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