
Pop Life devela uno de los grandes misterios de la historia de la humanidad
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Mucho se ha hablado en estas páginas sobre la ciudad de Anaheim, California, un paradisíaco paraje del oeste de los Estados Unidos donde pasan muchas cosas grossas todo el tiempo. "¿Qué tiene de especial?", me preguntaron más de una vez, y yo me vi obligado a callar por temor, para mantener este status quo rollingstonero que me da plan dental y alimento balanceado para mi pony. No obstante, creo que los grandes personajes de la historia no se ganaron un nombre callando, sino saliendo en la tapa de Billiken. ¿Y qué hay que hacer, entonces? No sé, perdí el hilo, pero ahí va un post sobre Anaheim, California.
La ciudad de Anaheim, California fue fundada en 1412 por un heterodoxo grupo de colonos integrado por inmigrante ilegales, traficantes de efedrina, hinchas de Tigre, alienígenas del planeta Felicidonia, el tatarabuelo de Bret Michaels y los trillizos Martin: Ricky, Chris y Matías. Su nombre se lo da su primer alcalde, un mexicano analfabeto y adicto a la heroína llamado Ramón Valdéz, que en un intento por impresionar a su novia bautiza a la nueva ciudad "Ana... ¡hey!" (el Secretario de Actas era alemán de Alemania y lo escribió mal, y así quedó, porque Liquid Paper todavía no había).
En 1588 la ciudad es invadida por los Indios Chapaleufú, primer malón con chomba que registra la historia. Cagados de miedo, los colonos se meten debajo de sus mesas y se quedan allí durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que la certera intervención de Superman termina abruptamente con el suplicio. Desde ese momento, las familias tradicionales conmemoran el hecho una vez al año, más precisamente cada 23 de diciembre, reuniéndose a comer sandía y fumar pasta base bajo sus mesas.
Entonces, durante muchos años de la historia de Anaheim no pasa nada, hasta que en 1978 una vieja deja abierto el gas del calefón y vuela todo a la mierda, tras lo cual se le cambia el nombre a Anaboom por un tiempo y después se vuelve todo para atrás porque, como consta en el diario íntimo del historiador James Hetfield, "ese nombre es cualquiera". La dueña de casa salió ilesa de la explosión pero falleció de neumonía cuatro días después, al verse obligada a bañarse con agua fría por el reviente de su calefón.
Cada 4 de marzo se celebra en Anaheim el Día de Apreciación de David Hasselhoff, un evento multitudinario en el que todo el pueblo toma cerveza, vomita y trata de olvidarse de El Auto Fantástico. Entre las celebridades que tienen su casa en la ciudad figuran astros de la talla de Charles Manson, el de Wham que no es George Michael y el tipo que inventó el queso fresco.
Pero no sólo del run run de las celebridades vive Anaheim: la ciudad está entre las cinco principales productoras de papel crepé del mundo, además de incursionar cada tanto en la siembra de quinotos y en la producción artesanal de bombas atómicas. Los 47° de temperatura promedio hicieron fracasar a la industria del pulóver, mientras que la del helado no supo asociarse con la del hielo y también terminó naufragando. Todavía se recuerda la intervención del agricultor islandés Sorri Gojsddguksjlsrdqwerty, quien en 1874 propulsó el cultivo de tréboles de cuatro hojas entre sus vecinos y, tras sembrar 763 hectáreas con ellos, se dieron cuenta de que no servían absolutamente para nada. La ciudad sufrió terribles pérdidas económicas y Sorri puso un maxikiosco.
La movida cultural de Anaheim es muy intensa: una vez pasó por allí Bob Dylan, preguntando por un tal Tito que nadie conocía, y el trovador siguió viaje. Cada invierno en el Campo Municipal de Deportes de Anaheim se celebra el WTF Festival, un evento que celebra la diversidad musical reuniendo a artistas como Slayer, Boy George, Motörhead, Christina Aguilera, High School Musical, Los Nocheros, Manowar, Erasure, Venom y Arjona. El recital se realiza religiosamente todos los años, pese a que el derramamiento de sangre es mayor en cada oportunidad.
Y entonces, el lado oscuro, la insoslayable pata renga de la ciudad: aquel inolvidable suceso acaecido el 30 de octubre de 2002 que hizo que el mundo entero posara sus ojos sobre Anaheim, sin poder creer lo que sucedía. Inolvidable el titular del New York Post: "¿Qué pasa en Anaheim?", decía en tipografía 72, tratando de llevar claridad a un hecho lamentable e inexplicable de público conocimiento al que, por respeto a quienes se vieron involucrados en él, no haremos referencia alguna.






