
La única chozna de Garay
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No todos los días uno recibe rosas de una mujer como ésta. Corren los años 80. Ella tiene 86. Me cansé de buscarla por el mapa de España hasta ese día que sumando pistas llegué a su casa de Villalba de Losa, en Burgos. Que sí, me dijo, que se llamaba Angela Bescós Siles de la Quinta y Garay, y también que era la única descendiente de Juan de Garay. Yo me incliné y le besé la mano. A todos los efectos, como argentino y aun republicano, correspondía: ella lo vivía como tal, pese a los muchos familiares que en el tiempo fue desgranando la estela de Garay. Entre ellos, el Che Guevara, los Rodríguez Saá, tantos figurones más. Pero quien con pasión, a pleno, asumía por entonces en exclusividad ese rango era Angela. Y fue con ella que una mañana, mate va mate viene (ya se sabrá por qué), nos dimos a un conteo de generaciones que ella clausuró de viva voz con un:
-Yo soy la única tataratataratataranieta de Garay que hay.
Los números desmentían tanta seguridad, pero su entusiasmo imponía una verdad paralela a la que hubiera sido cruel desactivar la ilusión. Para que mentar que al menos eran ya 200.000 los descendientes y 20 generaciones. Hasta sus 86, Angela vivió su histórico parentesco con quien asentó a Buenos Aires en el mundo. Bucear raíces de Juan de Garay obliga a localizar dos aldeas (una castellana, otra vasca), Villalba de Losa y Belandia, ambas de 150 habitantes y ambas en polémica ancestral. Los primeros remitiéndose a un escrito donde el propio Garay dice ser original de Villalba. Los segundos, al sello vasco del Garay de su apellido. Unos, a plaza con nombre y monumento. Otros, a la presunta casa natal de Garay. A las aldeas las separan sólo 5 kilómetros (lo que agranda la porfía). Y todos sabiendo de doña Angelita y diciendo que vive como hacia Salamanca, 8 kilómetros, en un pueblito llamado Los Pollos, tras una doble hilera de pinos que rodean su finca (estancia) de nombre Bajos de Bayona.
Llegué justo para oírla instruir a sus colonos, que le hacían rueda: "Esta simiente es buena, pero delicada. La compré en Londres y los ingleses saben de esto; hay que plantarla ya, estamos en tiempo". En una de sus pausas me presenté:
-Pero, che, ¿es argentino? Venga, mi querido. ¿Cuánto hace que no toma mate? ¡Qué alegrón, mi Dios! Sí, no te equivocás. Soy la más directa y única pariente de Garay. Nací en Entre Ríos, en Paraná, frente a la Plaza Mayor. Los entrerrianos no nos sometemos nunca. Fuimos un grano que le salió a Perón, ¿se acuerda? Los unitarios trajeron una Argentina almidonada, pero sea como sea, la Argentina es una maravilla. Allá cada uno es un rey. La última vez que estuve en Buenos Aires fue en 1948, pero seguí de largo hacia Entre Ríos, hacia Salta. Buscaba la Argentina linda, la verdadera. Allí sí que está Dios. Soy descendiente de Garay por vía de los "de la Quintana". Mi abuela era Rosa de Isasi y de la Quintana de Garay. Mi primo Manuel Gálvez, el novelista, recompuso el árbol genealógico. El también nació en Paraná y era pariente de Garay. ¿Te acordás de su libro El solar de la raza ? Unamuno me dijo que ese libro de Manuel "era el Kempis de la hispanidad". Sí, Unamuno. Yo lo conocía bien. ¿Ves este anillo? Me lo regaló Unamuno. Tiene el símbolo de Castilla. Soy feliz con esta gente aquí. Les estaba dando simiente que traje de Inglaterra. Bueno, aquí leo hasta tres libros a la vez. Me gusta esta soledad. He prescindido hace años de las cosas triviales. Hay que simplificar la vida. ¿No ves cómo está el mundo por hacer lo contrario? Hay que hacer un rittornello al campo. Me chifla Garay. Durante años me devoré el Archivo de Indias de Sevilla para saber de su muerte. Puede que esté enterrado en Callasta, Entre Ríos, junto al Paraná. Eso me parece.
Se iba aquella tarde de 1980. Y yo también. La última chozna de Garay me abrazó y en segundos, como pájaro, se perdió entre los pinos perfectos de su "pampa" de Castilla.





