
Las livianas canciones de Sandra
Recitales de la cantante Sandra Mihanovich, junto a Guillermo Arrom (guitarras), Juan Losovich (bajo), Oscar Giunta (batería), Facundo Guevara (percusión) y Fabián García (teclados y dirección muscial). En el teatro Maipo. Nuestra opinión: bueno.
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Todos saben que Sandra Mihanovich es dueña de una voz bien timbrada, que es afinada, que no grita, que sabe emitir las notas con la minuciosidad de las mejores cantantes, que frasea con gusto, que dispensa matices y que, incluso, llegó a cantar muy bien en inglés.
Hoy vuelve Sandra, tras larga ausencia de seis años (no grababa desde que presentó "Cambio de planes", en 1994) con un nuevo disco que dio en llamar "Todo tiene un lugar". Allí se pueden encontrar canciones de Alejandro Lerner, Vane Mihanovich, Donato Poveda...
El encuentro en el Maipo se inicia con el ingreso de un grupo de percusión por el pasillo del teatro. En esa primera canción se descubre el universo canoro de Sandra, imbuido de una especie de franco optimismo posmoderno y pragmático de primer mundo.
Sandra le canta a un "universo lleno de ilusiones", a lo "hermoso de la vida", mientras convoca a olvidar la melancolía. Esta es la tónica que habrá de imperar en el resto del repertorio, en el que no faltan consejos como este de que "siempre hay que pelear en la vida" porque "somos vulnerables nada más..."
El quinteto instrumental y el esporádico cuarteto vocal que la acompaña esgrime discreta musicalidad. Sobre todo por no recurrir a la estridencia. Y Sandra, con guitarra o sin ella, se entrega de lleno al canto con envidiable fruición, como si se tratara de textos comprometidos o dramáticos, incorporando de vez en cuando aquella roña de los gruñidos típicamente jazzísticos, pero eso sí: sin dejar de sonreír inclaudicablemente.
Por cierto que, al margen del disco compacto, Sandra canta aquellos clásicos suyos, "Asfalto" (que no habrá de confundirse con la poética "Arena y limo", de Serrat); "Por tu ausencia", con el estribillo "yo te canto de corazón", y el eterno, porfiado y hoy anacrónicamente contestatario "Puerto Pollenza".
Un melodismo bastante remanido y elemental, entretejido con ritmos caribeños y pop-rock, sostenidas en armonizaciones al uso en música popular, son el sostén de estos temas de amor sobre parejas de todo tipo y sobre contingencias individualísimas de gente satisfecha.
Sandra le dedica un tema amoroso a su amiga Claudia en particular, y también todo el concierto. El tema dice algo como "cuanto te veo, todo brilla a mi alrededor".
Sandra quiere volar en nubes de ensueño, quiere crecer , aprender de las caídas , renacer , abrir las puertas de par en par , cruzar fronteras con el corazón . Todo forma parte de un país ideal, de un paraíso al que quiere transportarnos empeñosamente sonriendo. Por un momento uno puede olvidar que la vida cruel pasa a pocos pasos de la sala, mientras nosotros la vemos, por este resquicio de canciones, obstinadamente de color rosa.
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