Lo inevitable de "Evita"

La película contiene todos los ingredientes de una seperproducción de Hollywood, pero carece de un elemento fundamental: pasión
Fernando López
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20 de febrero de 1997  

Hasta cuando se la evoca, aunque sea por la vía artificiosa y distante del musical de Broadway trasladado al cine, Eva Perón está destinada a alimentar el fuego de las polémicas. El film de Alan Parker nació entre ellas y en ellas encontró buen alimento para su prolongada e impresionante campaña publicitaria. Sin embargo, curiosamente, no es una obra que parezca dirigida a avivar discusiones, como no sea la que se empeñan en renovar los que le siguen reclamando rigor histórico al musical, sin advertir que es un género tan alejado del realismo que parte de la convención de que todos los personajes cantan en lugar de hablar.

"Evita" es demasiado distante para despertar cualquier emoción. Cuestión de género, en primer lugar, pero también fruto no deseado de la empeñosa búsqueda de ecuanimidad por parte del director, que de tanto limar las asperezas contenidas en el original de Broadway termina por dibujar un retrato descolorido, plano, sin matices y hasta confuso. Con toda la espectacularidad de Hollywood y sus 60 millones de dólares, con la seducción visual que es frecuente en los films de Parker, con el innegable atractivo de una banda sonora que se las arregla para volver cantables textos que a veces se hacen escarpados, pero superficial y fría. Tan fría como su protagonista, que hace esfuerzos considerables por encontrar al personaje pero tropieza con la concepción esquemática del guión y raramente -o nunca- traduce su carisma. (Si Madonna lo tiene, en todo caso, es de una naturaleza bien distinta del de Eva.)

La mirada del otro

En busca de algún equilibrio, hay que reconocer que constituye un arduo esfuerzo para el espectador argentino creer en esta Evita y en este Perón que no se parecen demasiado a los originales, cantan todo el tiempo y lo hacen en inglés. Habrá quien se entregue al casi inconsciente ejercicio de completar con lo que conoce de la historia los huecos que el film deja, que son muchos, y quizá pueda disfrutar del espectáculo. Habrá quien rechace de plano el retrato porque no se corresponde con la visión propia, por maniqueo o por fragmentario (un espectador desprevenido podría imaginarse por qué Eva despertó tantos odios, pero no tanto por qué hay quienes la veneran como a una santa).

De todas maneras, aunque esté fuera de discusión que el fenómeno de Eva y el del peronismo todo son bastante más complejos que lo que se deduce del film, no deja de ser interesante prestar atención a lo que un artista extranjero ve de la Argentina cuando se pone a la tarea de observarla, por más que ésta aparezca como telón de fondo de un retrato personal (la obra entera gira en torno de Evita) y por más que el retrato esté trazado de acuerdo con esa concepción del mundo tan trivial y tan hollywoodense según la cual la vida es equiparable a una carrera artística y todo se explica en términos de estrellato, éxito, fama o fracaso.

Sin contradicciones

Más que en lo ideológico -parece poco atinado juzgar la ficción de un musical como si se tratara de un documento con aspiraciones testimoniales-, el problema de "Evita" reside en la construcción del relato y en el dibujo de los personajes.

Por un lado, por más que Parker airee el cuento, por muchos decorados que fatigue, el resabio teatral es fuerte. El propio personaje de Banderas (que probablemente es lo mejor del elenco) es de estirpe teatral, sirve a la conexión de las escenas fragmentadas, comenta la acción y presta su voz al autor: por eso Parker lo ha despojado de aquel aire setentista que lo había convertido en el Che Guevara y lo ha dejado así, sin nombre preciso, como el ubicuo y reflexivo hombre del pueblo que no se deja engañar, adivina desde siempre las ambiciones de Eva y vislumbra que el paraíso peronista no es sino un espejismo.

Por otro lado, y he aquí quizás la mayor debilidad de la obra (no ya solamente desde el punto de vista del rigor historico sino sobre todo desde el ángulo de su eficacia dramática), Eva es un personaje sin matices, chato, de una sola cara. Su objetivo, aunque brumoso, es el triunfo, y a él se encamina desde el principio sin reparar en otra cosa que en su marcha ascendente. Sin dudas, sin contradicciones, sin contramarchas ni angustias, no deja de ser solamente Eva: deja de ser un personaje interesante y despoja a la obra de su posibilidad de crecimiento dramático.

Tal meseta narrativa se disimula mejor en los primeros tramos porque todavía hay personajes por conocer, escenarios cambiantes, alguna acción, aunque no sea más que las que Evita produce en busca de aquella nebulosa cúspide a la que aspira obstinadamente.

Pero después, cuando todas las cartas han sido puestas sobre el tapete, cuando todo el planteo se completó y sólo queda esperar que se cumplan los episodios de una historia que por lo menos en esos términos anecdóticos cualquier argentino conoce bien, el film se estanca y se convierte en una sucesión de canciones que van sintiéndose cada vez más largas y menos interesantes.

Queda lo musical, que es primordial porque esto es una ópera rock y en ese terreno Madonna se luce bastante más que a la hora de componer un personaje que (hay que ser justos con ella) tampoco le ofrecía demasiadas facetas. El esfuerzo, así, está puesto sobre todo en la composición exterior (lograda seguramente a los ojos de espectadores menos duchos; para un argentino, no deja nunca de ser Madonna metida en los -admirables- trajes de Eva Perón).

Menos fortuna todavia tiene Jonathan Pryce, que no tiene su fuerte en el canto y cuyo reconocido oficio actoral apenas se vislumbra debajo de un personaje desdibujado que permanece siempre en la zona más penumbrosa del relato y parece resultarle tan postizo como su peinado. Jimmy Nail, en cambio, le pone buena voz a su dibujo un poco caricaturesco de Magaldi.

La pasión, ausente

"Evita" es -está a la vista- una gran producción, con todos los rasgos que se esperan de ella en materia de despliegue de medios, más un magnífico tratamiento de la luz, una puesta en escena que habla del gran sentido del espectáculo que posee Alan Parker y una arquitectura dramática que respeta al original de Broadway pero se enriquece con la exuberancia visual que impone el realizador y a veces abre una potente vía expresiva, como en ese tango desolado y sombrío que se baila como un rito fúnebre.

Es una pena que la pasión esté ausente. La visión podía ser complaciente o crítica, partidista o neutral, pero ¿cómo imaginar una Evita sin pasión?

Los celosos custodios del mito, pues, no tienen por qué preocuparse. Evita -no la real, tan inasible como cualquier ser humano y por lo tanto tan contradictoria, sino la que se instaló en la leyenda a fuerza de amores incondicionales, de odios, de admiraciones y de rencores- es bastante más vigorosa que este retrato rígido, esquemático y distante. Seguramente, sabrá sobrevivir al empeño de Hollywood por adueñarse del mito y darle un rostro definitivo.

"La gente tiene derecho a opinar por sí misma"

Ante la controversia que despierta su película, el realizador británico dice que "ninguna democracia debe temer al arte"

"Lo que pasó con Cabezas es realmente terrible .Es trágico", dijo Alan Parker a La Nación respecto del asesinato del fotógrafo de la revista Noticas. "Esto no afecta sólo a una persona sino también a la libertad de prensa, y por lo tanto a toda la sociedad.Lo que le ocurrió a Cabezas es atroz y espero que lleguen al fondo de la investigación. Me pongo en el lugar de los reporteros gráficos y supongo que después de lo que sucedió deben estar trabajando con mucho miedo", agregó el director de "Evita", en solidaridad con los reporteros gráficos y periodistas que piden el esclarecimiento del crimen de José Luis Cabezas.

Según Parker, "la libertad de expresión y de prensa son absolutamente importantes en cualquier sociedad democrática. A veces la prensa va demasiado lejos y se vuelve irritativa, pero aún en esos casos debe ser defendida su libertad".

"Yo no soy una estrella de cine, pero en cierta medida soy una figura pública y a veces me enojo con la prensa porque ella invade o intenta invadir mi vida privada -admitió el realizador británico-. Sin embargo, tengo en claro de que mi derecho a la privacidad es nada si se la compara con la libertad de prensa. Sin libertad de prensa no tenemos nada; vamos perdiendo todas las otras libertades".

-Usted dijo que la gran dificultad de "Evita" fue hacer el film con música e imágenes y sin diálogos ¿Cuáles fueron las ventajas de trabajar de ese modo?

-Es difícilconseguir que eso funcione, pero si uno lo logra -y creo que nosotros lo logramos-, desde el punto de vista emocional, se llega mucho más a la gente por el gran impacto que tiene la música. El secreto está en convencer al público desde el principio de que acepte el código de esa propuesta en la que los personajes se expresarán sólo a través de canciones.

-¿Fue la historia de vida de Eva Perón el gran motor que lo llevó a realizar el film?

-Yo no estaba desesperado por hacer un film sobre Eva Perón. La historia es tan importante en la Argentina, que terminan olvidándose que para mí se trataba de un desafío artístico. Ese desafío tenía para mí una doble exigencia:utilizar sólo música e imágenes y contar una historia tan fuerte como ésta.

-¿Cuál es su sentimiento como cineasta cuando la polémica ideológica ocupa el primer plano en desmedro del hecho de que finalmente "Evita" es una película?

-Es cierto, en la conferencia de prensa aquí en Buenos Aires, me sentí más un político que un realizador. Finalmente, yo soy responsable del trabajo y por eso me mostré abierto para responder sobre esas cuestiones. Tenía que sentarme allí y contestar. Pero hubo momentos en los que tuve ganas de decir:"Perdónenme, esto es una interpretación artística". A veces la gente olvida de que soy un artista que simplemente quiso contar una historia.

-¿Sospechaba que esto iba a ser así cuando empezó a pensar en filmar esta película?

-Antes de visitar la Argentina no pensaba que esto pudiera ser así. Creía que todo iba a ser más fácil. Desde que vine la primera vez, entendí que podía ser complicado porque aquí la gente tiene una reacción emotiva muy fuerte. Eso fue para mí una sorpresa, pero enseguida entendí cómo eran las cosas.

-¿Podía imaginar la convocatoria del vicepresidente Carlos Ruckauf para que la gente boicotee su film? ¿Algo así sería normal en otro país del mundo?

-No, no podía imaginarlo y jamás vi en ningún lado que un político le diga a la gente que no debe ir a ver tal o cual film. Ninguna democracia debe temer al arte. En una sociedad libre no se le debe decir a la gente que haga algo que no quiere hacer.Lo que más me enoja del vicepresidente es que ni siquiera vio la película. Que hable sin haber ido a verla me resulta particularmente irritante. Como artista, tengo derecho a hacer mi obra y la gente tiene derecho a opinar por sí misma sobre el arte -las películas o lo que sea- sin que ningún político le diga lo que tiene que pensar. Pero lo que me resulta más raro es que el presidente Menem me había enviado una carta de felicitación por haber ganado el Globo de Oro y que el viernes pasado yo había hablado por teléfono con Alberto Kohan y él me deseó buena suerte con la película. Que de pronto el vicepresidente hiciera las declaraciones que hizo me sorprendió muchísimo. Pero tengo la impresión de que a este cabellero los argentinos no lo toman muy en serio. Por otro lado, la gran confusión cuando se dice que no quieren que Alan Parker se lleve el dinero de los argentinos, es que desconocen que yo no gano más o menos según la cantidad de gente que vaya al cine. Mi interés en que la película tenga éxito de público no pasa por el dinero -que no va a parar a mi bolsillo- sino por el hecho de que soy un cineasta y por lo tanto quiero que mi obra sea vista por toda la gente que sea posible.

-En varias de sus películas se muestra preocupado por la justicia y los derechos humanos. ¿Cree que el cine sirve para cambiar el mundo?

-Creo que es importante. Una sola película no va a cambiar el mundo, ni tampoco creo que sólo valga la pena hacer cine político, pero considero que es necesario que existan ciertos films con contenido político. El cine es un medio comunicación muy poderoso. Se podría argumentar en contra de esto, diciendo que el gran medio de comunicación de estos tiempos es la televisión. Sin embargo, el cine conserva un gran poder dado por el hecho de que aún cuando intente dar un determinado mensaje, también apunta a entretener y eso lo vuelve muy efectivo en su llegada al público. El cine, a diferencia de una conferencia política, por ejemplo, no es dogmático y es fácil sentarse en una butaca y dejar que todo suceda.

-¿Cuál es su objetivo como realizador respecto del público?

-Desde el punto de vista intelectual, utilizar la palabra "entretener" está mal visto. Pero yo quiero entretener al público en el sentido de no aburrirlo ni adoctrinarlo. Haga lo que haga, tengo en claro que en el cine debe tener algún elemento que apunte a entretener. Por otro lado, tampoco quiero quedarme sólo con eso: intento poner algo más sustancial en mis films. Pero no me gusta ser demasiado pretencioso en ese sentido porque tengo en claro que para poder hacer lo que yo hago, se necesitan grandes sumas de dinero que alguien tiene que darme. Para que yo pueda crear y ejercitar el arte, necesito gente dispuesta a invertir su dinero en eso. Tengo en claro que esa gente no lo hace porque esté interesada en mi arte sino en hacer negocio. Para ellos, el cine es un lugar donde invertir su dinero y lo más inteligente que podemos hacer los directores es tomar ese dinero, devolverles lo que les corresponde por haber invertido en la película, y conservar el control de nuestro arte.

-¿Fue fácil para usted mantener el control absoluto sobre su película al trabajar con una superestrella como Madonna?

-Madonna es muy fuerte y muy inteligente, y desde el principio se dio cuenta de que esta era mi película. Fue muy respetuosa. Eso no implica que no diera su opinión, pero el acuerdo fue tácito:este es un film de Alan Parker. El único que tenía la película en la cabeza era yo. Ella se limitaba a concentrarse en lo que tenía que hacer. Respecto de la figura de Eva Perón, ella tenía una visión mucho más positiva que la mía. Me parece bien: para poder hacer el personaje Madonna necesitaba tener una actitud positiva respecto de la Eva Perón de carne y hueso. Yo, en cambio, tenía que tener una visión más amplia y por lo tanto debía conservar mi capacidad crítica frente al personaje histórico.

-Usted dijo que intentó hacer una película elquilibrada. ¿Cómo se conjuga la pasión por filmar una historia con la mesura que implica esa búsqueda de equilibrio?

-Creo que la pasión no significa necesariamente subjetividad. En este caso, lo que hice fue apasionarme por cada uno de los personajes y como todos ellos tienen distintos puntos de vista, el equilibrio se va armando.

-Según sus propias declaraciones, "hay cosas más importantes que el Oscar". ¿Cuáles son esas cosas en su vida profesional?

-Los Oscar son muy buenos para satisfacer nuestra vanidad. El que dice que no se interesa por ellos, miente. Yo me desilusioné mucho cuando se conocieron las candidaturas. Conseguimos cinco nominaciones y como director creo que eso es bueno porque en última instancia se trata de mi película y por lo tanto yo tuve algo que ver en todos esos rubros en los que el film está nominado. Desde el punto de vista comercial, los Oscar resultan útiles para la película. Si uno fuera un purista, debería decir que el gran arte no tiene que entrar en competición y que no es cuestión de convertir al cine en una suerte de olimpíada. Pero son pocos los que opinan así. Yo no rechazo los premios ni la competición. Mis películas han conseguido 21 nominaciones. Sin embargo, hay cosas que me intersan más. El gran logro para mí es que poder mantener el control de mi obra a pesar de trabajar en relación con la gran maquinaria del cine americano. Hay alguna gente a la que le gustan mis películas y otra que las critica duramente. Pero yo tengo un gran orgullo: nunca nadie me hizo hacer algo que yo no quisiera. Si una película mía fracasa, soy el único culpable. Lo más valioso para mí es ser libre como artista a pesar de trabajar en una industria comercial muy difícil.

En Internet, Evita viaja a las estrellas

Popularidad: entre las 2720 direcciones que existen en la red, hay una en la que el señor Spock se encuentra con Eva Perón.

Londres.- La carismática figura de Eva Duarte de Perón inundó el ciberespacio con más de 2720 direcciones en la superautopista informática de la red Internet. "Evita" aparece en la red informática a raíz del aparato de difusión elaborado por los ejecutivos del controvertido film de Alan Parker, "Evita, el musical". El fenómeno, sin embargo, sobrepasa los límites de la película hollywoodense.

Cualquier ser humano con acceso a Internet puede unirse a la banca de datos sobre la vida de Evita con el simple hecho de conectarse con: http:/www.evita-requestmlvc.org.

Si el usuario es adepto a las conversaciones, puede unirse en un instante al "foro de discusión" sobre la vida de la ex-primera dama argentina, cuya dirección cibernética es http://www.beseen.com/chat/accounts/chat/1719.html y en donde se pueden intercambiar opiniones On-Line con usuarios en cualquier parte del mundo.

"The Evita experience" es una mega home-page elaborada en Hollywood, bajo la dirección http://www.geocities.com/Hollywood/5967/index.html. Allí se pueden encontrar desde vericueticas comparaciones "entre la infancia de Madonna y la de Eva Perón", hasta el texto de la carta que la actriz norteamericana le habría enviado al director Alan Parker explicando las razones por las que ella era la persona indicada para desarrollar el papel principal.

Como para que no queden dudas sobre el perfecto trabajo de marketing con el que cuenta el musical escrito por Tim Rice y sus efectos hollywoodenses, es posible acceder vía Internet a un encuentro jamás imaginado por los políticos argentinos: "Star Trek conoce a Evita".

Así se titula el site que alberga un clip en donde el señor Spock (de la célebre serie Viaje a las Estrellas) viaja en el tiempo hasta 1944 sólo para conocer a Eva Duarte de Perón, en la Argentina (www.creativehollywood.com/newton/ie/frontpage.htm)

Segundos de gloria para los argentinos

Desilusión: los actores argentinos de "Evita" filmaron mucho, pero, en realidad, aparecieron poco; aquí hablan de ello.

Largas jornadas de rodaje al sol, reiteraciones de tomas hasta agotar el espíritu, y sobre todo, grandes expectativas por ver inmortalizado en el celuloide el fruto del trabajo. Este proceso vivieron, con diferencias de matices, los actores argentinos de "Evita", el film de Alan Parker.

Vando Villamil, Marcelo Auchelli, Débora Vidret, Katrine Bicuart, Victoria Sus, Lidia Catalano, Alberto Leonelli, Alfredo Martín, Marcos Woinski, Mara Bestelli, Elvira Martín, son apenas un puñado de los nombres locales en la controvertida película de Parker.

Consultados por La Nación, coincidieron en que los fugaces segundos que permanecen en pantalla no se compadecen con las extensas horas de rodaje.

Algunos de ellos lograron burlar las afiladas tijeras, aunque no tanto como para lograr que el espectador retenga sus rostros.

Un dato curioso: no todos aparecen en los créditos. Una anécdota dibuja a las claras la relación de fuerzas entre la meca del cine y el aporte argentino en la película de Parker.

Al parecer Katrine Bicuart, hija de Ana Braun, la traductora del presidente Carlos Menem, quien también ofició de intérprete para Alan Parker, no consiguió que los productores estamparan su nombre en letras negras.

Vando Villamil, en el papel del sindicalista Cipriano Reyes, tiene uno de los papeles más relevantes, al igual que Victoria Sus, en el personaje de Juana Ibarguren, madre de Evita. Con su tono pausado, el actor admitió que sus partes aparecieron muy cortadas en el film. "Muchos planos finalmente no quedaron. Esta película tiene mucha factura. Yo espero que sirva para fomentar más nuestro cine y producir nuestra propia versión histórica".

Privilegio de pertenecer

Victoria Sus expresó sentirse absolutamente conforme con el resultado de su trabajo. "El que sabe algo de Hollywood -dijo- conoce que los primerísimos planos son exclusivamente para los protagonistas. Para mí fue un honor trabajar en este film" Alberto Leonelli jugaba una escena con Jonathan Pryce."Trabajé cuatro días, a razón de cinco horas por día. Para mí fue una experiencia espectacular y la película me gustó".

Débora Vidret, cuyo personaje es el de una alternadora que conoce a Evita en un bar, aparece en un digno segundo plano en la escena. "Me gustó "Evita" aunque hay cosas muy desdibujadas. Estuve muchas horas en el rodaje y mi parte fue muy pequeña".

Marcos Woinski, cuerpo y alma del diputado Ernesto Sanmartino, afirma que "lo que se ve en el film se compadece con mi trabajo. Me gustó mucho "Evita", porque me fascinan los musicales. Para los 30 segundos de gloria invirtió más de seis horas de trabajo.

Lidia Catalano, la malvada Estela Grisolía que impide el ingreso de Evita en el velatorio de su padre, rodó 60 tomas de su única escena, 30 de las cuales las hizo en inglés. Aparece unos segundos.

Marcelo Auchelli, el fotógrafo de Evita, hizo una de las tomas en las que aparece cerca de 17 veces con distintas variantes, a requerimiento de Parker. "Lo que queda en pantalla es mínimo, pero estoy muy conforme y la película me gustó".

Una de las escenas que Parker decidió eliminar del film fue la del baile premortem de la protagonista con todos sus amantes. Los hombres aparecían desde la niebla en una suerte de sueño final. Sólo Madonna y Antonio Banderas juegan esta toma.

Con 60 millones de dólares invertidos y 120 millones recaudados, nombres más o menos, "Evita" seguirá dando miga para el debate durante un largo tiempo.

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