
Ellos se ponene locos, se enojan. Pero lo manejan bien: no toman alcohol en el ómnibus de gira... y no putean en su disco.
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-Me encanta cuando el publico corea los temas -dice Chester Bennington, cantante de Linkin Park, en el backstage-. Cuando los escucho tengo las erecciones más grandes. Eso quiere decir que cada noche la tengo parada una hora entera.
Lo mira al bajista Phoenix, como pidiéndole disculpas:
-La otra noche le pegué a tu bajo con mi pija. Todavía tengo el moretón.
La última vez que Linkin Park tocó aquí en Columbus, Ohio, hace tan sólo un par de meses, fue la primera banda en salir a escena; Papa Roach estaba en el camarín más grande, Hed (p.e.) en el chiquito, y Linkin Park tuvo que arreglárselas boludeando por ahí. Pero eso fue antes de que la banda de rap-metal de Los Angeles se hiciese famosa en todos los Estados Unidos con su álbum debut Hybrid Theory; antes de que la radio y la mtv transformaran "One Step Closer" en un himno teen-angst [angustia adolescente]. Esta noche es Linkin Park la banda que los chicos quieren ver, y el camarín grande, escaleras arriba, es todo para ellos.
-Es surrealista -admite Bennington-. Es como si en cualquier momento me fuese a despertar del sueño más largo que haya tenido.
Linkin Park pudo haberse diseñado en un laboratorio como la banda perfecta de rap-metal de comienzos de milenio: las letras cargadas de furia, la guitarra que te parte la cabeza, la sección rítmica que parece estar a cargo de renegados del funk, los scratchings del dj entre verso y verso, los pantalones de skater, los pelos, los tatuajes, el injustificado uso de la letra K. Pero aunque su sonido agresivo los empariente con artistas como Korn y Limp Bizkit, los Linkin Park difícilmente sean el grupo de freaks que vos te imaginás. En cambio, son muchachos sensibles que cantan acerca de la vida secreta de los chicos: luchas de la vida real de gente joven común y corriente, llegando a lo más íntimo de la audiencia con su compasión fraternal. Como Papa Roach e Incubus, Linkin Park se enorgullece de su postura positiva. Detrás de la rabia y la furia de su música, ellos sienten tu dolor.
De hecho, exhiben una actitud positiva hasta extremos impactantes: ni el cantante Bennington ni el rapper Mike Shinoda pronuncian una sola puteada en Hybrid Theory.
-Cuando Mike y yo nos sentamos a escribir las letras -recuerda Bennington- queríamos ser tan abiertos y honestos como pudiéramos. Queríamos algo con lo que la gente pudiese conectarse, no sólo vulgaridad y violencia. No pretendimos que el hecho de no putear nos sirviera de publicidad; nosotros no tenemos que justificarnos para mostrar lo duros que podemos ser.
-Al principio fue atemorizante, cuando empezamos a escribir lo que sentíamos -dice Shinoda-. Pero una vez que nos dimos cuenta de que no éramos los únicos que nos sentíamos así, y una vez que vimos que el público lo compartía con nosotros, nos liberamos. Queríamos ser un poco más descriptivos, en lugar de estar todo el tiempo diciendo fuck. Queríamos entrar en detalles.
-Nosotros vamos al trasfondo de la palabra fuck -dice Bennington-. Y ahí cavamos hondo.
Después del show, en vez de hacer bises, Linkin Park se mete entre el público a estrechar manos y firmar autógrafos. Muchas noches ellos pasan más tiempo charlando con los fans que tocando sobre el escenario. Es una gira larga; comenzó en agosto, antes de que saliera el disco, y nadie sabe cuándo va a terminar, aunque hay un plan para tomarse un par de semanas libres el próximo agosto, cuando termine el Ozzfest. Después de seis meses seguidos subidos al micro de gira -que comparten con los técnicos y plomos- los chicos están llenos de sabiduría rutera. Por ejemplo: si te comprás el combo de Big Mac con el filé de pescado aparte, te sale 10 centavos más barato que comprar el combo del filé de pescado con el Big Mac aparte.
-Aspiramos al título de Banda Más Trabajadora de los Estados Unidos -alardea Bennington.
Hoy es el Día de San Valentín y en el backstage de Columbus -en el camarín grande, escaleras arriba- los músicos se pasan los últimos minutos previos al show colgados de sus teléfonos celulares, llamando a sus novias, esposas y padres. Están un poco melancólicos y extrañan sus casas. De la nada, Shinoda comienza a cantar la canción de Stevie Wonder "Sólo llamé para decirte que te amo" y el resto de la banda se le une en coro, descubriendo con horror colectivo que no sólo todos conocen la letra, sino que pueden cantarla en armonía, mientras Bennington alcanza tonos agudísimos. El estado de ánimo, ahora, es otro. Y los muchachos toman por asalto el escenario para brindar su hora de gloria rockera, redondeando los 38 minutos de Hybrid Theory con algunas canciones de su ep debut, que incluye la feroz "High Voltage". La banda salta y el club revienta. "¿Están listos para rockear, hijos de puta?", grita Bennington. Nadie se sorprende de que los hijos de puta estén listos. Después de la última canción, los integrantes de la banda bajan adonde está el público, estrechan manos y se quedan hasta que el último fan se va a su casa.
Linkin Park se formo hace cinco años en Los Angeles, donde Shinoda y el guitarrista Brad Delson, ambos de 23 años, eran amigos desde el colegio. El dj Joseph Hahn -también de 23- conoció a Shinoda cuando los dos estudiaban dibujo en el Art Center College Design de Pasadena. Solían llamarse Hybrid Theory, hasta que otra banda con el mismo nombre amenazó con demandarlos. Eligieron su nuevo título como tributo al Lincoln Park de Santa Mónica, aunque después descubrieron, para su deleite, que prácticamente toda ciudad norteamericana tiene su propio Lincoln Park. Bennington, de 24, se unió hace dos años. El y su esposa acababan de comprar una casa en su ciudad natal, Phoenix, cuando un amigo les recomendó un demo de Linkin Park. Bennington voló a l.a., comenzó a zapar con la banda y nunca más se fue.
Delson, un graduado de la universidad que casi prefirió la abogacía antes que tocar en la banda, es el corazón musical del grupo, y probable- mente la razón principal de que Linkin Park no se pierda en el tumulto de las bandas rap-metal. Sobre el escenario suele usar unos auriculares aparatosos, pero qué es lo que está escuchando es un secreto celosamente guardado ("En realidad estoy escuchando el partido de los Lakers", me confiesa). Sus gustos musicales van desde Santana y Dave Matthews hasta Tricky, dj Shadow y Massive Attack. Hahan, el dj de la banda, también gusta del tecno esotérico y el hip-hop, especialmente Kid Koala, Aphex Twin y Mixmaster Mike; en este momento está enloquecido con el álbum de Deltron 3000. El bajista Phoenix (22) y el baterista Rob Bourdon (21) les dan una fuerza increíble a las canciones. Bourdon -un alma apacible, incluso para el estándar de baterista- es un funk obsesivo que se crió entre los discos de James Brown y Earth, Wind & Fire que tenían sus padres. "Básicamente, me gusta reventar los parches de la batería", admite.
-Cuando empezamos a tocar queríamos hacer algo que no estuviésemos escuchando -comenta Shinoda-. El primer show que vi fue uno de Anthrax y Public Enemy. Ellos hicieron "Bring the Noise" juntos, y yo pensaba: "¡Esto es lo más impresionante que escuché en mi vida!". Todos los integrantes de la banda -y nuestros fans también- se criaron con diferentes estilos de música. Todos están mezclando todo. Cuando escuchás a Redman hacer una canción con Roni Size, o a Busta Rhymes con Ozzy, sabés que algo está pasando.
Por supuesto, en los últimos años las bandas de rap-metal se expandieron como plaga de langostas.
-Hoy el metal es rap-metal -sentencia Shinoda-. El nuevo álbum de OutKast es rap-metal. Tiene unos solos de guitarra increíbles.
Pero la propuesta de Linkin Park es lo suficientemente distinta como para haber congeniado con el público: su primer álbum tuvo un impactante debut en el Número 16 de los rankings y llegó a Disco de Platino con una velocidad pasmosa. Ahora se encuentran lidiando con la vorágine de la fama repentina. Por ejemplo, está el asunto menor de autografiar tetas.
-Yo no firmo las tetas -dice Shinoda-. Es demasiado tétrico, en especial cuando no sabés realmente cuántos años tienen esas chicas. Yo lo hice las primeras veces, porque me lo pidieron, quizá cinco veces antes que me impusiera la política de no firmar más tetas. Pero algunos de los otros chicos…
-Me imagino que llevo firmadas suficientes tetas en mi vida como para haberme saturado de ellas… de firmarlas, quiero decir -se divierte Bennington.
Los muchachos de Linkin Park no comparten los excesos del rock & roll en la ruta; ni siquiera llevan bebidas alcohólicas en el ómnibus.
-Tenemos reglas -dice Shinoda-. Si uno de nosotros quiere fumar o tomar lo debe hacer en el club, no arriba del micro, así la gente que no quiere fumar ni tomar puede compartir el viaje con todos.
Bennington también aclara:
-No somos un manojo de caretas, pero sí tenemos responsabilidades para con nosotros, nuestros familiares y la gente del grupo, y respetamos eso. Si te estás haciendo mierda, deberías estar gastando esa energía conociendo a tus fans. Me encanta recibir cumplidos del servicio de limpie- za de los clubes: "Viejo, gracias por no destruir el lugar, hoy puedo irme a casa temprano".
El vicio de la banda cuando está de gira son los juegos de azar: matan las horas de viaje jugando al blackjack y al póker. Casi siempre ganan los plomos.
-Supongo que dejamos caer las máscaras: no somos grandotes pelotudos que meten miedo -dice Shinoda en un suspiro-. La gente tendría que sentirse cómoda simplemente siendo normal. No hace falta montar una imagen monstruosa para estar en una banda.
Bennington lo interrumpe:
-Yo sí. Todos los días antes de salir a la calle me miro al espejo y repito: "Debo ser un monstruo, debo ser un monstruo".
El vicio privado de Bennington es la ropa. Empezó el tour con quince pares de zapatos, pero la realidad de la vida en la ruta lo obligó a limitarse a sus tres pares favoritos. Después de cada show, no se parece en casi nada al individuo alocado que estuvo cantando sobre el escenario. Se lo escucha precavido y reflexivo mientras habla de su doloroso pasado: durante su infancia fue víctima de abuso sexual y durante su adolescencia fue un adicto a la cocaína.
-Creo que de ahí salen las letras llenas de ira -dice, eligiendo las palabras con cuidado-. Nunca compuse una canción acerca de eso, porque no considero que le importe a la gente. Pero no lo escondo, porque no creo que uno deba estar avergonzado o atemorizado por cómo es, o por cualquier cosa que haya pasado. La vida es buena, man. Podés sentirte como una víctima todo el tiempo, o podés levantar el culo y hacer lo que quieras hacer. Si a los chicos les sirve escucharme porque se identifican, está bien. Pero yo soy un tipo común, ¿sabés? No tengo el traje de un superhéroe debajo de la ropa. Yo cago, meo, tomo alguna copa de más y vomito como todo el mundo.
La siguiente noche, en Pittsburgh, los Linkin Park esperan tener un fin de semana libre, el primero en meses. Después del show tendrían que subirse al micro para llegar al aeropuerto de Newark a las 8 de la mañana, y alcanzar el vuelo a Los Angeles para pasar allá un par de días. El de hoy es uno de esos recitales que demuestran que la banda ha crecido demasiado: los productores están intentando espantar a todos los chicos a las 10 de la noche, para que el club se convierta en un boliche para mayores de 21 años después de las 11. Pero los chicos quieren quedarse a boludear después del show y curtir con la banda; y la banda, también.
Cuando los productores empujan a los jovencitos fuera del club, Linkin Park se va al aeropuerto. Aunque todos saben el horario del vuelo y aunque todos acordaron subirse al micro y arrancar lo antes posible, los músicos todavía están dando vueltas por la vereda, dos horas más tarde, firmando pedazos de entradas, charlando un poco con la gente y congelándose el culo.
Esta noche, Linkin Park es la banda más trabajadora de los Estados Unidos.
Y está dejando que este momento le dure un largo tiempo.
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