La novela del suspenso
"La mujer del presidente", serie de suspenso protagonizada por Ricardo Darín, Angela Molina, Natalia Lobo, Claudio Gallardou, Franklin Caicedo, Andrea Politti, Fernán Mirás y elenco. Libro: Cernadas Lamadrid. Dirección: Eduardo Ripari. Por Telefé, los jueves a las 23. Nuestra opinión: buena.
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"La mujer del presidente" nació hace unos años en Colombia con los rasgos típicos e inconfundibles del culebrón. Un empleado bienintencionado y algo calavera cae en una fiesta bajo las redes seductoras de la madura y aún atractiva esposa del titular de la compañía en la que trabaja. Es llevado por ella a concretar un encuentro íntimo, inesperadamente interrumpido cuando la mujer cae muerta en el lecho que ambos compartían un instante atrás.
En su recorrido posterior, esta historia original ganó repercusión sobre todo gracias a sus atractivos tintes melodramáticos, sazonados por esos condimentos ardientes que son propios de todo escenario caribeño.
Entre nosotros, "La mujer del presidente" abandonó el tono telenovelesco y el autor de la adaptación, Cernadas Lamadrid, eligió poner las pasiones de los personajes bajo el signo del suspenso.
El punto de partida es el mismo, pero aquí -como acostumbra el autor, siempre dispuesto a alimentarse de la realidad para jugar con algunas vueltas de tuerca argumentales- ya se insinúan dentro de la compañía tramas de corrupción y la peligrosa sombra del narcotráfico, entre las cuales no sería extraño que aparezcan en los próximos capítulos algunas conexiones con el mundillo político.
En este escenario se mueve el infortunado Agustín Moyano (Ricardo Darín). Como si estuviera pagando de mil y una formas su pecado carnal con la mujer del presidente (Angela Molina, en una fugaz presencia inicial), debe enfrentar al mismo tiempo las dudas de su flamante esposa (Natalia Lobo), la manipulación del dueño de la compañía (Franklin Caicedo) y de su amante (Andrea Politti); la desconfianza de su ambicioso competidor en la empresa (Fernán Mirás, otra vez haciendo de villano) y la comprensión cargada de interrogantes de sus padres (Juana Hidalgo y Osvaldo Bonet).
Tono crispado
Concentrada en el suspenso y en ls telaraña cada vez más compleja y ardua que va atrapando al protagonista, la historia adquiere en todo momento un tono crispado y severo, cuyas angustias no encuentran contrapeso alguno ante la ausencia de alguna pincelada liviana o de humor que no vendrían nada mal.
A partir de este cuadro de situación, todo se mueve al compás de algunos altibajos argumentales. Hay personajes que se presentan y autodefinen en forma verbal y no como resultado de algún avatar de la trama, hay situaciones difíciles de entender y que sólo se explican por vueltas forzadas del libro y hay un exceso de subrayado en la ingenuidad que transmite el protagonista como rasgo esencial de su personalidad.
Pero, a la vez, hablan a favor de "La mujer del presidente" otros aspectos. Sobre todoel muy adecuado manejo de las situaciones de suspenso que el director Eduardo Ripari maneja valiéndose de tramas paralelas en forma simultánea, y en la habilidad con la que se va presentando cada una de las situaciones capaces de generar intriga.
Más allá de algún convencionalismo en las situaciones, "La mujer del presidente" es una historia capaz de atrapar y de despertar sorpresa. Y, sobre todo, entrega en todo momento un tono sobrio, equilibrado, lejos de cualquier matiz estentóreo, atributos que le hacen muy bien a una fórmula (la del suspenso) que siempre debe sugerir antes que acentuar.
En este plano se mueve diestramente Ricardo Darín, que sabe poner en juego las dudas y las angustias de su personaje -aún en los casos en los que el libro parece abandonarlo a su propia capacidad de improvisar-, al frente de un elenco parejo, en el que hay que destacar sobre todo la convicción de Natalia Lobo.
De Angela Molina, en tanto, hay que decir que paseó su fugaz papel con más desdén que capacidad de seducción y que mucho de lo que dijo directamente no se entendió. En su apagado aporte seguramente tuvieron mucho que ver los gruesos problemas de sonido en las tomas de exteriores, algo que en producciones tan ambiciosas es inadmisible que funcione tan mal.
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