
Los actores y el compromiso
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El director Juan Carlos Desanzo se le acercó a Víctor Laplace para decirle: "Vas a ser el mejor Perón". El actor no le creyó. "Estás loco", le retrucó. Sin embargo, sin demasiadas certezas se largó a la aventura: engordó diez kilos y se sometió a una transformación estética, gracias a horas de maquillaje y peinado. Cuando estuvo frente al espejo, se dijo: "¿Por qué no?". Desde ese día, cuando se lo ve a Laplace se hace imposible no asociarlo con el personaje.
Sin embargo, a diferencia de su colega, la actriz Nacha Guevara, que compuso a Eva en el musical del mismo nombre, al director de La mina no le ofrecieron jamás un cargo político o una candidatura. "Saben que hago más cosas desde el arte que desde la política", dice a LA NACION.
Hay una realidad de la que no pueden escapar los actores que encarnan a líderes políticos: el público, de una u otra forma, asume que los intérpretes seguirán defendiendo las banderas que izaron sus personajes. Este es el caso de Sean Penn, que se puso al frente de la defensa del matrimonio entre personas del mismo sexo, después de encarnar al activista gay Harvey Milk.
Pero las cosas no le salieron demasiado bien. En un artículo aparecido en diciembre del año pasado en el sitio gay advocate.com , lo acusaron de hipócrita al defender los derechos de las minorías cuando, al mismo tiempo, avalaba los regímenes del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y del líder cubano Raúl Castro. "Penn desacredita los derechos de los gays al racionalizar ideologías antiliberales y antiimperalistas", se lee en la nota.






