
La proyección romántica de Fritz Lang
"Los nibelungos": se proyectará completa, con música en vivo, hoy, desde las 15, por diez pesos la entrada y con refrigerio.
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Atreverse con la leyenda de los nibelungos, en Alemania y después de Richard Wagner, semejaba una osadía desmedida. Sin embargo, la fastuosidad de las puestas operísticas carecían, hacia 1920, de una imaginería fija y repetible, bien representativa del simbolismo germánico medieval universalizado por la heroicidad de Sigfrido y el dolor trágico de Krimilda.
La leyenda del siglo XII iba y venía en la cabeza de Fritz Lang, el notable realizador alemán de la República de Weimar y del expresionismo, que, en su creatividad, progresó hacia el monumentalismo, el equilibrio entre lo pasado y el futuro y la búsqueda filosófica en la expresión de los personajes. Reelaboró en el cine los mitos románticos y entrevió la feroz lucha entre el hombre y la máquina, en verdad el temor a quedar masificado y sin solución ante la posibilidad de convertirse en un mecanismo óptimo para otros mecanismos: la manipulación política. Es casi obvio reiterar que Fritz Lang debió huir de Alemania, cuando Hitler dio su golpe de tragedia fuera de cualquier signo de representación.
En Lang vivía el arte y sus ojos lo reflejaron en las imágenes de la muerte corporizada, en el psicótico retrato de Mabuse y en la comparación de la vida con la candela que se consume hasta dejar el negro.
El negro es el color del cine, habitualmente horadado por rayos de luces que construyen formas y siluetas. En la obra de Fritz Lang, su magna pieza "Los nibelungos" (1924) marca la pincelada luminosa desde la que brota la epopeya clásica en su medida metafísica. Antes, había probado con "Spinen" (1919), con "La muerte cansada" (o "Las tres luces", 1921) y con "El testamento del doctor Mabuse" (1922-1923). La libertad y la tiranía y el hombre y el monstruo habían sido los motivos anticipatorios de la rígida y violenta Alemania futura. En 1926, la célebre "Metrópolis" fue también una obra de anticipación, donde conviven la geometría congelada del porvenir y el miedo a perecer en el esqueleto de un mundo que nos estruja por su esquematismo.
En el Teatro Colón
Hoy, en un espacio que le da fuerza de homenaje, el Teatro Colón, se presentará la versión completa de "Los nibelungos" _exactamente cuatro horas_, el film de Fritz Lang, con el acompañamiento musical que Gottfried Huppertz, un adelantado en materia de música de cine, compuso para el estreno germano de la película.
La función comenzará a las 15 y, con tres intervalos y refrigerio, concluirá a las 21. Se proyectarán las dos partes de la pieza fílmica _"La muerte de Sigfrido" y "La venganza de Krimilda"_ en la versión recuperada que se había guardado en depósitos moscovitas y que hace once años reconstruyó la Filmoteca de Munich ). Berndt Heller dirigirá en vivo la partitura de Huppertz.
Frente a la posibilidad de la obra, en 1926, Huppertz manifestó mayores escrúpulos que Lang al proyectar su rodaje. No quería escribir el acompañamiento y sugería utilizar el de Wagner. Convencido, por fin, elaboró un pentagrama de ligero romanticismo y fuerza épica espiritualista. Los nazis _Goebbels admiraba "Los nibelungos", la leyenda, la ópera y la película_ reemplazaron el texto musical de Huppertz por otro "más vigoroso y heroico" y, por supuesto, le recortaron a la película las partes que sentían incómodas. Durante ese tiempo _los años 30_, Fritz Lang se hallaba refugiado y en pleno trabajo de dirección de films en Hollywood. Su mujer y coguionista, Thea von Harbow, permaneció en Alemania, colaborando con el régimen.
Según Lotte Eisner, la primera más notable estudiosa del expresionismo alemán, "fue el claroscuro, una técnica de iluminación, el medio por el que los alemanes crearon una atmósfera interior: el clima". Para la venerada autora, clima abarca el "paisaje con alma" o "paisaje animado" de los rusos, la "arquitectura artificial" del cine simplemente espectacular y multitudinario, así como el "encierro claustrofóbico" impuesto en la pantalla por los franceses.
Lang hizo crecer el espacio hacia las alturas, con troncos de árboles gigantescos y con haces de luz que perforan el aire entenebrecido por el rumor intocable de la leyenda. Logró desde su interpretación de lo oscuro la poesía del paisaje interior y dramático que inunda de veracidad los símbolos del mito.
Lang hizo prevalecer su condición de pintor y admirador de la pintura de Arnold Bcklin, el artista en quien se inspiró para concretar la fantasía secular. Bcklin se había ocupado de la leyenda teutona en su obra "Cabalgata de Sigfrido en el bosque". El cuadro inspira el gigantismo de la naturaleza que empequeñece lo humano para impregnarla de una particular "animización" y dinámica que permiten inferir un alma gigante y abarcadora. Así les gustaba a los románticos, en cuya iniciativa se inspira el constante experimentalismo del realizador. Sobre la naturaleza animada verá el espectador, por ejemplo, un árbol en flor que, ni bien se pierde de la mirada de Krimilda que lo sostiene, por montaje se seca. La profundidad de campo es un recurso habitual, el hieratismo de los actores se vuelve muy evidente y nunca falta el apunte didáctico, detalles que designan el cine de aquellos primeros tiempos.
El Instituto Goethe y el Teatro Colón, con el auspicio del Deutsche Bank y Lufthansa, unieron esfuerzos para hacer efectiva esta proyección, dirigida a niños y adultos.



