
Julieta Venegas
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Los discos de ruptura no tienen por qué ser tristes
Lo que parece un chusmerio berreta es, en realidad, un dato fundamental para entender Limón y sal: a fines del año pasado, Julieta Venegas se separó de Jorge Villamizar, cantante del grupo Bacilos. Como alguna vez lo hicieron Bob Dylan, Marvin Gaye, Beck y tantos otros, la mexicana usó sus canciones para hacer catarsis por su ruptura, pero con una diferencia: en lugar de transmitirnos su dolor con un disco afligido lleno de pianos y cuerdas, eligió volcar su desilusión en las letras y conservar el optimismo en lo musical.
Limón y sal es puro contraste. Si se lo aborda superficialmente es un álbum radiante y amigable, con ritmos cálidos como el reggae, la ranchera, el hip hop o el pop a secas, surcado por melodías pegadizas y coloreado por el acordeón y su encantadora voz. No obstante, las palabras van completamente a contramano, destilando veneno o resignación en frases como "un día me cansé y claro está que te dejé" ("Canciones de amor") o "nunca creí en la felicidad, a veces algo se le parece pero es pura casualidad" ("Limón y sal", compuesta codo a codo con el susodicho).
Las participaciones de Dante Spinetta, Coti Sorokin y la MC chilena Anita Tijoux completan este disco en el que Julieta, tan ácida como dulzona, exorciza sus demonios sin perder la alegría. Y claro, también avisa: el próximo ya sabe lo que le espera.
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