
Las Blacanblus, un encanto con humor
Nuestra opinión: Bueno
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"Recitales de las Blacanblus. Cristina Dall (teclados y voz), Viviana Scaliza (guitarra y voz), Deborah Dixon (percusión, peine y voz) y Mona Fraiman (teclado y voz), con grupo instrumental. Teatro Brodway. Una hora de espera en las puertas mismas de la medianoche porteña, más que una dura prueba para flemáticos es una excelente ocasión para practicar fabulosas "Posibilidades de la abstracción", como las que intuyó Julio Cortázar en "Historias de Cronopios y famas".
Aunque no aparezcan ni el indeseable tipo de la Unesco ni aquella chica a la que la imaginación desviste con fruición. (Después llegará Cristina Dall, líder de las Blacanblus, con su excitante pollera de flecos de bailarina de tango, y alguien probará con un ejercicio parecido.) Recordar -con Cortázar- al hombre que vendía gritos y palabras, y que le iba bien. Gritos de vendedores callejeros, palabras para consignas y falsas ocurrencias.
Pensar, ya sin Cortázar, en las transmutaciones del blues. Espectaculares metamorfosis como las de ninguna otra creación popular que lo llevaron (al blues) desde los lejanos campos de algodón del sur norteamericano a sacudirse con el rhythm y estallar, violento y ensordecedor, en los estadios cosmopolitas, convertido en rock. Delirar con conciertos de fin de semana a las ocho de la noche.
Pero ya se apagan las luces de la sala y se avecina la última transformación del blues, con su implacable furia de decibeles, para el espasmo de los tímpanos.
El histrionismo de los negros
Allí están las Blacanblus, que no son ni Black (negras, salvo Deborah, la morocha costarricense) ni Blues (tristes, melancólicas, azules o algo por el estilo), sino más bien White & Joyful, White & Happy, White & Merry, etc. que, traducidas al español, sonarían espantosas.
Estas "Black & Blues" (canción que, a su tiempo, compusieron Fats Waller y Jagger-Richard) han buceado en esa esencia del jazz que es el blues; en su esquema armónico desarrollado en doce (dieciséis o treinta y dos) compases: tónica-subdominante-tónica-dominante-tónica, sus típicos intervalos de terceras y séptimas disminuidas y demás blue notes. Y han incorporado naturalmente a su estilo -sin caricaturizarlo- el histrionismo atrapante de los músicos negros.
Su doble regalo: la musicalidad y la simpatía vienen en el tramo acústico, tras despachar la versión trueno de "Maldito piano" y "Bendición", que es una maldición apocalíptica para los oídos.
Viviana Scaliza no puede, pese a su tremendismo vocal, con el frenesí de los parches. Pero remonta vuelo expresivo en el "St. James blues".
En la estruendosa primera parte brillan también la hermosa voz y el encanto de la contralto Cristina Dall (que se acompaña como auténtica jazzwoman en el piano), y el feeling de Mona Fraiman, en inglés.
Cuando las cuatro quedan solas las emprenden con clásicos, como "Some body touched me", "Steal away" y "Ain´t Nobody bussines", en solos, tríos y hasta cuarteto de voces, con bastante afinación, mucha gracia y feeling. En su regreso al blues y al negro spiritual muestran su mejor perfil musical (el menos comercial y ruidoso).
Las Blacanblus atesoran un lustro de calidad, encanto y humor con algunos clásicos del jazz e inspiradas composiciones de Cristina Dall. Su estilo -a veces de entre casa- busca en el blues y aledaños su cuota de comunicativa euforia.
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