Con más de 120 mil personas, la decimotercera edición del festival cordobés tuvo convocatoria récord; un encendido show de Viejas Locas, la reunión de Serú Girán y la presentación de Ricardo Iorio con Almafuerte fueron las principales atracciones
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El domingo por la noche, la segunda jornada del Cosquín Rock rompía record de convocatoria con más de 50 mil personas sobre el Aeródromo de Santa María de Punilla y Pity Álvarez parecía dispuesto a defender su buen historial sobre las sierras. Aunque con una remendada versión de Viejas Locas tras la reciente partida de Sergio y Fachi (guitarra y bajo respectivamente), y un poderoso show de Catupecu Machu como preámbulo, Álvarez tomó por asalto el escenario principal y volvió a ofrecer -como en la edición 2012- uno de los mejores momentos del festival. Sonaron de entrada "638", "Adrenalina"y "Me gustas mucho" y Pity no esperó demasiado en disipar la polémica reconfiguración de su banda. "Dos chicos decidieron dejar el grupo. Yo no me voy a hacer cargo de Viejas Locas, vamos a abrir cabezas", dijo para después ofrecer un show encendido en manos de una big-band algo inestable y en proceso de asentamiento que, sin embargo, el cantante logró comandar con energía y gracia. "Hermanos de sangre", "Homero", "Perra" y "Una piba como vos" sellaron el cierre y demostraron que, cuando Pity puede, lo hace como pocos.
A varios metros de distancia, y sobre la otra punta del predio, Ricardo Iorio se ponía al frente del escenario heavy con Almafuerte y, ante una marea de veneradores, se frotaba las manos y jugaba a ser él. "Gracias por arrimarse al escenario de los pobres. Allá están los ricos, nos hicieron un espacio para no dejarnos afuera", dijo señalando las luces a la distancia del escenario principal. Pero eso fue sólo un juego, porque la patria de Iorio parece diseñada para combatir desde los márgenes. Entre versiones de "Pa'l recuerdo", "La máquina de pisar carne" y "Patria al hombro", Almafuerte se lució sobre las cuerdas del Tano Marciello, el cebador nato de este tractor a sangre, y volvió a comulgar con un público fiel que encuentra en Iorio un héroe despojado, un tipo que es capaz de frenarlo todo para decirle a su gente "que ustedes no son ni negros ni grasas, ya se están pareciendo a la hinchada de Racing" o aclarar que "lo más grande del heavy nacional todavía no llegó. Eso es para ustedes, muchachitos". Un profeta que a pesar de su bravura y rigidez, como lo canta en "Debés saberlo", siempre ofrece un mensaje de amor: "Si no hay amor se pierde siempre", rugió bajo un apacible cielo de estrellas.
El día anterior, en la jornada inaugural del festival, el olor a reunión cumbre fue total. Con shows de Pedro Aznar, David Lebón y una impecable presentación de Fito Paéz, el arribo de Charly García sobre el cierre de la noche, bordeando la madrugada, fue una de las maniobras que más expectativas generó entre el público. Con un show algo dispar entre serios problemas de sonido y desajustes de la banda, García abortó las especulaciones sobre el final de su set, después de tantas coincidencias en la grilla. "Lamentablemente se murió Moro, sino esta noche estábamos todos... ¡porque va a tocar Serú Girán!", dijo para abrirle paso a sus ex compañeros y ensayar la primera reunión de la banda -ahora con Toño Silva en batería- desde aquel River de 1992. Versiones de "Perro andaluz" y "Seminare" fueron una postal meramente anecdótica, pero que despierta el interrogante: ¿habrá reunión formal?
Entre un hangar con bandas independientes de Córdoba, una carpa reagge con DJ sets invitados y varios shows diarios de Fuerza Bruta, las postales del Cosquín Rock -donde cada año se checkea el pulso del rock mainstream argentino y se evidencia lo difícil que resulta sorprender con las propuestas-, son totales. Ciro Pertusi como reggae-man cantando "Three Little Birds" junto a Nonpalidece en el homenaje a Bob Marley, el Negro García López como invitado todoterreno tocando con casi todos, el "No a la trata" como bandera compartida por unanimidad entre los músicos (Susana Trimarco estuvo presente durante todo el festival) y hasta el casamiento de una pareja cordobesa flechados por el amor en este mismo predio, son colores de un evento que se afianza como espectáculo de entretenimiento, cada vez más cercano a algunas propuestas europeas (ahora hay vuelta al mundo y patio cervecero), acercando al interior del país un amplio resumen de shows con más de 100 bandas divididas entre los tres días.
En la última jornada, el cierre del festival apeló a la fiesta con Kapanga y Molotov, y al ritual de banderas con Las Pastillas del Abuelo. Babasónicos volvió a lucir su practicidad y oficio para sostener shows de festival e Illya Kuryaki se cargó uno de los mejores momentos sobre la resaca del lunes con un listado aleatorio que repasó clásicos ("Chaco", "Jaguar house", "Abarajame",) y también el presente ("Ula ula", "Madafaka" junto a los Molotov). Sin embargo, la captura principal apareció con "Águila amarilla", ese lapso mutante y sofisticado en memoria de Luis Alberto Spinetta que, una vez más -y como sucedió varias veces durante el fin de semana-, volvió a sobrevolar las sierras. Cuando Dante se paró sobre una tarima y vomitó ese sólo sentido, épico y volador, como si estuviera soltándose del suelo, padre e hijo volvieron a fundirse. Y muchos estuvieron ahí para verlo.
Por Juan Barberis
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