
De la avalancha de blues bands surgida a principios de los 90, Las Blacanblús es la única que logró crecer y mantenerse en saludable actividad.
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Con tres discos editados el tercero, grabado en vivo, el cuarteto femenino se ganó el respeto del público y de los músicos de blues, gente de por sí poco inclinada a poner en riesgo su inocente pero firme machismo. Compartieron escenarios con B. B. King, Bo Diddley, Johnny Johnson y Los Redonditos de Ricota; grabaron con Fito Páez y Joaquín Sabina, y hoy, mientras llevan sus blues, rocks y negro spirituals por las provincias argentinas, Deborah Dixon, Mona Fraiman, Viviana Scaliza y Cristina Dall sueñan con cantar en el resto de América latina.
¿Cuál fue la fórmula que utilizaron para sobrevivir a la moda del blues?
viviana: No creo que seamos mejores; sólo teníamos una propuesta diferente. La mayoría de los grupos eran eléctricos, hacían algo que ya existía. Nosotras, en cambio, somos cuatro cantantes mujeres, y eso fue lo novedoso.
cristina: Podemos considerarnos agraciadas porque, cuando todo pasó, nosotras quedamos. Pero no armamos el grupo con la idea de aprovechar la moda del blues. Fue una coincidencia.
¿Qué relación tenían con el blues antes de armar el cuarteto?
v: Siempre canté en coros, desde chiquita. Y a los 13 conocí el negro spiritual y me quedé pegada. Después descubrí a Janis Joplin. La primera vez que me subí a un escenario fue a los 18, tocando la guitarra y cantando en una banda de rock & roll. Pero Las Blacanblús es mi primer grupo profesional. Nos conocimos en las clases de canto de Cristina Aguayo. Veníamos estudiando canto negro antes de que el blues se pusiera de moda; hacíamos negro spirituals y algo de blues viejo, anterior al blues eléctrico. Formamos un coro con sus alumnos, hubo gente que empezó y después se fue, y así quedamos nosotras.
mona: Aprendí a tocar el piano desde chica y pasé por varios grupos hasta que descubrí que tenía una afinidad con la música negra, el jazz, el negro spiritual y el rock & roll; al blues llegué después. Antes de Las Blacanblús tuve una banda que se llamó Etiqueta Negra y la primera vez que canté un tema negro fue en una clase de canto: hice "Nobody Knows the Troubles I Seen" y me di cuenta de que sentía una vibración especial. Y me puse a estudiar eso.
deborah: En mi casa siempre se escuchó música negra (nació en Costa Rica) pero recuerdo a dos cantantes que me impresionaron especialmente: Mahalia Jackson y Billie Holiday. Cuando escuché "Good Morning Heartaches", de Billie Holiday, descubrí que quería cantar como ella. Después eso se diluyó, no me dediqué. Así que, antes de Las Blacanblús, tenía cero experiencia de escenario.
c: Como Mona, yo también toco el piano desde chica. Papá y mamá querían una concertista para el Colón, pero empecé a escuchar los Beatles y los Rolling Stones y me puse a tocar canciones con una guitarra. Animaba las reuniones de mis compañeras de la escuela de monjas... (risas). Después me casé y abrí un paréntesis hasta que mis hijos cumplieron 4 años. Ahí descubrí a Rick Wakeman, el tecladista de Yes, y me di cuenta de que era posible hacer rock con piano. Canté en una banda de rock & roll que se llamó Magnum 44, y después hice cosas sola con el piano.
¿El grupo se armó con la idea de trabajar, o al principio era un hobby?
d: Un hobby.
m: Empezamos a probar. Todas teníamos familia y de a poco fuimos dejando cosas para dedicarnos cada vez más al grupo. No apareció un señor que nos bancó y nos dijo: "Yo las produzco, no laburen en nada, yo les pago."
¿Ahora también se dejan llevar por los acontecimientos, o se plantean objetivos?
m: Este año tenemos que sacar un nuevo disco. Pero así como esto no empezó con un objetivo firme y claro, ahora estamos dejándonos llevar por la vida.
d: Tratamos de aprovechar todas las oportunidades que se nos presentan; es verdad que fueron muchas y que tuvimos suerte, pero nada es improvisado. Nos brindaron mucho apoyo y pudimos grabar un álbum al año y medio de haber empezado, algo que no todos los grupos logran, pero que también cuesta trabajo. Nunca conseguimos un hit que nos ayudara a vender 10 millones de discos....
¿Es algo que les suele quitar el sueño?
d: No...
Son uno de los pocos grupos argentinos de blues que no reivindica al barrio en sus letras. ¿Por qué?
v: Son las bandas de varones las que hablan del barrio, del whisky... Las letras masculinas dicen: "Me tomé un vino, me tomé un whisky, y me dejaron veinticinco minas", pero si yo digo que "me dejaron veinticinco tipos", soy una puta (risas). Creo que la mujer maneja lo barrial desde otro ángulo. No cantamos "Moscato, pizza y fainá", aunque nos gustan...
m: Además, con vernos alcanza. No nos hace falta demostrar que no somos de Barrio Norte (risas).
c: Las mujeres que han cantado blues, por lo general le cantan al amor, casi siempre tienen una connotación más romántica...
m: Viví en varios lugares de la Argentina y no siempre en un mismo barrio, así que mis raíces están desparramadas. Pero, de todos modos, no me preocupa tener la escarapela azul y blanca en la música. No me interesa ser una representante de la argentinidad. Si tu música llega al corazón del otro, no importa el acento que tengas.
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