La Ley imperó en Buenos Aires
Recital del grupo La Ley. Beto Cuevas (voz), Mauricio Claveria (batería), Pedro Frugone (guitarras), Archie Frugone (bajo), Elizabeth Meza (coros). Invitados: Erica García (voz), Hugo Mansi (guitarra) y sección de cuerdas Camerata de La Paz, integrada para este show por músicos locales. El viernes, en el Teatro Gran Rex. Próxima función: hoy, a las 21.
Nuestra opinión: bueno.
Si hay que buscar una frase para resumir este show es aquella que Beto Cuevas canta en "Delirando": "Estoy llegando donde nunca fui".
Desde que el combo chileno La Ley instaló su centro de operaciones en México obtuvo el gran reconocimiento dentro del mercado pop-rock latino, ingresó en el círculo estadounidense y ganó premios Grammy y Billboard, entre otros logros. Sin embargo, en todo ese tiempo sus incursiones por estas pampas no tuvieron la suficiente repercusión, hasta la publicación de su último CD. Fue sólo con el "Unplugged" de MTV como llegaron al Disco de Oro y dieron una actuación en el Gran Rex que se repetirá esta noche por entradas agotadas. Nadie duda de que el grupo seguirá mirando hacia el Norte sin dejar de sostener la fama conseguida en varios países de América latina. Pero desde ahora también sabe que en la cada vez más sorprendente Argentina será siempre muy bien recibido.
Excepto por algunos recursos efectistas destinados al aplauso fácil, anteanoche la banda entregó un show fuerte y ajustado, que se disfrutó de principio a fin sin perder intensidad. El desarrollo del concierto ofreció varias interpretaciones posibles, que se pueden unificar por lo abarcativo de la propuesta. Esta lectura localista nace con la publicación del "Unplugged" y es la respuesta de un público mucho menos homogéneo de lo que parece a simple vista.
Porque en la sala estuvieron fans de la primera hora, oyentes que encuentran en esta banda una especie de prima trasandina de Soda Stereo o piensan que la voz de Cuevas y la de Richard Coleman se criaron en el mismo barrio, y una audiencia MTV que compartió primeras filas de butacas con otro sector adolescente de perfil "Cadena100" (dicho esto sin hacer juicios de valor ni querer fomentar posibles enojos contra el cronista).
Sobre el escenario hubo un grupo que, aun con un set promocionado como "Unplugged" y que de desenchufado apenas tuvo tres temas, supo repartir música para todos los gustos. Sólo perdió lucimiento en la voz, a veces opacada por los instrumentos eléctricos, en la imposibilidad de darle un mínimo protagonismo a la sección de cuerdas (por el mismo motivo), o por un solo de batería que, como en los conciertos de tantas otras bandas, no fue más que un recurso para captar aplausos.
Rebotando en el oído
En general, el repertorio trazó la estética del combo y de sus años de carrera, desde el álbum "Doble opuesto", de principios de los 90, hasta "Uno", con versiones cercanas a los registros originales y al formato acústico.
Primero fue el turno de los temas más poderosos, como "Animal" y "Delirando", y más tarde el momento para las fans, que no ocultan su emoción al escuchar estrofas que acarician o destrozan el corazón: "La Luna", "Mentira" y "Fuera de mí", que tranquilamente podría integrar el cancionero de intérpretes volcados al pop-melódico-latino (Montaner, Sanz, Christian Castro).
En medio de estos bloques también se escucharon "Aquí", la elegancia pop que suaviza el rock de "Tejedores de ilusión", "Prisioneros de la piel" y, finalmente, "El duelo" en dos versiones (la unplugged, con Erica García). Esta última es un excelente ejemplo de canción pop que tiene la virtud de golpear con un solo verso, una melodía pegadiza y acordes simples.
Dice: "Sin dolor no te haces feliz...", y quedó rebotando en los oídos del público varios minutos después de terminado el concierto (sol, re y la menor, para quienes tengan una guitarra en casa y quieran seguir canturreando).





