
Las muchas encarnaciones de Tarzán
Desde que apareció en una revista por entregas, el personaje creado por Edgar Rice Burroughs tomó estatura mitológica y ha sido llevado muchísimas veces a la pantalla con un hito ineludible: el que interpretó Johnny Weissmüller
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Son muchas, muchísimas las encarnaciones que a tenido Tarzán a lo largo de los años. El personaje apareció por primera vez en una novela por entregas del escritor de Chicago Edgar Rice Burroughs que la revista pulp All Story Magazine publicó en 1912. Se hizo tan popular como para que Burroughs decidiera editar unas dos docenas de secuelas hasta la década del 40. En 1918 fue llevado por primera vez al cine: producida por la National Film Corporation, la película fue dirigida por Scott Sidney y protagonizada por Elmo Lincoln y Enid Markey, en el rol de Jane. Gordon Griffith interpretó el papel del Tarzán niño en ese film mudo. Se hizo evidente que el personaje tenía ángel: Tarzán o el hombre mono fue una de las primeras películas de la historia del cine en superar el millón de dólares en taquilla. Después se hicieron más de 40 películas y unos 60 programas televisivos dedicados al Hombre Mono. Desde hace años Marvel Comics viene lanzando al mercado norteamericano cerca de medio millón de ejemplares de cómics basados en las aventuras que escribió Burroughs, traducidas a todos los idiomas imaginables.
El Tarzán más popular hasta hoy ha sido, sin dudas, el que encarnó el campeón olímpico de natación Johnny Weissmüller. Su protagónico en Tarzán, el hombre mono (1932), donde el personaje apareció por primera vez afeitado, se volvió famoso muy pronto. Maurice O'Sullivan se hizo cargo del rol de Jane. Weissmüller protagonizó doce films dedicados al mismo personaje, bastante diferente al aristócrata culto de las novelas de Burroughs, un perfil que recuperó Gordon Scott cuando asumió el papel en La más grande aventura de Tarzán (1959). Fallecido en 1984 a los 80 años, Weissmüller terminó internado en una clínica psiquiátrica donde, se dice, solía aterrar a otros internos con el clásico aullido de Tarzán.
Después de Weissmüller, fueron varios los atletas que se pusieron en la piel del Hombre Mono: Denny Miller fue el primer Tarzán rubio, en 1959. Y después se sucedieron Buster Crabbe, campeón olímpico de natación, Glenn Morris, campeón de decatlón, y Herman Brix, campeón de lanzamiento de peso en las Olimpíadas de 1932. También lo interpretaron Lex Barker, actor que estuvo casado con Lana Turner; James Pierce, quien terminó casado con Joan, la hija de Burroughs, y Christopher Lambert, en Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos (1983). En 1999 Disney estrenó una exitosa versión animada que recaudó 450 millones de dólares en todo el mundo. El negocio que creció alrededor del personaje creado por Burroughs, escritor que también se dedicó a la ciencia ficción pero nunca logró la misma repercusión que obtuvo con Tarzán, fue de enormes dimensiones: de hecho, pudo fundar su propia productora en un barrio del valle de San Francisco que más tarde fue bautizado como "Tarzana", un distrito en el que hoy viven más de 35 mil personas. Los herederos de Burroughs prohibieron la comercialización de productos que no sean las imágenes clásicas del cine o los dibujos de Harold Foster, Burne Hogarth y Boris Vallejo, los ilustradores más conocidos que trabajaron sobre el personaje.
¿Cuáles fueron las razones de tanto éxito? Probablemente la ingenua ilusión que Rousseau ya había propuesto en el Siglo XVIII con sus teorías sobre el buen salvaje, el magnetismo de las voces misteriosas de la jungla, gran templo de la naturaleza, los mitos y las sugestiones de un paraíso perdido, la seducción ecológica de un mundo virgen completamente diferente al de las alienantes grandes urbes. En términos psicológicos, quizás la sublimación de un erotismo salvaje de los adultos, más allá de que con el paso de los años el personaje terminara convirtiéndose principalmente en una atracción infantil. También se ha especulado sobre los vínculos del mito de Tarzán con la teoría de la evolución de Charles Darwin, posible inspiración para Burroughs. Algunos científicos que compararon los genes humanos con los de sus parientes más cercanos -los simios- para obtener un cuadro más detallado sobre los orígenes de nuestra especie llegaron a la conclusión de que descendemos de un híbrido de hombre y chimpancé. La hipótesis puede ser falsa. Lo que es completamente verificable es que Tarzán ya tiene, hace rato, estatura mitológica.ß




