
La perfección según ELP
Nuestra opinión Muy bueno.
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Recital de Emerson, Lake & Palmer, integrado por Keith Emerson (teclados), Greg Lake (bajo, voz, guitarra) y Carl Palmer (batería). Nueva función en el Gran Rex, el próximo jueves 21.
Si uno se deja llevar por la inmensa cantidad de gente que colmó el Gran Rex, no hay duda de que el rock sinfónico retornó a la vida después de un largo período de silencio. Basta pensar en lo que sucede con las visitas de King Crimson, Peter Hammill o Jethro Tull, como para volver a conversar eso de que este estilo ecléctico, pretencioso y elaborado ha sido asesinado por el punk.
Hay muchísima gente. Demasiada. Se vendieron tantas entradas que los críticos no pueden ver el show desde una butaca. Hay que quedarse en el pasillo o en el fondo de la sala, aunque allí también está lleno de gente. La mayoría, claro, ya pasó holgadamente la barrera de los treinta, pero el entusiasmo y el fanatismo que vibra en el recinto parece recuperar la edad en la que todo puede brillar con absoluta belleza.
Gigantes con años
Allí enfrente, un poco más canosos, y en el caso del bajista, fuera de línea, se para una de las bandas más espectaculares que dio el rock progresivo:nada menos que Emerson, Lake & Palmer. Tecladista, bajista y baterista, respectivamente, que se ubican en el escenario en ese orden.
Keith Emerson, con un arsenal de teclados, un piano de cola y una pared de procesadores de sonidos, como en los lejanos años setenta. Greg Lake, en el centro, con cara redonda y un bajo que parece un talle menor. Carl Palmer, en la otra punta, respaldado por dos gongs inmensos, está rodeado por una enorme variedad de tambores, platillos y alguna campana.
No tienen nada nuevo que presentar. Salieron de gira porque, más allá de sus carreras solistas, saben que los tres logran una química que no se da con facilidad. Hay dos virtuosos: Emerson y Palmer, y un muy buen bajista y cantante que los conecta con una facilidad que sorprende.
Así, con un repertorio que incluye los clásicos que marcaron los años setenta, encienden la pasión y el entusiasmo de una platea que llegó para escuchar eso. Y lo siguen haciendo verdaderamente bien.
Bienvenida sinfónica
El listado de temas que integran el show es ideal para los amantes de la primera época del grupo ("ELP", "Tarkus", "Pictures...", "Brain Salad...") con una selección que (siempre quedan cosas afuera, por supuesto) resume la tarea creativa de estos titanes.
Los iniciales "Welcome Back", "Tiger in the Spotlight" y "Haedown", muestran la forma de trabajo del grupo: experimentación, ritmos sumamente complejos, veloces pasajes de teclados y una búsqueda que parece querer llegar -siempre- hasta las últimas consecuencias.
Tienen con qué hacerlo. El manejo que cada uno tiene sobre su instrumento les permite un abanico de posibilidades imposible de agotar en tres o cuatro minutos.
Un mismo tema tiene todas las variantes posibles, bajo el dominio melódico de Emerson, la voz de Lake como un puente, y las veloces rítmicas de Palmer, que se las ingenia para sostener lo que sus compañeros le tiren.
Hay, además, una libertad de improvisación que amplía todavía más las estructuras originales.
El clima sube la temperatura con el paso de los minutos. Hay pasajes que exigen mayor concentración, como "From The Begginning" o "Knife-Edge" y llevan a los protagonistas al límite de sus posibilidades que, realmente, parecen inalcanzables.
Es cierto que siguen haciendo lo mismo que hace 25 años y que son muy pretenciosos, pero también es cierto que es lo que mejor saben hacer y les sale verdaderamente bien.
Cuatro manos
Pero éste es un trío de solistas y, por supuesto, cada uno tiene la posibilidad de mostrar todo lo que sabe hacer en lo suyo, y el primer turno es el de Emerson, que empieza en el piano con una versión de la "Toccata", de Alberto Ginastera, y termina repartiéndose en los teclados con la abundancia típica de los clásicos del rock sinfónico.
"Lucky Man", otro clásico, vuelve a instalar a la banda sobre el escenario y sirve como prólogo para "Tarkus", para muchos, el álbum de ELP, donde Palmer se enreda en ritmos complejos imposibles de imitar por cualquier mortal, y continúa con una parte de "Pictures at an Exhibition".
Parece el final. Saludan, pero la gente no quiere saber nada con la despedida. Es que los músicos también se entusiasman con el calor del público (¿la respuesta será así en otras partes?) y no se hacen rogar.
El final es con "Fanfare" y un meddle que incluye hasta la "Toccata y fuga", de Bach, y el clásico solo de Hammond con Emerson descontrolado y armado de dos cuchillos como en aquellos años en los que tenía rivales. Hoy, eso ya no cuenta. Sólo la música.
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