El líder de Queens of the Stone Age habla sobre el proceso de grabación de ...Like Clockwork, cuenta por qué terminó con Kyuss y más
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Josh homme está en uno de sus rarísimos momentos de descanso, anda de visita por su terruño en Palm Desert y tiene hambre. De modo que ni lo duda y va en busca de un plato de huevos con panceta a The Country Kitchen, un comedero de cubiertos desiguales y sillas rengas al costado de la ruta, atendido por una vietnamita que lo recibe con un saludo atípico: "¿Qué hacés acá, boludo?". "No es que quiera que no me traten como una estrella: es que soy un boludo y necesito que me lo digan", explica el tipo que formó una banda con el baterista de Nirvana y el bajista de Led Zeppelin. La realidad ante todo.
El colorado acaba de editar ...Like Clockwork con Queens of the Stone Age, el equipo de sus amores, reforzado por nombres como Dave Grohl, Mark Lanegan y Trent Reznor (lógicos) y Jake Shears, de Scissor Sisters, y Elton John (no tanto). "La idea es yuxtaponer artísticamente a alguien, mezclar sabores y ver qué queda", dice sobre su tendencia a rodearse de bestias surtidas y seguir sonando como siempre. Porque así es como funciona el universo Homme: digitado por un titiritero que primero necesita tener la certeza de estar en eje (de ahí su apego a las camareras insolentes) para luego entregarse a una fuerza superior. "Siempre me paro a pensar en qué quiero hacer antes de empezar, y nunca sale de la manera que lo pienso. Quería hacer un disco pesado de rock & roll con el que la gente pudiera bailar, pero la música me dijo qué hacer. Y pensé: «Bueno, la música me dice que vaya para acá», y terminamos diciendo: «Oh mierda, ¿dónde carajo estamos?»".
Estamos en un disco tan denso como sexy, con una pincelada beatle dada por algunos pianos tintineantes y guitarras con wah-wah ("No lo hicimos a propósito, pero te lo tengo que aceptar"), con la identidad desértica ilesa pero a la vez una vocación de desafío al oyente que a Homme le sale porque... le sale. "La gente quiere algún tipo de reversión de sus cosas favoritas", dice. "Ojalá pudiera hacer «No One Knows Part 2», pero yo nunca dije que fuéramos a hacer eso. Nunca hicimos un disco igual al anterior, y este definitivamente no es la excepción." Así que podrá tener un baladista soft-rock y un huracán tecno en los créditos, pero ...Like Clockwork es cualquier cosa menos un disco predecible: "Ninguna canción es igual a otra. Cada tema es un estudio sobre cómo salir de un agujero negro y profundo, preguntándote si vas a poder. No es como una película hollywoodense que termina con un «te amo, todo funcionó, esto es maravilloso». Esto es mi sangre y tu sangre, ahí."
Dice Homme que hubo "éxtasis y agonía" en la génesis del disco. Que a cada tormenta le siguió un rapto de gloria. El cambio de baterista lo demuestra: de un día para otro, se fue Joey Castillo y lo reemplazó Grohl, quien ya había ocupado el banquito en Songs for the Deaf (2002) y que venía de tocar con Homme (y con John Paul Jones) en el supergrupo Them Crooked Vultures. "Así fue este álbum: perdemos al baterista que tuvimos por diez años... ¡y viene a tocar Dave! A algo difícil lo sigue algo mágico: eso pasó todo el tiempo", dice. "Fue como si alguien te pegara un golpe y te sacara un diente, y después te pusieran uno de platino."
Más allá de que es un músico impresionante, ¿por qué siempre volvés a Grohl?
Lo conozco desde que tenía 19 años, nos entendemos y podemos ser honestos el uno con el otro. A veces no sabés en quién confiar o a quién escuchar, así que poder contar con Dave es un alivio. Y además es alguien con quien me puedo comunicar musicalmente muy rápido.
Ahora, a los 43 años, Homme asegura que "adonde se supone que no vayamos, para ahí quiero ir". Pero, para poder avanzar, primero tuvo que dejar morir a Kyuss, la banda en la que tocó entre los 14 y los 21, y con la que en los 90 le puso el rótulo de "stoner rock" a la reencarnación psicodélica del metal riffero de Black Sabbath. "Hasta que terminamos, me rehusaba a escuchar cualquier cosa que no fuera Black Flag, The Misfits y Exploited", dice. "Pero sobre el final empecé a escuchar Lust for Life, de Iggy Pop, y te puedo decir que fue una de las principales razones por las que dejé Kyuss. Pensé: «A la mierda, man: eso es lo que quiero decir, y alguien ya lo dijo mejor»." Envalentonado por la demencia de la Iguana, Homme deshizo el grupo pero convocó a sus compañeros para su nuevo proyecto, que tras un par de años y algún ajuste se convertiría en Queens of the Stone Age. "Lo que hice fue romper las reglas que tenía Kyuss. Y tenía muchas, porque esas reglas creaban un sonido. Y nuestro sonido no era parecido al de nadie más. Empezamos cuando yo tenía 14 años, pero de repente tenía 21 y mi mente había cambiado; ya no quería tocar una sola cosa: quería tocar cualquier cosa menos eso. Por eso Queens es el opuesto exacto de Kyuss, aunque empezó con la misma gente. Mi objetivo es tocar cualquier tipo de música, pero siempre a través de un mismo filtro. Así que puedo tocar lo que quiera, y nunca voy a estar arrinconado otra vez".
De modo que a ...Like Clockwork lo inspiró la libertad, pero también lo condicionó una muerte: la de Josh Homme. En 2010, una serie de complicaciones en una cirugía de rodilla le provocó una asfixia que le paró el corazón unos segundos. Y lo que siguió fueron tres meses de cama y un renacer con la decisión de abrazar lo sano. "Hay dos burbujas", explica. "Está esa en la que están todos los demás, y está la burbuja en la que estamos nosotros. Y las dos burbujas no deben estallarse mutuamente. Está bueno que alguien en el público piense: «Carajo, qué bueno que está esto». O que esté pasando por algo difícil y la música lo salve. Así que nunca me vas a escuchar quejándome".
¿Te cuesta ver qué es real y qué no en esa burbuja?
No, la verdad es que no tengo tantos "amigos del campeón" para distraerme. Tengo mis amigos, que son pocos, pero... ¿cuántos necesitás? Cuando alguien no te conoce y te ama o te odia, es impresionante. Todo esto es alucinante. Salís al escenario y explota todo. Pero igual después tenés que volver a casa y lavar los platos.
Por Diego Mancusi
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