
La tumba sigue vacía
Maximiliano I de Austria y su mausoleo
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El emperador Maximiliano I de Austria y Alemania, abuelo del emperador Carlos V y bisabuelo del gran rey de España Felipe II, era, además de amante de las letras y las artes, un apasionado y experimentado cultor de los secretos de la caballería. Por esto fue llamado el último caballero (murió en 1519). Sentía predilección por la ciudad austríaca de Innsbruck y quiso que allí estuviera su sepulcro. Para eso ideó un monumental mausoleo, joya artística de su país por su magnífico conjunto escultórico, ubicado en la iglesia de la corte de esa ciudad y visitado por miles de turistas.
El cenotafio debía estar rodeado de 40 grandes estatuas de bronce, de sus antepasados y familiares, de 100 más pequeñas de santos y de 34 bustos de emperadores romanos. En 1502, Maximiliano confió el diseño de las estatuas al pintor Sesselschreiber, oriundo de Munich, y el moldeado, a Peter Löffler. Siete años después estuvo listo el primer bronce, que representaba a Fernando de Portugal. El trabajo resultó lentísimo. Otros artistas continuaron la obra.
En 1518, al artesano Stephan Gold, de Nuremberg, concluyó las estatuas grandes. Cinco años antes se habían realizado algunas de las estatuas de reyes; dos de ellas, que se cuentan entre las más bellas del conjunto. Una es la dedicada al rey Arturo de Inglaterra y la otra, a Teodorico, realizadas sobre dibujos de Durero.
Con similar lentitud, y diversidad de artistas, se prosiguió con la construcción y ornamentación del mausoleo, que tardó 82 años en terminarse. Obviamente, el emperador Maximiliano ya había muerto, en 1519, en Wiener-Neustadt, donde fue sepultado temporariamente, a su pedido, hasta que se terminara el monumento.
A pesar del tiempo demandado, la obra resultó uno de los más maravillosos conjuntos artísticos de Innsbruck. Sin embargo, del total planeado por el emperador, sólo se realizaron –y son las que hoy se ven– 28 estatuas grandes, 23 pequeñas de santos y 20 bustos de emperadores romanos.
Pero lo curioso y lamentable de este magnífico monumento es que no pudo cumplir la función para la cual fue erigido, la de contener los restos de Maximiliano de Habsburgo. La comuna de Wiener-Neustadt no ha querido, hasta hoy, entregar su cuerpo, pese a todos los esfuerzos y gestiones realizadas para que el emperador repose en el lugar que deseaba. De modo, pues, que el sepulcro del último caballero sigue vacío.
Eduardo Arnosi




