
La última tendencia en arte callejero, el póster
En Palermo hay paredes con obras de artistas plásticos
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"El stencil ya fue, chicos", afirma una simpática ardillita pintada en algunas paredes de Palermo Viejo que promociona el sitio del grupo de rock Superhéroes. Y todo indica que la ardillita no se equivoca.
Tierra fértil para el surgimiento de nuevas tendencias artísticas, incluyendo las intervenciones callejeras, en el barrio por donde va la moda en Buenos Aires acaba de nacer un nuevo movimiento. Se trata de afiches que, apelando a diversas técnicas de realización, están convirtiendo la zona en una inusual instalación artística a cielo abierto.
Los hay coloridos y muy elaborados, como los figurones de los artistas platenses Camilo Garbin y Francisco Ungaro, que intervinieron el paisaje urbano con sus personajes, objetos y animales pintados a mano.
También, más sencillos y abstractos, como los caramelos de Kidart Corp, hechos con diferentes técnicas sobre papeles de regalo, y los diseños Altoposter.tk, que sobre papel afiche plasmaron paisajes de corte dadaísta en el que conviven planos arquitectónicos con objetos de consumo y animales.
La movida está surgiendo lentamente en las grandes ciudades de todo el mundo. En Buenos Aires, los que llevan la delantera son Garbin y Ungaro, que con motivo de una muestra en La Plata decidieron sacar la obra a la calle para hacerla interactuar con el público en su geografía cotidiana.
"La idea sale de las figuritas. De hacer figuritas chiquitas y coleccionarlas, pasamos a afiches. Por eso se llaman figurones y tienen ese recorte", comenta Garbin, que con su socio artístico lleva realizadas intervenciones en Buenos Aires, La Plata y San Rafael (Mendoza).
"Cuando se hace la pegatina se lleva una escalera y se pegan bien alto. Algunos están a cinco o seis metros y la gente flashea cuando levanta la vista y ve esa imagen tan particular", agrega Ungaro.
Al contrario de lo que pasa con los afiches publicitarios, tanto de productos como de políticos, los posters callejeros pueden durar mucho tiempo en la calle sin que nadie los agreda ni busque sacarlos. Es más, en Palermo tienen fans que velan porque nadie los dañe.
"Hay un grupo de gente que los cuida. Además, pusimos en algunos focos en los que había stencils y nadie vino a taparlos. Hay respeto por los figurones", comenta Garbin, que aclara que pegan sus posters sólo en lugares abandonados o luego de pedir permiso a los dueños de las casas en cuyas paredes los colocan.
"Al ser un arte callejero nos relacionan con el stencil, pero nosotros somos artistas plásticos, damos clases en la Universidad de La Plata, no somos una pandilla callejera que hace un graffiti", detallan.
Pero no todos provienen de la esfera del arte. Es que los posters callejeros también democratizan el acceso al arte de personas que tienen algo para decir y encuentran en este nuevo medio una oportunidad. Así, hay afiches con raros diseños que no tienen identificado a su autor. Producciones que están hechas, evidentemente, por amor al arte. Lo mismo que sucede con los caramelos de Kidart Corp.
Del margen del cuaderno
"La idea de Kidart surgió espontáneamente, una vez que se me ocurrió hacer un registro de todos los dibujos de márgenes de cuaderno desde primer grado hasta la Facultad. Cuando terminé se me ocurrió ponerlo en una pagina de Internet. Y desde entonces la cosa fue creciendo.
"Esa es la historia de los afiches de Kidart, que ahora están dedicados a dar a conocer la página de Internet. Pero para mí, su finalidad es la del objeto en sí mismo y dista de ser un mero afiche que sirve de puente entre Kidart y los transeúntes anestesiados por la polución visual", comenta Pablo Pivetta, responsable de Kidart Corp.
¿El stencil ya fue? Bueno, si no fue ahora tendrá que competir contra los posters callejeros, una propuesta que tiene tantas posibilidades expresivas como perspectivas de seguir creciendo.
"El nivel que va a ir tomando la movida en la calle va a ir en aumento. Poner cosas con un nivel de factura cada vez mejor entusiasma e incentiva la sana competencia", vaticina Ungaro, a esta altura toda una eminencia en el arte de adornar paredes porteñas con sus curiosas obras.




