
Las marquesinas brillan otra vez
En el primer semestre de este año el público aumentó el 192 por ciento con respecto al mismo período del año anterior
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La calle del ensueño, la que nunca duerme. Así se la conocía a aquella vieja Corrientes que albergaba la bohemia y la trasnochada de soñadores y tejedores de ilusiones, hasta que un día llegó, con el ensanche, a la categoría de avenida. Iluminada como pocas, su fisonomía era fácil de distinguir por los colores de las luces de neón de los teatros que creaban fantasmas surrealistas sobre el asfalto brillante.
Por distintas razones, esas luces fueron lentamente extiguiéndose casi como la afluencia de caminantes y de espectadores que llenaban de alegre bullicio los foyers del entretenimiento. De esta manera, Corrientes se vio apagada durante varios años en la retina nostalgiosa de los habitués.
Y el público apareció
Casi de imprevisto, algo fue cambiando en estos últimos tiempos. Un movimiento inusual señalaba otro palpitar. Fue el primer síntoma. Se encendieron nuevas marquesinas de viejos cines-teatros como el Opera, dedicado a la comedia musical; el Gran Rex, que sumó espectáculos teatrales, y el sempiterno El Nacional que resurgió de sus cenizas.
Sí, primero aumentó el número de teatros, aún sin saber si la sabia humana iba a poder caldear sus ansiosas salas. Y el público apareció.
Los resultados indicaron que se trataba de algo más que una expresión de deseo. Era una realidad que confirmaron las cifras de la Asociación de Empresarios y Productores Teatrales, agrupación que nuclea a los responsables del denominado teatro comercial.
Con respecto a las cifras del primer semestre de 1999, este año, en el mismo período, asistieron casi 400.000 personas más; dicho de otra manera, un 192 por ciento más de espectadores asistió a ver los musicales, comedias y dramas.
Cauto en sus expresiones, aunque ahora se permite incrementar el número de salas con la renovación del Blanca Podestá, Carlos Rottemberg, empresario de esa sala, del Ateneo, Liceo, Lorange y Tabarís, no canta victoria. "Las cifras son reales -señala-, pero hay que considerar que en 1999, en la asociación, sólo estaban registradas 11 salas y este año se incorporaron otras 7, incluido el Luna Park. Por eso, los números son tan auspiciosos".
De cualquier forma, no niega que se nota una mayor afluencia de espectadores. "Es una realidad que en este momento -continúa Rottemberg- hay una recategorización de las salas. Esto me llevó a la remodelación del Blanca Podestá. Mis salas de 700 butacas o más, no sirven para realizar los grandes musicales, que necesitan una mayor envergadura escénica para el despliegue tecnológico, pero paradójicamente, tampoco permiten poner un teatro de cámara o piezas más intimistas. Por lo tanto, creo que es el momento de embarcarme en esta aventura de hacer cuatro salas con capacidad entre 150 y 500 butacas".
El atractivo del género
Abatida por los vaivenes económicos, afectados por los gastos fijos, las salas transitaban erráticamente diversos caminos para conseguir el éxito de público que les permitiera sobrevivir.
Buscar el éxito como sinónimo de permanencia. Como aquellos que lograron "Salsa criolla", con Enrique Pinti al frente, o "Brujas", con siete años de permanencia sin interrupción, o "Drácula", en el Luna Park, (que superó el medio millón de espectadores) y que en los últimos años quedó reservado para la comedia "Art". Pero, sin temor a caer en un equívoco, algo empezó a cambiar cuando Daniel Grinbank decidió transformar el cine teatro Opera en un recinto adecuado para poner en escena el musical. Así sobrevino "La Bella y la Bestia" (1998-99), que llegó a convocar en los tres primeros meses a 97.345 espectadores, cifra que no fue equiparada por "Los miserables", que en el primer trimestre de este año sumó 73.975 espectadores.
Este fue un punto de partida para que la temporada actual se iluminara con otros musicales: "101 dálmatas", "El zorro", "Mi bella dama", que desde su estreno el 1º de marzo fue vista por más de 70.000 espectadores que pagaron su entrada (invitados no se cuentan), y se anunciaran próximos estrenos, como "Amor sin barreras", "Fiebre de sábado por la noche" o "Las mil y una noches", por ejemplo.
Marquesinas encendidas
Aunque el grado de entusiasmo no era el mismo para todos los productores, las cifras justificaron a aquellos que, como Lino Patalano, siguen apostando al teatro. "Creo que los productores estamos todos locos -dijo, refiriéndose a la temporada-. Será un albur, pero por desgracia o por suerte estamos en esto. Me parece una maravilla y me causa mucho placer ver junto al Maipo las marquesinas de "Los miserables" y "Mi bella dama". Creo que si a la gente le gusta un espectáculo va a ver otro. Vaticino una buena, por no decir excelente, temporada."
Profecía que por otra parte parece cumplirse, aunque no todas las boleterías reciben el mismo grado de satisfacción. Y esto lleva a otro punto importante que entra en consideración. ¿Hay una predilección por algún género en especial?
Esta pregunta es respondida por Alejandro Romay, quien retomó la senda favorita, la que lo lleva al musical, sin descuidar el drama y la comedia.
Aplausos de pie
"Con respecto a lo que funciona mejor, habría que ver desde dónde lo analizamos. Si lo hacemos desde el punto de vista de la recaudación, nos quedamos cortos en el análisis. Si lo analizamos desde el punto de vista del fervor del público, de su respuesta, es evidente que la comedia musical es la preferida. Lo demuestra poniéndose de pie y aplaudiendo. Eso se ve muy pocas veces en el teatro actual, o se veía muy pocas veces. Ahora se nota todas las noches; ya no solamente con la comedia musical, sino en general con la comedia." En todo caso, antes de gritar victoria, es conveniente esperar a ver qué sucede en el segundo semestre del año.






