La intensa relación entre dos grandes
Una mirada al vínculo que hubo entre Anna Magnani y Tennessee Williams
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"Siempre buscaron el amor en sus vidas, pero vivieron en soledad. Eran carentes de afecto. Este hecho los hermanaba", resume el realizador Oscar Barney Finn sobre el vínculo que existió entre Anna Magnani, la gran actriz del cine italiano, y el dramaturgo estadounidense Tennessee Williams. En este universo privado de dos personas -demasiado- públicas ingresa Noches romanas, de Franco D'Alessandro, con Virginia Innocenti y Osmar Núñez en la piel de los dos amigos entrañables.
A Magnani se la compara a menudo con Tita Merello (en el último capítulo de Historia clínica , la ficción de Telefé, se hizo mención a esta semejanza) por su particular estilo ("esa cosa lanzada, sanguínea, demente", dice Barney Finn). Fueron esta aura y este carisma arrollador los que atrajeron a Williams cuando conoció a la actriz, a comienzos de los cincuenta. Por entonces ella era una diva y él, un autor consagrado, después del éxito obtenido con El zoo de cristal y Un tranvía llamado Deseo.
Los encuentros entre ambos ocurrieron en mayor medida en Roma, en la casa que tenía Magnani. Barney Finn, quien ha leído numerosas biografías sobre la femme fatale de La loba , cuenta que a ella le costaba abandonar Italia y Europa, ya que en Suiza estaba internado su único hijo, quien había contraído la polio de muy pequeño.
"Anna y Williams se parecían porque, a su modo, tenían vínculos familiares muy densos. Esto los acercaba y se elegían mutuamente. Ella había tenido una madre ausente. Él, en cambio, una madre asfixiante, abusiva. Ellos eran, además de confidentes, amigos", explica el realizador, quien ha explorado varias veces el tumultuoso mundo de Williams. Además de dirigir en teatro La gata sobre el tejado de zinc caliente (con Antonio Ugo, Paulo Brunetti y Agustina Lecouna), fue el responsable de un especial en la década del ochenta para la TV (con Víctor Laplace, como Williams, y María Rosa Gallo, Mercedes Morán, Arturo Maly y Jorge Marrale, entre otros).
Williams tomó a la actriz como musa. Primero trabajó en los diálogos de Bellissima, la película de Luchino Visconti, y luego escribió un guión dedicado íntegramente a que ella se luciera. Así, con La rosa tatuada , dirigida por Daniel Mann, Magnani debutaba en Hollywood y expandía su fama a los espectadores estadounidenses. Por esta labor, como una viuda madre de una hija adolescente, la actriz recibió el Oscar (1956), estatuilla que no fue a recibir por miedo a perder delante de cámara y a hablar inglés en público, cuenta Barney Finn.
La dupla quiso repetir el suceso y él escribió la pieza teatral Orpheus Descending, que Sidney Lumet llevó al cine en 1959 con Magnani y Marlon Brando (en la Argentina Osvaldo Bonet realizó su versión con María Rosa Gallo, Susana Rinaldi y Alfredo Alcón). "Los datos biográficos son fascinantes, pero más allá de ellos lo que quise contar es la historia de dos personas que tenían un feeling único, que se llevaban bien, pero que también se peleaban, como todos los amigos", opina.
"Los dos conocieron el éxito y también los fracasos, que les cerraran las puertas, que les dijeran que no. Ella quiso hacer La vuelta al hogar, de Pinter, y Danza macabra, de Strindberg, pero los productores la rechazaban para esos roles. Williams también vivió una larga serie de fracasos en teatro. En estos momentos, más que nunca, creció su amistad. Eran los confidentes más leales", explica el realizador.
Hasta el día de su muerte, Magnani y Williams mantuvieron una relación única. El dramaturgo, cuentan sus biógrafos, no pudo asistir a las exequias de su amiga, sumido en un gran dolor, pero envió diez docenas de rosas a Roma para rendirle homenaje a su musa y amiga.
- Para agendar
Noches romanas
Centro Cultural de la Cooperación
(Corrientes 1543)
Funciones: jueves, viernes y sábados, a las 20. $ 130.
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