Los Amados celebran sus 30 años con su estética kitsch romántica intacta

El grupo de teatro musical, en un nuevo show, en el 25 de Mayo
Los Amados
Los Amados Fuente: LA NACION
El grupo de teatro musical, en un nuevo show, en el 25 de Mayo
Leni González
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27 de febrero de 2019  

Un saco azul cruzado, solapa ancha y bien entallado, fue la inspiración. Estaba colgado en el baño del monoambiente que Alejandro Viola y dos amigos, los tres estudiantes de Comunicación Social, alquilaron como oficina. En esa percha, hace 30 años, estuvo el germen de Los Amados.

"Abrimos una 'boutique publicitaria'. El dueño del lugar vendía publicidad y nos alucinaba imaginar que para trabajar se ponía ese blazer espantoso. Cuando una amiga de la Universidad de Lomas de Zamora, nos pidió que para su cumpleaños hiciéramos algo divertido, surgió darle una serenata. El saco nos disparó al jopo que se armaba mi viejo, el bigotito, un bongó, trajes de feria americana, un cassette que alguno tenía en su casa del trío Los Panchos", cuenta, otra vez Viola, aquella fundación mítica en un patio de Banfield. Todavía el revival romántico con Luis Miguel no había nacido y los boleros eran un almíbar vencido asociado a la novela de la tarde. Pero el universo descastado del arte y el buen gusto estaba en su momento de revancha, amparado por el paraguas cultural del kitsch y el camp: la teatralidad, el artificio, la exageración, la mentira, porqué no, como revelación de la verdad.

"En ese cumpleaños, en 1989, año de la Tablada, de Alfonsín y la hiper, nos juntábamos estudiantes de periodismo y diseño pero que también hacíamos teatro, danza, música. Uno era Nelson Valente, el de El loco y la camisa, mucha gente. Y como ese show improvisado resultó, se rieron mucho, nos pidieron repetir: 'Che, esto háganlo en serio'. Al otro día estábamos ensayando con más músicos. Nos inventamos la historia de un trío competidor de Los Panchos, siempre de gira. En realidad, salvo esa primera vez, nunca fuimos un trío", dice Viola que festeja aniversario y éxitos rutilantes en el teatro 25 de Mayo con equipo integrado por algunos históricos y otros más recientes: Carolina Alberdi, "Aroma", en piano y acordeón; Fernando Costa, "Pocholo Santamaría", percusión; Rubén Rodríguez, "Mambo Méndez", percusión y voz; Oscar Durán, "Don Cristino Alberó", guitarra; el peruano Wilson Ortiz, sin necesidad de apelativo, bajo; Matías Bahillo, "Ángel y su trompeta"; Esteban Freydier, "Cascarilla Gutiérrez", saxo; y la voz de Laura Montini que reemplazó hace cuatro años a Dolores Ocampo.

"A Laura la conocí cuando hicimos Los locos Addams, estuvo en Sunset Boulevard, es una grossa del teatro musical. Ella es la mexicana Soberbia Hidalgo, que emula a María Felix. Otros, muy recordados, siguieron sus carreras por rutas diferentes: Lisandro Fiks, Analía 'Raquelita' Rosenberg, la productora Georgina Rey, tarea que realiza hoy Carolina Sánchez. Algunos están desde principios de los noventa como Aroma, Pocholo y Don Alberó", dice.

Las anécdotas son muchas. El Chino afiebró a algunas señoras que llamaron a su casa. "Menos mal que mi mujer, con quien estoy casado 27 años, es muy moderna y comprendió. Se enamoran del personaje, de esa intensidad, supongo. Y era gente conocida", dice el caballero, sin revelar sus nombres.

A Costa, hace años, después de un show en el museo de Arte Moderno, lo interceptó una señora de la fundación amigos del museo, con deseos de felicitarlos por el maquillaje: "Quiero verlos sin las narices", dijo hasta que se quedó delante mío pidiendo disculpas. 'No estamos tan producidos, señora', le dije".

El primer embarazo de Carolina Alberdi fue vivido mes a mes. Con el trajecito muy ajustado, a reventar, fueron al programa de Juan Carlos Mareco. "Me decía 'qué inflada que estás' y los demás se reían. Temían que lo tuviera ahí mismo. Mi familia se enteró por la tele porque no lo había contado. Cuando nació, se dormía con un bolero", dice Aroma, la pianista muda a quien suele acompañarla otra confusión: "Muchos preguntan si soy una travesti". Y Don Cristino fue muy bien recibido por la actriz Cristina Alberó cuando los vio en el Maipo. Los invitó a su casa a cantar boleros. Nunca, todavía, fueron.

Después de presentarse en reuniones familiares, la primera vez en un escenario fue para la segunda Bienal de Arte Joven 1991. Quedaron seleccionados en el rubro Varieté, ya que se habían propuesto para el genérico Teatro. Pero en el espacio asignado no había equipo suficiente para una banda. Entonces, los mandaron al escenario externo que tenía mejor sonido porque estaba preparado para conciertos: "Fuimos a ver a Lalo Mir a la radio, que lo adorábamos, y le pedimos ayuda y se enganchó con presentarnos como un grupo latinoamericano de canción romántica. La gente empezó a preguntar quiénes eran esos tipos. Y la función se llenó. Ahí nomás, nos salió Cemento, la misma noche que Los Twist y Los auténticos decadentes. La gente nos gritaba 'bien, Pipo, genio', creyeron todo el tiempo que éramos los Twist disfrazados", cuenta, sin olvidar mencionar que la creadora del vestuario es Cristina Villamor que ya no trabaja con ellos. "No hay presupuesto para cambiar mucho. Pero ella es muy amiga, un puntal muy importante, yo le tiraba una idea y ella la transformaba. Pasamos del under a escenarios grandes que requerían otro tipo de puesta".

-¿Cómo cambiaron Los Amados según pasan los años y la idea del amor fue mutando?

La evolución de Los Amados está asociada a mi carrera en Comunicación. En ese momento, estaba estudiando géneros discursivos, con una bibliografía muy crítica y apasionante de los medios de información y ficción. Por esos años, aparece Almodóvar. Esa estética kitsch no es azarosa, tiene un porqué y ese análisis, esa precisión en cada objeto elegido me parecía muy importante. También, quería entender qué idea tenía la gente del amor romántico, si solo era sufrimiento como pasa en los melodramas y en los boleros de separación. Nunca había risas.

-Buscaste ponerle humor...

-Sí porque una pareja que se pelea y le pasa de todo durante cien capítulos, cuando al final se unen no les puede ir bien. Busquemos el romanticismo con sorpresas, con humor para poder decir eso que queremos decir y no nos sale. Dejemos la idea trágica del amor y estemos atentos a darle vida.

-¿Y el Chino Amado apunta a esa atención?

-Siempre lo hizo. Cuando les pregunta a las parejas, eso sale, por más ridículo que sea el personaje. Las mujeres son más sinceras mientras los hombres miran para otro lado. Enterate de que el mundo cambió, ya no es 'me la gané' y listo, ahora descanso. Si no te salen las palabras, jugá.

-¿Qué es el amor?

-Nosotros contamos lo que nos pasa casi primitivamente, creo que a todos y en todas partes, cuando nos sentimos enamorados. Enamorarse de él o de ella, da igual, es el amor. Quien no se arreglaba nunca, empieza a fijarse qué le queda bien, no sé, esos detalles que toman importancia y que antes parecían ridículos. Algo de ese tipo pasa. Los Amados es la hipérbole de esos detalles, todo eso que "los estudios" dicen que dura solo dos años pero exagerado.

Antes de salir de gira, la fiesta de Los Amados es sábados y domingos hasta el 17 de marzo en Villa Urquiza, con sus boleros, congas, chachachás y merengues, temas de repertorio y algunas sorpresas: un video con algo de su historia, desde el saco azul en un lejano patio hasta hoy, pasando por el programa de Susana Giménez; en el hall, antes o después, quienes quieran podrán acicalarse con vestuario del grupo para una fotografía; en la sala, bailar y cantar y si lo desean, como la última noche, pedir la mano de su amor acompañado de serenatas.

30 años. Rutilantes éxitos.

2, 3, 9, 10, 16, 17 de marzo, a las 20.

Centro Cultural 25 de Mayo, Triunvirato 4444. Desde $ 250.

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