
Las dos caras del tango hoy
Javier Arias y Patricio Bonfiglio crecieron en el rock, pero se "convirtieron"; hoy sus orquestas representan dos estéticas de un fenómeno surgido hace más de una década
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Javier Arias y Patricio "Tripa" Bonfiglio tienen 34 años y son como hermanos. Los dos son de Lanús. Sus madres son amigas. Fueron al jardín de infantes juntos, compartieron discos de los Beatles y Piazzolla, y hasta armaron una banda de rock. Arias empezó a estudiar piano cuando lo vio tocar a Bonfiglio. Después cada uno siguió su propio camino en el tango. Tripa largó el piano y, a los 19 años, se convirtió en bandoneonista de la formación original de la Fernández Fierro. Arias los escuchó cuando tocaban en las calles de San Telmo y armó su propia orquesta, Fervor Buenos Aires. Son como opuestos complementarios: Arias que dirige la orquesta Misteriosa Buenos Aires se parece a Charly García; Tripa, que recuerda a Sid Vicious, está al frente de la Rascasuelos.
Cosas del destino, ambos acaban de lanzar los nuevos discos de sus orquestas, que reflejan dos visiones de la escena tanguera contemporánea. Arias, pianista y director de la Misteriosa, toca en Tu lado acústico tangos y valses para que se bailen en las milongas. Bonfiglio ofrece en el flamante Tangos vivos un manifiesto de la actualidad, con una estética cruda y callejera.
Ambos, además de la amistad, están unidos por su origen. "Claramente somos una generación de tango que viene del rock. Todos venimos del mismo lado", resume Arias, que seguirá presentando por todo el circuito milonguero el repertorio de Tu lado acústico, donde hay temas propios como "Campeona", milongas, tangos y valses del cuarenta, y hasta una versión de "Tema del Pototo" de Almendra.
Tripa Bonfiglio -que estrenará las composiciones de Tangos vivos, el sábado 28 en la Sala Caras y Caretas y el 11 de diciembre en el CAFF- confirma la teoría de su amigo. "El rock nacional para mí está lleno de exiliados del tango. Quiero decir que el tango se refugió en el rock. Ahora la continuidad de ese tango que estuvo en el rock mucho tiempo vuelve al tango a partir de nuestra generación. Por eso, no le queda nada incómodo a Javier hacer con su orquesta una versión tanguera de un tema de Luis Alberto Spinetta. Porque sigue esa misma línea natural. Algunos tienden a pensar que hubo un bache entre la década del cincuenta y la de hoy. Para mí hubo una continuidad".
-¿Cómo llegaron al tango siendo de una generación del rock?
Patricio Bonfiglio: -Los dos éramos melómanos. La cita normal era ir al parque Rivadavia con Javier y un grupo de amigos a comprar cassettes de cosas que no se conseguían en CD. Estábamos como esponjas descubriendo todo tipo de música. Uno compraba un par de cosas y después nos rotábamos los cassettes. Si uno se tiraba hacia un palo terminábamos escuchándolo todos. Así todo el grupo de amigos llegamos al tango y a Piazzolla.
-¿Fué el quiebre?
Para mí, que fui el primero en empezar a tocar tango, sí. Soy pianista desde los ocho años. Después con Javier armamos una banda de rock donde tocaba la viola eléctrica. Nunca dejé el piano y cuando quise volcarme al tango veía imposible hacer un grupo porque no había bandoneonistas. Entonces vendí la viola y me compré un bandoneón. Tenía 19 años. Empecé a tocar al poco tiempo en la Fierro y le contagié el entusiasmo a Javi Arias que se armó una orquesta. Él ya estaba tocando tango en el piano. Tenía recursos y le quemé la cabeza para que armara su grupo.
Javier Arias: -Yo empecé por Tripa. Un día fui a la casa y justo estaba estudiando algo en el piano y fue una revelación para mí.
Bonfiglio: -Es que con Javi compartimos mucho. No teníamos demasiados juguetes. Teníamos un Winco y los discos de Los Beatles que eran del padre de Javier.
Arias: -Hasta habíamos armado una batería con tachos y con eso jugábamos a los diez años. El empuje que tiene Tripa para las cosas siempre lo tuvo, desde chico. Ya cuando estaba en la Fierro sabía de mi fanatismo por Di Sarli. Era una época en que todas las orquestas nuevas sonaban a Pugliese. Yo no había pensado en hacer nada y me hizo caer la ficha. Así que Tripa es muy importante en esta historia con el tango. La Fierro, también, fue clave para nuestra generación porque veíamos que era posible armar una orquesta típica. Eso les pasó a muchos otros y empezaron a aparecer un montón.
-Dentro de la diversidad que hay representan dos vertientes bien marcadas.
Arias: -Lo nuestro con Misteriosa es tradicional, pero no por eso tiene que ser aburrido o amargo. Nosotros retomamos del cuarenta el concepto de tener una visión propia. Pensá que Pugliese no habría propuesto nunca un tema como "Negracha", que era muy de vanguardia para la pista. Tenemos esa idea de generar los nuevos clásicos. Porque sino es exprimir la vaca hasta que no de más leche.
Bonfiglio: -Me parece fundamental que cada uno tenga su voz propia en el tango. Al margen de que Javier empezó con el sonido Di Sarli escuchás su orquesta hoy y tiene una sonoridad de la Misteriosa. Un estilo propio. Con Rascasuelos pasó lo mismo. Si bien empecé con referencias puntuales del tango se fue yendo para otro lado y se alcanzó una voz propia. En un principio me parecía bien tomar la posta de la década de oro, pero quedarse sólo con eso era volver a sepultar al tango. La primera etapa fue la de resucitar al género. Ahora ya goza de buena salud.
-¿Como era ese momento iniciático de la nueva generación?
Bonfiglio: -Tenías que salir a buscar la gente directamente a la calle porque si leían en un volante la palabra tango no iban. Por eso, con la Fierro tocamos en la calle para enfrentar al público y mostrarle que éramos otra cosa. Allí se acercaban músicos que tocaban pero no estaban en el tango. En un momento empezamos a cruzar contactos entre los que querían armar una orquesta. Para nosotros no servía que hubiera una orquesta sola. Que el tango haya crecido, que tenga la vitalidad de hoy es gracias a que hay un abanico grande de grupos. La idea individualista de que solamente haya un grupo que suene bien no sirve. Suma más que haya un movimiento, que se sume público, que haya movida.
Arias: -La diversidad fue lo que hizo que el tango se desarrollara en tan poco tiempo con muchas propuestas y eso hizo que fuera gigante. Cuando uno escucha tango, un día escuchás a Canaro y otro a Piazzolla. Todas esas visiones distintas hacen del tango lo que es. Da para todos. En su momento fue así. Cada uno desarrollando lo que para cada uno era el tango. Y ahora tiene que pasar lo mismo.
Bonfiglio: -Y está pasando.





