
Lecchi, a punto de develar su secreto
Apuesta: el director argentino habla de "Secretos compartidos", en la que Víctor Laplace interpreta a un asesino serial.
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Alberto Lecchi es un tipo de perfil bajo, poco afecto a las relaciones públicas. Una característica envidiable para un director independiente, pero a la vez poco común para uno argentino.
En una época en que la inmensa mayoría de sus colegas mide cada una de sus palabras a la hora de opinar respecto de la actual administración del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Lecchi critica los manejos de Julio Mahárbiz con la sinceridad y el aplomo de quien está verdaderamente seguro de su proceder. Y eso que su situación financiera no es todo lo sólida que debería, ya que la suspensión del Banco Patricios (entidad a la que el Incaa cedió el manejo de sus créditos) lo privó de 160.000 dólares indispensables para la campaña publicitaria.
Alberto Lecchi no es un favorito de la crítica. Sus películas apuestan por los géneros y, se sabe, esa búsqueda no es tan prestigiosa como el "cine de autor". Pero sus más que dignos guiones, filmados a partir de la experiencia que le dio el haber sido durante décadas asistente de Adolfo Aristarain, María Luisa Bemberg, Carlos Saura, Héctor Olivera y Fernando Ayala, encontraron su público. "Perdido por perdido", aquel sorprendente policial con Ricardo Darín y Carolina Papaleo, convocó a 135.000 espectadores, mientras que "El dedo en la llaga" fue vista por 185.000 personas.
Asesino a la criolla
Mañana será el turno de "Secretos compartidos", una película que incursiona en un género tan usual en la producción norteamericana como poco transitado por la argentina: el de los asesinos seriales. Y en este caso es Víctor Laplace el encargado de interpretar a un asesino serial, en versión porteña.
Director de la popular tira televisiva "Nueve lunas", que le valió incluso un Martín Fierro a la mejor realización televisiva, y coguionista de "Un lugar en el mundo", Lecchi recuerda el origen casual de "Secretos compartidos": "Entre los muchos guiones y libros que me envían para cine y tevé, había una novela inédita de Leandro Siciliano llamada "Pescador y payaso". La empecé a leer y me la morfé en una hora. Enseguida me di cuenta de que ahí había una película. Se la llevé a mi productor, Luis Sartor, e iniciamos un camino que de alguna manera terminará con el estreno".
Aquella novela original -que en los próximos días dejará de ser inédita- fue sólo un punto de partida para la película. Convenientemente adaptada al formato cinematográfico por el propio Lecchi y su habitual colaborador Daniel Romañach, se transformó en un guión potente que describe cómo Vicente Duarte, un simple oficinista casado, tímido, cordial y algo reprimido, se convierte en un sanguinario y frío violador y asesino de atractivas jóvenes.
La película -más cercana a "Henry, retrato de un asesino" que a "Pecados capitales" o "El silencio de los inocentes"- está narrada desde la óptica del protagonista. Pero este punto de vista, que en apariencia devela todos los secretos y limita el suspenso, permite que a su alrededor se desarrollen otras historias paralelas que finalmente se conectan con la principal, dando lugar a un desenlace inesperado, tan propio de este género.
Es precisamente ese arranque en el que aparentemente ya se sabe todo (cuando en realidad pasa todo lo contrario) el que despertó el entusiasmo inicial de Lecchi. "Ya el prólogo decía: "Vicente Duarte asesinó a varias mujeres..." Y parecía entonces que iba a ser una novela fallida. Pero a medida que la ibas leyendo, te encontrabas con nuevos misterios, nuevas líneas que hacían más y más apasionante la lectura. Eso es lo que quise trasladar a la película", explica.
Tensión permanente
La historia también provocó en Lecchi un enorme desafío como director. "La apuesta era cómo contar con poca guita una historia que los norteamericanos filman todo el tiempo y muy bien. Mi película no tiene grandes escenas de acción y, sin embargo, creo que mantiene una tensión permanente". En los logros estéticos mucho tiene que ver el minucioso trabajo de la habitual troupe de Lecchi: la fotografía de Hugo Colace, la dirección de arte de Clara Notari, el sonido de José Luis Díaz y la compaginación de Alejandro Alem.
En el terreno actoral, junto a Laplace aparecen Leonor Benedetto, Antonio Grimau, Enrique Pinti, Alicia Zanca y un excelente Gabriel Goity.
Este sueño de 1.400.000 dólares encontró apoyo en el Multimedios América, pero también dificultades de todo tipo. "El crédito del Instituto -relata Lecchi- llegó cuando ya habíamos terminado el rodaje, y ahora tenemos que devolverlo cuando las dos últimas cuotas quedaron sepultadas en el Patricios. La gente del Gobierno de la Ciudad no nos dejó filmar en el microcentro ni en la Avenida de Mayo, pese a que nosotros propusimos un esquema de rodaje muy acotado que no complicara la circulación ni el estacionamiento. ¡Y pensar que en otras grandes ciudades del exterior se matan para que un director vaya a filmar!" Pero esos contratiempos tan argentinos ya quedaron atrás, son parte del anecdotario de toda realización cinematográfica. Lo concreto es que la película ya está terminada. Sólo falta que, dentro de pocas horas, encuentre a su verdadero destinatario: el público.






