
Las hormigas se animan
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"Antz-Hormiguitaz" ("Antz", EE.UU., 1997), presentada por UIP -DreamWorks-, en inglés y en español. Dibujos animados computadorizados. Libro: Zak Penn. Guión: Todd Alcott. Música: Harry Gregson-Williams y John Powell, con Hans Zimmer. Desarrollo visual: Raman Hui. Efectos de visualización: Ken Bielenberg. Desarrollo de software: Ken Pearce. Voces: Woody Allen, Dan Aykroyd, Anne Bancroft, Gene Hackman, Danny Glover, Sharon Stone, Sylvester Stallone, Jennifer Lopez, Paul Mazursky, Christopher Walken. Dirección: Eric Darnell y Tim Johnson. 85 minutos. Todo público.
Nuestra opinión: muy buena.
Conviene advertir de entrada que este dibujo animado es monarquista. Superado el escozor de semejante escollo institucional -en una era en que las monarquías se han vuelto democráticas-, cooperemos en la salvación del orden que propone la Reina hormiga en esta simpática y atrayente creación. Pobre reina, ocupada como está en producir diariamente ella sola miles y miles de larvas-bebé por día y en decidir su destino: obreros o soldados.
Esta masificada subdivisión es la que provoca en la hormiga Z una fuerte depresión y un singular estado nervioso por ser "el" hormiga del medio en una familia de cinco millones de hermanos. Ni el psicoanalista puede contra la sensación de insignificante que se apoderó del espíritu de Z. Una travesura de la princesa Bala y la casualidad de perderse en un andurrial, fuera del hormiguero, ayudan a Z a encontrar lo que le falta, por vivir en un pozo donde la célebre imaginación sobre el mundo subterráneo de Fritz Lang ("Metrópolis", 1926) queda chica. A Z le falta individualidad.
Un hombre en la multitud
Ingeniosa aunque simple en su contenido y estructura narrativa, "Antz-Hormiguitaz" recurre al viejo tópico del pobre tipo sumergido en la multitud. Los responsables habrán buscado en las enciclopedias la trayectoria secular y perfecta de las hormigas. Entomólogos, biólogos, analistas sociales y hasta filósofos se han ocupado durante siglos por comparar la cabal armonía comunitaria en que conviven las hormigas. Hay defensoras del reino a mano armada y obreras que, a pico y pala (en el film), trazan inconmensurables laberintos bajo tierra, sólo por responder a una orden de la naturaleza. Son, sin embargo, menos provechosas para el hombre que las abejas, ejemplos de igual calidad en el momento de dibujar comportamientos sociales comparativos.
La voz de Woody
En la película, el juego se establece entre las voces reconocibles de los actores que doblan la palabra de los dibujos (¡Hay que verla subtitulada, en versión original, que el placer es doble!): hay que oír a Z, doblado por Woody Allen, con la verba titubeante que caracteriza al actor en una toma cenital (la única, al comienzo), tirado en el diván de la hormiga-psicoanalista. Hay que oírlo para que, inmediatamente, figura y voz sean una amalgama cómplice para el espectador, aunque los diseñadores no dibujan caricaturas de los intérpretes.
También es muy elocuente el primer encuentro, en la cantina, entre Z y el soldado cuya voz pone Sylvester Stallone. El diálogo (¿harán alguna película juntos...?) es muy saludable. De paso, se ha mantenido el título original -"Antz", juego de palabras entre "hormiga" y Z- aprovechando el altísimo nivel de idioma inglés adquirido por el pueblo argentino y porque no debe haber palabra en español que designe a estos bichos.
El equilibrio perdido
Como hay animales -formícidos del orden de los himenópteros, dice la enciclopedia- parlantes, el modelo de la fábula tradicional resulta inevitable: un dislate o una injusticia desploman la norma y es necesario reestructurar la vida para imponer de nuevo el orden, moraleja incluida.
La casualidad hace que Z sea tenido, en el hormiguero, por un héroe libertario, cuando sólo es propenso a la anarquía interior. Esa suposición abre los ojos de la masa sojuzgada, se escucha una frase tal como "los que se rebelan son los de abajo" y un general déspota, temeroso de que su sueño nazi se desplome, se apura a procurar un nuevo sistema donde sólo exista su voluntad, destronando a la reina.
Sin demasiada preocupación política y ya no por la casualidad sino por el ingenio y porque su alma se llenó del amor de Bala, el torturado Z recompone el poder monárquico, en el cual probablemente ingrese (esto es opinión nuestra, como dicen que nadie da puntada sin hilo).
Los logros de los computadorizadores son notables en la construcción de un universo donde la misma figura -la hormiga- aparece multiplicada hasta la infinitud. Los niños son voraces con lo arcano y se maravillan con el misterio, de modo que los colores arcillosos y la oscuridad expresionista del hormiguero, antes que un obstáculo para la identificación infantil, como han dicho algunos, va a ser un motivo para maravillar su lado siniestro, que también existe, para defenderse de los malos y para comprender, de paso, que una hormiga no es tan diminuta como se cree.
Trabajo de hormiga
Los creadores dan a la realización la forma de un film tradicional, en lo narrativo -como los dibujos animados habituales- y en el manejo del discurso visual: sólo hay una toma aquí extraña, desde arriba, aquélla sobre el diván del psicólogo, mientras los espectadores descendemos al multitudinario espacio de trabajo colectivo. El resto adopta el punto de vista de la hormiga, desde el que la realidad (la suela de una zapatilla, por ejemplo) es gigantesca y amenazante.
Quizás es un cuento demasiado serio y falta el personaje francamente humorístico y zafado de cualquier dibujo animado, pero tanto la computación, que no ha conseguido quitar su rigidez de goma a las facciones de los personajes, como la vida en el hormiguero no son para la risa. Las tomamos en serio o no aprendemos.
Cómo "Antz" se hizo película
LOS ANGELES (Especial para La Nación ).- Hacer una película en la que las protagonistas absolutas son hormigas necesita que el mundo de ese film sea construido en miniatura, visto por ellas, su propio mundo, explica Aron Warner, uno de los productores de "Antz".
Antes de que esa moderna tecnología pudiera comenzar a hacer su parte en "Antz", el proceso entero de la película comenzó a la vieja usanza, con los tradicionales elementos del storyboard: papel y lápices.
"Decidimos dividir el guión gráfico en tres actos, a su vez divididos en secuencias que se subdividen en escenas. La película cuenta con 1200 escenas, ¡así que se necesitaron varios miles de papeles y lápices para darle forma!", explicó a La Nación Rex Grignon, líder del equipo de animadores.
El segundo paso de esta especie de odisea animada fue construir en masilla y a escala cada uno de los modelos de los personajes. Pero un dato curioso es que para ello se requirió primero la confirmación total y absoluta del elenco de voces, ya que las hormiguitas fueron delineadas conforme a los gestos, las miradas y las expresiones de cada uno de los actores que las interpretan. "Nunca quisimos hacer de los personajes una caricatura del actor, sino para que reflejen sus personalidades. Así que filmamos videos con cada uno de los actores y actrices interpretando a los diferentes personajes, para observar cómo lucían en la piel de una hormiga", aclara Grignon.
Una vez que el elenco grabó estas voces de prueba, los videos constituyeron el primer punto de referencia ante el equipo de diseñadores, para generar las esculturas de cada uno de los personajes.
Cuando los modelos en masilla estuvieron terminados, el siguiente paso fue el de llevarlos al interior de la computadora: la digitalización de las esculturas en masilla. "Se utilizó un marcador luminoso especial que resalta las curvas, los distintos volúmenes, etc. Eso es lo que permitió crear un modelo tridimensional dentro de la computadora. Después, los modelos digitalizados pasan al equipo de directores técnicos, que son los encargados de poner en cada personaje las distintas funcionalidades que se corresponden con las de los seres humanos, los movimientos y los gestos."
El paso final fue hilar la historia, y eso se logró a través del scanning (digitalización) de cada uno de esos dibujos iniciales del storyboarding para su posterior edición y producción.
El film, según Grignon, quiebra con los tradicionales patrones que se utilizaron hasta el momento para la animación de movimientos faciales, secuencias en masa (60.000 hormigas bailando) y simulación de agua.
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