
El segundo álbum del grupo de Maxi Prietto convierte el viaje valvular de los 70 en una experiencia mística
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Independiente, 4 estrellas
Solo o en grupo, Maxi Prietto hace rato que planta banderas de identidad en el mapa del rock indie. Los Espíritus es una experiencia colectiva que lidera como un chamán en trance permanente dispuesto a destrabar los esquemas rígidos del viejo blues. Acompañado por un quinteto afinado en la dinámica psicodélica del viaje, la voz de duende reo parece colgarse de los ritmos repetitivos que pueden sumar los ecos infinitos del afro-beat ("La crecida"), u homenajear a Manal con un boogie espacial ("Perro viejo"). Hay un gesto fundacional en el segundo disco de Los Espíritus, un modo que trasciende la mera evocación de los pioneros e impone un cruce de fronteras, porque Gratitud habla en presente del estado de las cosas: "Negro chico" es mucho más crudo y real que "Plegaria para un niño dormido", aquella canción sagrada de Almendra, y "Alto valle" mejora la idea de sugestión para perderse en cualquier valle interior. Distinto, variado y tan embriagante como el humo dulce, lo nuevo del sexteto de La Paternal explica el significado de pertenencia y apropiación de un legado histórico cuando convierte en blues el proto-punk de los 2 Minutos con la magnífica versión de "Pelea callejera".
Por Oscar Jalil
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