
Las tablas, un refugio para señoras actrices
Los regresos de Fernanda Mistral, Dalma Milebo, Peggy Sol y Silvia Montanari
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Reunir actrices con recorridos diferentes, que no están trabajando juntas y que tampoco son amigas, puede no ser la tarea más sencilla del mundo. Salvo que la justifique una buena excusa, más que periodística popular o como se le llame al encuentro amoroso con el público. Porque se trata de cuatro figuras muy reconocidas que hacía tiempo no se veían en esa manera de existir que es la televisión y los medios masivos, pero que hoy están haciendo teatro en Buenos Aires. Por esa coincidencia se reunieron Fernanda Mistral, Dalma Milebo, Peggy Sol y Silvia Montanari.
Coqueta y desenfadada es Teresa, el personaje de Montanari (por un problema de salud no pudo sumarse el día de la producción fotográfica) en Mujeres de ceniza, comedia de Sergio Marcos y Martín Guerra con dirección de Roberto Antier, en la que trabaja junto a Nora Cárpena, Zulma Faiad y Mercedes Carreras. La obra se estrenó el año pasado, hizo temporada en Mar del Plata (donde fue reemplazada por Luisa Albinoni) y volvió a la calle Corrientes. "Este libro ya me lo habían alcanzado hacía cuatro años, pero no me gustó, tenía problemas. Los autores lo arreglaron, me gustó mucho el cambio y acepté. Estoy feliz con esta Teresa tan graciosa", dice Montanari, quien reconoce haber pasado en su carrera por momentos de menos actividad: "Cuando fui mamá de Rodrigo tenía 31 años y decidí trabajar menos. Le dije que no a muchas propuestas porque mi hijo es más importante que la carrera".
A los 15 años comenzó a trabajar con Chicho Ibañez Serrador en el ciclo Cuentos para mayores y desde entonces siguieron muchos papeles inolvidables en Los otros y nosotros, Son de Diez, Alén luz de luna, Gasoleros y Provócame: "Hice menos tele porque o no me llamaron o no podía o no me gustaba el libro o el elenco. Pero la gente siempre brinda cariño por la calle, quiere verme. El que te ama no te olvida. No voy a programas de chimentos ni a eventos ni presentaciones, no me muevo en el ambiente, mi perfil es bajísimo. Y eso influye en la elección de los productores".
Dalma Milebo tampoco frecuenta eventos ni es mediática. Después de trabajar en el mítico La tuerca, en teatro y tele con Tato Bores y con Hugo Moser en Matrimonios y algo más, programa y show en el Astros (tres funciones los sábados), la racha se cortó: "El medio es muy duro, yo soy muy sensible y tiendo a encapsularme. Está el «te quiero mucho» a flor de labios y no es tan así. Hay miedo a quedarse sin trabajo aunque despellejen al de al lado. Esas cosas me distanciaron, además de problemas personales". El parate se cortó gracias a Pol-ka con Sos mi vida (era la mamá de Natalia Oreiro), Sin código y Mujeres de nadie, esta última en 2007. Y, otra vez, silencio. Hasta que en el verano un productor le llevó el libro del unipersonal Siempre quise ser Bette Davis donde, por fin, iba a poder cantar. "Agradezco a mi físico porque me ayudó a que descubrieran a la actriz. Pero no me dejaban cantar. Ahora llegó y lo disfruto mucho, agradezco al de arriba esto que me pasa", dice sobre la comedia de Fernando Albinarrate y dirección de Héctor Presa, nominada a los premios Hugo en rubros Mejor unipersonal y Mejor letra de musical argentino.
Confieso que he vivido
Elida Lapadu quiere recuperar su nombre. No porque Peggy Sol -el que eligió para ella Pinky, su madrina artística- sea un mal recuerdo, sino porque quedó muy lejos de su presente. En 1998 se mudó a Toronto, Canadá, con una amiga argentina. Tuvo que estudiar inglés, buscar trabajo por el diario, vender en ferias las máscaras y pinturas que realiza -su pasión paralela- y reinventarse. Atrás dejaba tres divorcios, un hijo de 27 años, un departamento rematado y una carrera que había empezado a los 16 cuando fue parte de la Nueva Ola. En los ochenta protagonizó Doña Flor y sus dos maridos (que había hecho Ana María Cores) y trabajó en los ciclos Las tretas de Moria y El teatro de Darío Víttori, entre otros. Pero cada vez los musicales en la televisión eran menos y el trabajo para algunos artistas faltaba.
En Toronto logró que el director argentino Arturo Fresolone la sumara al elenco de A man called Pablo, una obra sobre Neruda en inglés en el Centre for the Perfoming Arts. Relanzada su vida actoral, lo último que hizo en el exterior fue Oh Sarah, del uruguayo Ariel Mastandrea sobre la Bernhardt. Con ese libro entre manos y mucha esperanza regresó el año pasado. "Desde 2004 iba y venía, pero en 2012 se casó mi hijo, así que si iba a ser abuela quería estar acá. Encontré que hay mucha vida y talento en el off. Con la dirección de Hugo Gregorini hicimos Oh Sarah en el teatro de Raúl Serrano y ahora preparo con Lina de Simone un show de tango y poesía fuera de lo común. Quiero recuperar mi nombre."
La otra Bernhardt de la cartelera porteña es Fernanda Mistral, que junto a Stella Matute como Eleonora Duse protagoniza Despedida en París, escrita y dirigida por Raúl Brambilla. "Sarah representa la libertad de elegir, de ser una misma, aunque tuvo que cargar con su hijo. A Eleonora, en cambio, le tocó estar sometida a un escritor, su amor Gabriele D'Annunzio. A mí en la vida me tocó ser más Eleonora que Sarah", dice riendo Mistral, porque los viajes de su marido la llevaron a España donde vivió y trabajó durante dos períodos, de 1982 a 1990 y de 2000 a 2012. En el medio, los noventa, hizo Brujas en teatro y la tira Muñeca brava en tevé, y en 2008, en una de sus visitas, subió al escenario de El Cubo con Intimidades de la Sra. Müller, su última actuación en Buenos Aires antes de la vuelta en 2012, cuando decidió retornar definitivamente a su ciudad, la de la familia y los recuerdos.
"Como no tenía trabajo cuando llegué me fui a hacer un seminario con Augusto Fernandes. Estudiar te permite borrar esquemas del pasado", dice la actriz que, por otro lado, acaba de grabar la serie Estocolmo -producida por Nacho Viale y protagonizada por su hermana Juana-, donde será la madre de Luciano Cáceres y Esteban Lamothe. Seguidora de Osho -viajó a la India-, dice que la gente más grande la recuerda muy bien: "Todavía me preguntan por Erika, mi personaje en El hombre que volvió de la muerte. Debuté a los 15 años en Suburbio, de León Klimovsky, con Pedro López Lagar y Fanny Navarro, y nunca más paré. Sí, confieso que he vivido."
Mujeres de ceniza
Con Silvia Montanari
Funciones, miércoles, viernes y sábado, a las 20
CPM Multiescena, Corrientes 1764
Despedida en París
Con Fernanda Mistral
Funciones, viernes y sábado, a las 21.15 y, domingo, a las 19
Teatro de la Comedia, Rodríguez Peña 1062
Siempre quise ser Bette Davis
Dalma Milebo
Funciones, sábado, a las 20.30
Teatro Molière, Balcarce 682






